Autoridad, controversia y preparación

Avanzado el Domingo de Ramos, Jesús regresa a Betania acompañado de los apóstoles

Humberto Treviño / La Voz
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Es difícil saber cómo era Jerusalén en aquella época, diversas investigaciones han aportado suficientes datos para hacer una reconstrucción con razonable aproximación, se sabe que era una ciudad densamente poblada acercándose a los 50,000 habitantes. Se estima que en las festividades de Pascua los visitantes eran 10 veces ese número. En cualquier caso, eran cientos de miles.
Los peregrinos al llegar al Templo de Jerusalén llevar consigo las ofrendas a ser presentadas. La tradición señalaba que lo propio era que fueran animales machos y primogénitos. Desde palomos a bueyes. Para quien viajaba desde pueblos distantes era prácticamente imposible hacerlo trayendo consigo las ofrendas y en esas condiciones los visitantes no tenían mejor opción que comprar algún animal que se ofreciera en venta por los mercaderes que se ubicaban en el templo quienes además en sus dichos aseguraban se trataba de animales que cumplían con las condiciones de pureza y otras que se exigen por sus leyes.
Solo los comprados en el templo eran aceptados pagándose hasta tres o cuatro veces lo razonable. La transacción forzosamente es en moneda local por lo que acudían a cambistas para obtenerla pagando el precio a capricho de estos. Los abusos fueron muchos y evidentes.
Jesús vuelve a Jerusalén, observa lo que sucede. Ocurre entonces el célebre episodio de la expulsión de vendedores y cambistas, la purificación del templo. La acción no debe interpretarse como un acto violento, sino como un acto de autoridad contundente y claro. Jesús “ ordena”, “Quiten eso de aquí, no conviertan en mercado la Casa de mi Padre”.
Sus palabras dan lugar a que las autoridades del templo exigieran algún signo que demostrara que la actuación de Jesús era en nombre de Dios. Quién es este que pasa por encima de nosotros. Su respuesta sería usada días después como prueba de blasfemia. “Destruyan el templo y en tres días lo levantare”. Se refería a su ya próxima muerte y resurrección para ser él mismo el nuevo templo. ¿Qué mayor signo de autoridad podía ofrecerse?
En razón de estos hechos; el lunes de la Semana Mayor es llamado “lunes de autoridad”.
El martes Jesús se hace presente nuevamente en los atrios del Templo. Responde preguntas y predica. Los líderes religiosos estaban sumamente molestos por la entrada triunfal de Jesús a la Ciudad el domingo anterior y por la expulsión de mercaderes y cambistas del templo unas horas antes. Ello resultaba en perjuicio de sus intereses sociales pues lastima su prestigio y también sus intereses económicos al afectar las bases de su lucrativo negocio.
En este nuevo encuentro había que cuestionarlo, ponerle trampas. Ancianos, escribas y sacerdotes intentaban poner un alto a las acciones de Jesús.

La estrategia de los representantes del sanedrín era muy clara. Cuestionar la autoridad de Jesús. ¿Quién lo autoriza para hacer tales cosas? Asumían que solo ellos podían otorgar toda facultad y quien la recibe mantenerse sujeto a sus designios. Jesús responde preguntando. ¿Cómo es que reconocen a Juan Bautista como profeta si no fue bautizado por ustedes? Implicando que de la misma debería reconocérsele como el Mesías.
Sacerdotes, ancianos, escribas no tenían capacidad para otorgar autoridad al Mesías sino reconocérsela por medio de las indicaciones contenidas en numerosas profecías acerca de él.
Los impuestos romanos eran un tema políticamente explosivo. Las autoridades religiosas y fariseos buscaban acusar a Jesús de desacato a Roma. Por ellos su pregunta de si era lícito pagar impuestos. Mostrando una imagen del Cesar en una moneda dio como respuesta; Dad a César, lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Por estos enfrentamientos con los líderes religiosos judíos es que se conoce al martes de Semana Mayor como “ martes de controversia “
El miércoles Jesús no regresa a Jerusalén. Es día de preparación. Permanece en Betania. Fue ungido con aceite perfumado como era práctica hacerlo con los difuntos justo previo a su entierro, pero también con los reyes. Esta última seguramente fue la intención de la mujer que en casa del leproso Simón ungió a Jesús. Ya todo estaba dispuesto. El propio Judas preparaba su traición.