SAN BUENAVENTURA, COAH.- Lo que en un tiempo fueron alimentos de origen humilde y hasta cierto punto despreciados por la clase media alta, hoy son de lujo adquirirlos para cumplir con la vigilia que indica la Iglesia Católica durante la Cuaresma.

Los precios de estos alimentos están por las nubes, debido a que los nopalitos por citar un ejemplo son adquiridos en reventa por los comerciantes ambulantes pues estos provienen de San Luis Potosí, siendo acaparados por los dueños de cadenas de fruterías que a su vez los venden a pequeños comerciantes a precios por demás elevados.

Gloria Dávila Hernández, comerciante ambulante que todos los días ofrece sus productos en el primer cuadro de la Ciudad dice que cada año resulta difícil mantener la tradición y respetar lo que dicen los sacerdotes en los sermones.

Que si bien es cierto que la carne es demasiado cara, los alimentos de la cuaresma lo son más y la prueba es que los nopalitos llegan a costar hasta 40 pesos el kilo.

Mientras platica acomoda las verduras que ofrece a los peatones que por ahí pasan, dice que para obtener algo de ganancia en la venta del nopal, tienen que comprar la reja que el revendedor se las vende a 480 pesos.

“Los nopales vienen sucios llenos de espinas por lo que hay que pelarlos, quitarles todo lo feo y embolsarlos, eso cuesta dinero y para sacarle algo de ganancia vendemos la bolsita en quince pesos, claro que a la hora de la cocida se reducen quedando una pequeña porción apenas para el antojo”, comentó.

En cuanto al costo de las acelgas, verdura muy solicitada en este tiempo dijo que esta se cultiva aquí en la región sin embargo el manojo viene delgadito y cuesta siete pesos.

Lo que pasa con las acelgas es que una vez que se guisan se reducen mucho y rinden poco.

También el cilantro que se utiliza en todos los guisos cuaresmales subió de precio y aún cuando se cosecha en la región el costo es de cinco pesos el manojo, los orejones de calabaza que son tiras de pulpa de calabaza maciza disecada tienen un costo de diez pesos seis tiritas, y los chicales que son elotes deshidratados que después de cocerse se guisan con chile rojo cuestan quince pesos.

Por lo demás la calabacita tiene un costo de 30 pesos el kilo, siendo la más cara de todas porque no es de aquí, la cosechan en el sur de la república.

A detalle.

Antes los alimentos arriba mencionados eran los considerados los más pobres y de fácil adquisición, pero ahora se han convertido en productos de lujo difíciles de adquirir.