SAN BUENAVENTURA, COAH.- Familiares y amigos le dieron el ultimo adiós a José Iracheta, “Josesón El Grande”, un hombre que se distinguió por su don de gente y porque siempre se preocupó por no hacer daño a nadie.

Muchas historias y anécdotas quedarán grabadas en la mente de los sambonenses de este singular personaje, entre ellas el hecho de verlo siempre en la plaza principal la que decía que era suya y todo lo que en ella había y dormir en el resquicio de la Biblioteca Pública Nuevo Horizonte porque alegaba que ese era su lugar y nadie lo iba a quitar de ahí.

Su amor por la plaza principal se debía a que cuando era pequeño vivió cerca pero repentinamente su familia vendió la casa y todos se fueron menos él, fue entonces que decidió quedarse ahí en la plaza y por las noches dormir en la puerta de la biblioteca.

Martín Calderón, quien lo conoció ampliamente desde que era pequeño afirmó que Josesón era un niño grande, pensaba como niño y le temía a muchas cosas, entre ellas que la gente se enterara quien fue el que lo atropelló, lo dejó tirado en la puerta del Hospital para que lo atendieran más nunca le dio la cara para responder por él y pagar los daños “es que si les digo quien fue volverá a hacerme daño” les decía, ese secreto se lo llevó a la tumba.

De él no se puede decir nada malo porque no lo hubo, siempre estuvo al pendiente de todos y por lo buena gente que era lo respetaban, incluso cuidaba a los niños aunque no fueran familiares, nunca los dejaba solos.

En la capilla de velación de la Asociación de Jubilados y Pensionados del IMSS acudieron familiares y amigos a acompañar sus restos los que después fueron llevados a misa, el féretro cargado en hombros le dio la vuelta a la plaza principal la que decía que era su casa, donde en medio de ella pusieron el ataúd por espacio de media hora y finalmente fue trasladado al Panteón Municipal del Refugio.