Compositor Roberto Carlos Flores, orgullo monclovense

La música evoca recuerdos, por lo tanto la música evoca emociones. Para Roberto Carlos Flores, nacido monclovense, pero adoptado ya por la ciudad de Monterrey, la música habla, inspira, provoca

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Desde que llegó a Monterrey en los 90’s ha participado en festivales nacionales e internacionales presentando sus obras en espacios como el Museo Guggenheim de Bilbao, en el Studio Le Regard du Cygne en París, La sala Carlos Chávez en México D.F. y en el Concert Hall, Gdansk Academy for Performing Arts en Gdansk.
En su catálogo se incluyen obras para danza contemporánea, largometrajes, música de cámara, para orquesta sinfónica y ópera. Su música ha sido ejecutada en países como Estados Unidos, Cuba, España, Polonia, República Checa, Francia, Italia y Ucrania.
Ha sido reconocido como creador musical por el Consejo para la Cultura de Nuevo León y por el Instituto Coahuilense de Cultura, tanto como joven talento así como compositor con trayectoria.

Al final del poema viene una frase que a mí siempre me ha gustado mucho que dice “traigo tanto sol adentro que tanto sol me cansa” decidí ponerle ese título.

Ha sido ganador del premio a la Excelencia al Desarrollo Profesional por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Sus obras han sido interpretadas por ensambles como Arcema, Multilatérale, la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, entre otros.
Actualmente es profesor de composición en la Facultad de Música de la U.A.N.L. y es profesor de cátedra en la Ingeniería en Producción de Música Digital en el Tecnológico de Monterrey (ITESM) Campus Monterrey.
Todo lo anterior lo encuentro fácil al buscar en Google tu nombre, pero yo quiero saber más, todo aquello que no viene en internet. ¿Cómo empezó todo?
Carlos y yo hablamos por teléfono, son las 5 y media de la tarde y él acaba de terminar un ensayo; a las 8 de la noche es el estreno mundial de su obra “Tanto sol me cansa”. Se escucha también cansado, pero al mismo tiempo entusiasmado de compartir su historia con un medio de Monclova.

Entorno familiar

Mi trabajo es en realidad ese: plasmar la realidad en la que vivo, lo que conozco. Difícilmente alguna vez voy a hablar de lo que no he palpado. De eso trata mi trabajo en general. Y claro, inevitablemente en algún momento me remito a mis tierras.

Mis tías me enseñaron a tocar el piano y a partir de esa edad mi mamá entendía el gusto que yo tenía por eso. Eso sí te puedo decir, desde que yo tenía 12 años supe que me quería dedicar a la música, lo tenía muy claro. Lo que no sabía es que existía una licenciatura en música. Estando en tercero de secundaria supe que había carrera y de inmediato saqué ficha para poder estudiar en Monterrey.
Elegí esta ciudad porque ya la conocía y dos de mis hermanas habían estudiado aquí. Me gustó el ambiente y sobre todo la posibilidad de dedicarme a la música de concierto, sinfónica, de ensamble, de cámara. Yo creo que sí tiene mucho que ver que cuando yo era niño mi mamá escuchaba mucha música clásica, Beethoven, Mozart, Schubert; estaba familiarizado con eso entonces al entrar a la Facultad de Música encontré el espacio donde yo podía desarrollar lo poco o mucho que podía saber de música hasta el momento.
A partir de ahí me dediqué específicamente a la composición más que a tocar algún instrumento. Fue desde que era estudiante que empecé a presentar composiciones mías.
Siempre tuve el apoyo de mi mamá, aunque ella falleció cuando yo estaba apenas en el tercer semestre de la carrera. Pero el apoyo siempre estuvo ahí.

Sobre música y oportunidades

Además de componer música soy un agente cultural, y como tal tengo en mis manos un poder de transformar realidades.

