Anécdotas sobre vías

Conozca aquí el relato de Don Manuel y Raúl que dedicaron su vida al ferrocarril

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FRONTERA., COAH.-Los ferrocarriles fueron para muchas personas su espacio, su lugar para crecer, vivir y soñar, en medio del ir y venir de las potentes máquinas de vapor que recorrían el país con jóvenes llenos de sueños, ilusiones y ganas de aprender, las vías su camino y los vagones su forma de vida.

El municipio de Frontera es ampliamente conocido por ser una ciudad rielera, donde la mayor parte de sus habitantes formó o forma parte de las filas de trabajadores de Ferrocarriles Nacionales de México, muchos de ellos por voluntad propia, otros porque sus padres fueron parte de este medio de transporte que en recorrido diario formaba hombres de responsabilidad, fuertes, entregados a su labor, quienes construyeron sus vidas entre las potentes máquinas de acero.

Dos de esos hombres son Manuel Valdés Zúñiga y Raúl Banda de la Rosa, quienes comparten con Periódico La Voz parte de sus historia y la enseñanza que dejó en ellos el trabajar en Ferrocarriles Nacionales de México, empresa en la que la mayor parte de los jóvenes de esa época querían ingresar, ya que el ser ferrocarrilero era para muchos el impulso para salir adelante, tener una mejor situación económica, estudiar, ser hombres de bien y porque no, encontrar el amor y formar una familia, esto mientras sus vidas transcurrían sobre las vías que los llevaron a cientos de lugares forjando su propia historia.

Con 94 años de edad el señor Manuel Valdés relató que fue a los 17 años que inició su labor como Llamador de Tripulación en su natal Ciudad Victoria Tamaulipas, donde obtuvo su primer pago de 86 pesos por hacer lo que lo llenaba de felicidad, ya que a decir de él mismo “El trabajo no es trabajo si se hace por amor, para mí el trabajo era mi diversión y aparte de ello, me pagaban por hacer lo que me gustaba”.

Con una sonrisa amable dibujada en el rostro, Don Manuel, quien es ampliamente conocido en el municipio por ser el ferrocarrilero más longevo, relató que después de ser por nueve años llamador de tripulación,  logró su acenso a garrotero de caminos en la corrida México-Monterrey, cargo que le permitió aplicar para puestos de más rango, logrando ser en poco tiempo conductor de trenes en Monterrey, para después llegar a la muy solicitada División en Frontera Coahuila, considerada una de las mejores pagadas en 1956.

Con dificultad continua su relato y esbozando una gran sonrisa Don Manuel explica que, al llegar a la división Frontera, comienza a prestar sus servicios como conductor del famoso “Tren Coahuilense”, el cual era una máquina muy elegante, que él mismo estrenó como conductor.

“Las chamacas iban como reinas en ese tren, tenían que traer su cobertorcito a cuestas y un suéter, se les brindaba muy buena atención y yo tuve el placer de conducirlo por mucho tiempo”.

De las anécdotas que Don Manuel más recuerda, está cuando un joven visiblemente agraviado le pidió de favor que trasladara a su madre que acababa de fallecer, de Químicas del Rey al municipio de Frontera, lo cual estaba muy penado por la ley, pero su gran corazón lo llevó a romper las reglas por única vez en sus 49 años de servicio y ayudó a trasladar como si fuera mudanza el cuerpo de la madre de aquel joven que se lo solicitó.

Otra de las veces que Don Manuel ayudó a una persona, fue cuando un trío de jovencitas de buenas familia, tenían que llegar al municipio de Cuatro Ciénagas donde estudiaban en un internado, sin embargo al quedarse platicando en la estación de ferrocarril, perdieron la salida hacia el destino antes mencionado, por lo cual temerosas le pidieron al entonces conductor del tren decir una “mentirita blanca” para sacarlas del problema.

Relata que al llegar al municipio de Cuatro Ciénagas descendió de la potente locomotora un momento y haciéndose pasar por tío del trío de jovencitas dialogó con la Directora para que las dejaran ingresar al plantel.

Entre rizas asegura que le pidió de favor a la Directora que dejara entrar a su sobrina y sus compañeras al internado, ya que él al ser un importante conductor de trenes, se había retrasado, provocando que las estudiantes no llegaran a tiempo.

“La Directora de aquel entonces era muy recta, pero al ver que yo era un conductor de ferrocarril les permitió el ingreso a las chamacas y yo regresé contento de haberlas podido ayudar”.

No solo eran alegrías en los largos recorridos del ferrocarril, pues asegura vio morir a muchos de sus compañeros no solo en accidentes, sino también de cansancio o por enfermedades que en ese entonces no se conocían y que solo los hacían desvanecerse.

De su familia Don Manuel relata que se casó muy joven, tuvo 10 hijos con su esposa Rosa Gurrola Reyes a quienes dedicó tiempo de calidad, incluso al llegar de las largas jornadas de trabajo, cuando una de sus hijas lloraba en la concina, se remangó las mangas de la camisa y aun lleno de hollín le ayudó a lavar los trastes y con amor le dio un beso en la mejilla, el cual no podía falta antes y después de cada viaje.

Su hija Teresita, quien lo ha acompañado toda su vida, explicó que su padre es un excelente ser humano, quien le dedicó la vida a su madre y después de que quedar viudo, la dejó pensionada para que siempre viera por la seguridad de sus hermanos menores.

“Mi padre es un gran hombre, por ello mucha gente lo quiere y lo recuerda, en 1992 con 49 años de servicio se jubiló, dejando en el tintero muchas anécdotas y recuerdos, y en la vía, toda una vida haciendo lo que más amó, que fue conducir un tren y vivir sobre los rieles”.

