Christopher Wray, el niño correcto de Trump

El nuevo director de la Oficina Federal de Investigaciones es descrito por el presidente de EU, Donald Trump, como un hombre con credenciales impecables.

Un hombre de credenciales impecables”, así describió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Christopher Wray, quien abrió el mes de agosto con broche de oro, tras ser ratificado para dirigir la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), que navega en aguas turbulentas.

Wray, licenciado en Derecho por la Universidad de Yale, toma el relevo a James Comey, quien fue despedido de la noche a la mañana por Trump tras perder su confianza por el caso Rusiagate (injerencia rusa a favor de Trump en las presidenciales estadunidenses de 2016). Después de un cruce de severas amenazas y acusaciones, Trump, como cortesía de la casa, le deseó buena suerte.

El fiscal especial Robert Mueller, quien también fue cabecilla del FBI, está a cargo de limpiar el nombre de Trump en la trama rusa. Wray afirmó que, sin parches que tapen la verdad, apoyará a su colega, de quien consideró que “no estaba en una caza de brujas”, contradiciendo a Trump en el momento que éste afirmó que se “encontraba en la mayor caza de brujas de la historia”.

Estoy muy comprometido en apoyar al director Mueller en la investigación especial de cualquier forma que resulte apropiada para mí”, dijo el abogado, de 50 años, según la cadena británica BBC.

Consideraría como inaceptable e inapropiado un esfuerzo para corromperla”, resaltó, tras haber sido ratificado con buena nota en el Senado (92 votos a favor y cinco en contra) a finales de julio. Y, es que a Wray le creen.

El diario estadunidense The New York Times, crítico con las decisiones de Trump, apuntó que el “gobierno tomó una buena decisión” y que Wray posiblemente “calme el miedo a que el Presidente
politice la organización”.

Preguntado sobre qué haría si Trump le presionara para hacer algo ilegal, Wray contestó que “primero hablaría con él para intentar convencerlo y si eso no funciona, renunciaría”, según el mismo rotativo, en referencia a que Comey acusó al Presidente de presionarlo para que frenase la investigación rusa.

En la misma sintonía, un artículo de opinión de The Washington Times, titulado: Una mano estable en tiempos inestables, señaló que Wray lleva en su ADN el respeto a la ley y toda su carrera ha estado marcada por una persecución a todos aquellos que la violan.

Se cuestiona, no obstante, su cercanía con los críticos más acérrimos de Trump como los excandidatos conservadores a la Presidencia, John McCain y Mitt Romney. The New York Times señaló que Romney fue donante en las campañas electorales de estos últimos, pero en la contienda del actual mandatario no soltó un dólar.

Ni Romney ni McCain comulgan con el modo de gobernar de Trump. El primero calificó al empresario de “fraude y no apto para la Presidencia” y el segundo, con su voto en contra, decapitó a finales de julio el plan de salud de Trump para derogar el Obamacare, una de las banderas del Presidente.

CAMINO RECORRIDO

Wray, oriundo de Nueva York, comenzó a cavar su buena fama como asistente del fiscal general en el Departamento de Justicia durante el primer mandato del presidente republicano George W. Bush (2001-2005), quien en 2003 lo eligió para encabezar la división criminal de dicha oficina para tratar, principalmente, temas de terrorismo y de fraude empresarial.

Fue una pieza clave en la investigación de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y supervisó el caso de la empresa energética texana Ebron, que quebró por millonarias pérdidas, fruto de la corrupción.

En 2005, el nombre de Wray sonaba a prestigio, lo que le permitió abandonar el Departamento de Justicia para dedicarse al sector privado, donde trabajó para el bufete de abogados King & Spalding, uno de los más importantes de Estados Unidos, con clientes como Coca-Cola, General Motors o la petrolera rusa Rosneft.

Y, apostando por lo seguro, el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, eligió a Wray para que lo representase en el caso Bridgegate, en 2013. Al parecer, personas del círculo cercano de Christie movieron tierra, mar y aire para cerrar parcialmente uno de los puentes más transitados de dicho estado, como un modo de venganza contra un alcalde demócrata, que no quiso apoyar al polémico jefe de Nueva Jersey.

Christie salió impecable y la carrera de Wray siguió in crescendo hasta ser el mandamás del FBI con unas 35 mil personas bajo su ala. “Mi lealtad es a la Constitución y al imperio de la ley, y seguiré respondiendo ante ellos”, sentenció el letrado, quien conoció en Yale al amor de su vida, Helen Wray, con quien tiene dos hijos de 22 y 20 años.