Los Dallas Cowboys son de los equipos más queridos y emblemáticos del football americano en Estados Unidos y en México. Son de tradición. Sus 5 Super Bowls los avalan. El deporte no sería lo mismo sin ellos. Tom Landry, Roger Staubach, Bob Hayes, Tony Dorsett, Randy White, Emmitt Smith, Larry Allen, son sólo unos cuantos de los grandes nombres que han defendido el jersey de los Cowboys. Los vaqueros de la primera mitad de la década de los 90, son uno de los mejores equipos en la historia del deporte. Sus tres trofeos Lombardi hablan por ellos. Ese equipo que tenía en sus filas a Emmitt Smith, Troy Aikman, Michael Irvin, Deion Sanders, Daryl “Moose” Johnston, fue dominante como pocos.

La sequía de títulos en Dallas es larga, muy larga. Desde la temporada de 1995 no son campeones. No han vuelto a ser un equipo realmente contendiente. Han sido años a la deriva. La era de Tony Romo tuvo algunos chispazos, pero mayormente fue marcada por la mediocridad. En sus años los Cowboys únicamente tuvieron dos victorias en playoffs. La temporada pasada las ilusiones volvieron para los aficionados del equipo azul y plata. Los espectaculares novatos: Dak Prescott y Ezekiel Elliott; renovaron el equipo. Tuvieron una temporada espectacular de 13-3. Por ello, partían con grandes expectativas para esta campaña. La realidad ha sido diferente. Si la temporada terminara hoy, estarían fuera. Su record de 5-4 no alcanza. Los Seattle Seahawks y Carolina Panthers, que en este momento son los que clasificarían como wild cards, no sueltan prenda. Además, hay otros tres equipos con la misma marca que los Cowboys. Prácticamente, Dallas ya no se puede dar el lujo de perder.

El panorama no es sencillo. Hay bajas importantes. La más visible es la de Ezekiel Elliot, que está cumpliendo una suspensión, que fue toda una novela. Queda claro que cuando la NFL te quiere suspender, es sólo cuestión de tiempo para que se imponga. Le quedan 5 juegos por cumplir. Pero tal vez la baja más importante es la del tackle izquierdo, Tyron Smith por esquince en la ingle. En el juego contra Atlanta se vio lo importante que es el número 77 para Dallas. Por su ausencia, Adrian Clayborn tuvo la noche de su vida con 6 capturas. Además, se extraña para abrir huecos a los corredores. Smith es el que cubre el lado ciego de Prescott. Su ausencia costó por lo menos uno de los balones sueltos del juego contra Atlanta. Urge que regrese. La salida de Sean Lee también fue fundamental para el mal juego contra los Falcons. Jaylon Smith, que los suplió como linebacker medio, no da el ancho tacklea 5, 6, 7 yardas atrás de la línea de golpeo. Así está difícil parar a las ofensivas contrarias. Con Lee y el regreso del suspendido David Irving la defensa empezaba a mejorar. El equipo los necesita. Los receptores también han quedado mucho a deber. Dez Bryant ya no es un receptor de elite, está muy lejos de Antonio Brown, Thielen, Julio Jones, etc. Por yardas es el número 35 de la liga. El resto de los receptores tampoco tiene mucho que presumir. Jason Witten es garantía en los momentos difíciles pero no puede cargar con el equipo. Dak Prescott es un gran jugador, pero todavía no está para cargar al equipo él solo, como lo hace Aaron Rodgers en Green Bay. El equipo debe responder. Es hora que Jason Garrett muestre que no es un coach del montón. Aunque no cuenten con Elliott, el juego terrestre tiene que ser medular. Entre Morris, Smith y McFadden tienen que sacar la cara.

Lo malo para Dallas es que tienen un calendario de miedo. Esta semana se enfrentan a Philadelphia, el mejor equipo de toda la NFL. Perder no es opción. Después se enfrentan a los Chargers, que se ve ganable, luego toca Redskins, que como todo juego divisional, siempre es difícil. Le sigue otro rival divisional: los Giants, pero por lo demostrado, no tendrían que ser problema. Los últimos tres juegos son contra Oakland, Seattle y Philadelphia. Si los Cowboys salen adelante, serán un rival a considerar en playoff, mientras tanto: perder no es opción.