En todo el tiempo que llevo de carrera he tenido la oportunidad de vivir algunas cosas que me han marcado, como por ejemplo, estudiar en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, gracias a eso pude estudiar en Italia, con un compositor que yo admiraba mucho que es Franco Donatoni, estudié dos veranos con él.
También estuve en Brasil, España, Holanda, Bélgica, en Cuba con Roberto Valera. Ahí hice mi especialidad como pedagogo de teoría musical. A mi regreso me hice maestro de la Facultad de Música de la U.A.N.L. y desde ahí he realizado mi labor de compositor y docente.
En la Facultad de Música yo he impartido toda una carga de materia teóricas y en la actualidad sólo imparto la especialidad de composición a nivel Licenciatura.
También soy maestro en el Tecnológico de Monterrey, para una Ingeniería que se llama Producción de Música Digital. También trabajo en la sinfónica.
Mi música se ha logrado presentar en varias partes del mundo, en lugares a los que yo nunca he ido, pero sí ha ido mi música, como son: Rumania, Ucrania, Francia. He tenido suerte en eso.

¿Por qué dedicas tu vida a la música?
La razón por la que yo decidí componer es porque si bien yo conocía a los compositores clásicos, Siglo XIX y primera mitad del Siglo XX y claro del Siglo XVII, lo Barroco, me acostumbré a escucharlos porque es lo que yo encontraba en casa. Cuando entré a estudiar, conocí a los compositores de la segunda mitad del Siglo XX, y esa música era nueva para mí, jamás la había escuchado, me atrapó.
Es música que sale de un contexto tradicional, conservador. Lo que me llamó la atención es que esa música no es predecible. En lo personal a mi me gusta que me sorprendan y esta música me sorprendió.

Intenté acercarme a esa música, me envolví en ella, me dediqué a eso. Fue en ese momento que empezaron a presentar obras mías en Monterrey y una cosa fue llevando a la otra, por contactos músicos del país que me pedían tocar mi música. A lo que voy es que conocí gente que no me conocía a mí, solo mi música, eso me dio confianza para seguir participando en concursos y convocatorias que tuve la fortuna de ir ganando. Y mi música empezó a llegar a lugares en los que yo jamás había estado. Hay mucha gente que me escribe que ha escuchado mi obra diciéndome que le gusta mi obra y eso es muy satisfactorio.
En realidad yo no pretendo nada con mi música, no pretendo ser un músico que trascienda a través de los años; eso no lo voy a decidir yo. Mientras lo que haga me llene, para mí eso es lo más satisfactorio.

Transformando realidades
Además de componer música soy un agente cultural, y como tal tengo en mis manos un poder de transformar realidades. Hay gente con la que he trabajado, que viven en comunidades vulnerables, a quienes he podido acercar a la música. A veces me encuentro gente en la calle que dice haber asistido a alguna de las obras donde mi música sonó y que a raíz de eso sus hijos decidieron estudiar música, eso me causa satisfacción, algo que yo hice tuvo injerencia en un tercero que no conozco.

La música es subjetiva
Yo sigo haciendo lo que me gusta, si a alguien le gusta también, que bueno, sino también que bueno, porque algo importante de la música es la subjetividad, de que lo que yo escribo puede que no sea lo que el espectador entienda. Pero eso es lo padre del arte y yo la verdad estoy en esto porque no sé hacer otra cosa, y esto es lo que más o menos sé hacer.

Tanto sol me cansa
Sol de Monterrey, es el poema en el cual está basada la composición, es un poema que yo he tenido arraigado y es lo que más conozco de Reyes, y con el que más me identifico porque cuando yo llegué a estudiar a Monterrey hace mucho tiempo todos se quejaban del calor pero yo venía de una ciudad en el desierto. Realmente el calor de Monterrey es un poco menos que el de Monclova. En esta obra no trato de representar con música lo que dice el texto sino plasmar mis impresiones sobre el mismo. En ese sentido el poema dice “el sol me persigue desde niño” que es una realidad para mí. Estoy resignado al sol, a mi no me gusta el calor pero es de donde vengo y es lo que he tenido toda mi vida.