Ciudad de México.- Fue un seis de febrero, pero del año 1988, cuando Michael Jordan realizó la clavada más simbólica de su carrera, esa que terminó de catapultarlo a niveles insospechados en la historia de la NBA y que, años más tarde, se convertiría en su insignia e incluso en la imagen alusiva a su símbolo como marca.

Su Majestad enfrentó a Dominique Wilkins en el concurso de clavadas de aquel año durante el Fin de Semana de Estrellas del mejor basquetbol del planeta, en un duelo que hasta hoy se recuerda como de los mejores.

Ese fue el tercer cara a cara entre “Your Airness” y “The Human Highlight Film”, con triunfo para el primero en 1987 y el segundo en 1985, por lo que aquel evento de 1988 decidió al “supremo” de las retacadas.