-Trabajábamos en un principio sin prestaciones y con poco sueldo, pero el objetivo era entrar y ser parte de la tripulación-

Otro de los nombres más representativos entre los ferrocarrileros del municipio de Frontera que dedicaron su vida a laborar en Ferrocarriles Nacionales de México es el señor Raúl Banda de la Rosa, quien asegura que todos quienes fueron parte de este importante oficio, se convirtieron en hombres de carácter, trabajo y de gran responsabilidad.

Siendo apenas un joven de 16 años ingresó a las filas de la empresa ferrocarrilera como practicante,  con la esperanza de estudiar y avanzar en escalafón a un mejor rango, ya que en un principio les daban trabajos de llamador de tripulación de caminos, durante la mañana, tarde y noche.

“Era un trabajo peligroso, sin embargo, poco a poco fuimos aprendiendo como muchos jóvenes de este municipio los conocimientos prácticos para trabajar en una vía, en 1957 llegó el hombre que nos daría la oportunidad de ser parte de FNM como trabajadores, fue Don Gonzalo González Aguirre quien era jefe de patio y provenía de Sabinas, al darse cuenta que trabajábamos sin prestaciones decidió representarnos y buscar algo mejor para todos”.

Fue Don Gonzalo quien, por medio de una reunión con los líderes sindicales, les diera la oportunidad de ingresar como trabajadores a ferrocarriles como garroteros, quienes eran los encargados de alinear los trenes siendo las máquinas las primeras en ser acomodadas para que salieran a tiempo a su destino sin riesgo de coalición, para esto aquellos jóvenes llenos de sueños ya ganaban 150 pesos quincenales por realizar esta labor.

Don Raúl relató que fue en la maquina 5523 de diesel, en la que laboraba por tres turnos, ingresándola a los talleres solo para cargar combustible, además de que utilizaban también una máquina extra para entregar carbón a la empresa Altos Hornos de México, por lo que poco a poco fueron metiéndose a trabajar con mayor continuidad.

“Después de un tiempo ingresé en parte del equipo donde había maquinistas, ayudantes, fogoneros, jefes de patio, mayordomos y tres garroteros quienes nos encarábamos de formar los trenes que llegaban del norte y los que salía en corrida a Monterrey y Torreón”.

Este hombre que vivió entre potentes máquinas de acero que viajaban por todo el país, explicó que esta labor le trajo muchas satisfacciones, pero también muchas tristezas al ver partir con el tiempo a una gran cantidad de amigos, unos jóvenes otros viejos, pero todos compartían el amor por ser ferrocarrileros y trabajar en las vías.

Entre las personas con más renombre dentro de la empresa recordó que laboró con el señor Mario Vélez quien era el conductor de la máquina, Raúl de los Santos, Pablo Chavarría, Juan René Caballero, José Contreras e infinidad de hombres quienes en su ardua labor, formaron sobre los rieles una gran familia, la cual poco a poco se fue despidiendo al fallecer algunos de ellos.

En su largo caminar por el ferrocarril, Don Raúl formó una importante cuadrilla de trabajo conformada por Arturo de la Torre, el maquinista Adolfo Galván, los Garroteros Arturo Moreno, Federico Cárdenas, Jaime Ramón, todos ellos ya fallecidos, así como con quienes laboró en la máquina denominada “Coquero Sur”, la cual salía al mando de Fernando Portillo a las tres de la mañana rumbo a Paredón con la intención de traer carbón de coque.

De los viajes más emblemáticos Don Raúl recuerda el realizado con un pedido especial de la NASA el cual salió del municipio  de Frontera con rumbo a Escalón Chihuahua en el que transportaban barro que iba a ser utilizado en un proyecto ya que supuestamente caería un meteorito en los Estados Unidos y requerían de este material que solo podían llevar por medio de las vías.

“En este viaje iba como conductor Manuel Villasana, Fernando Portillo, Oscar de la Cerda, el Licenciado Gutiérrez y yo, solo tomamos una foto de antes de entregar el pedido que fue cruzado a Estados Unidos con sentido de urgencia, ya que el meteorito ponía en riesgo a aquel país americano”.

También fue parte de la tripulación que traslado al glorioso Ejército Mexicano a la reunión sostenida en la presa La Amistad, Coahuila; entre el presidente Richard Milhous Nixon y Gustavo Díaz Ordaz, la cual fue de gran valor político entre ambas naciones.

“Yo fui parte de la tripulación que llevó a los miembros del Ejército y los cañones que utilizarían en la ceremonia, incluso nos encargamos de acomodar las plataformas para que los cañones y las armas fueran presentadas durante este evento”.

Banda de la Rosa asegura que después de ser parte de tantas vivencias e importantes acontecimientos que disfrutó gracias a su labor dentro de Ferrocarriles Nacionales de México división Frontera decidió jubilarse a los 52 años de edad

“La empresa Ferrocarriles nos dio a muchos jóvenes de antaño la oportunidad de salir adelante, muchos murieron en el camino con una maleta llena de sueños, otros no pudieron con el cambio de vida, pues pasaron de ser jóvenes de familias humildes a trabajadores con un nivel económico alto, en mi caso, gracias a mi labor pude construir mi hogar, darles una educación a mis hijos y hoy en día vivir tranquilo”.

Aseguró que al igual que el señor Manuel Valdés no se quedó con ganas de tener nuevas vivencias, ya que trabajaron desde muy jóvenes, recorrieron más de 44 mil 900 kilómetros llevando y forjando un futuro que hoy pueden observar tranquilos ya que formaron  su vida con temple de acero como el de las potentes máquinas que una vez condujeron y las cuales pueden ver con la esperanza de que más jóvenes seguirán sus pasos, ya que ellos son el recuerdo vivo de los grandes hombres que se forjaron sobre las vías del tren de Frontera.