Desatan caos en la llegada de Ochoa

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CIUDAD DE MÉXICO.- Guillermo Ochoa es el único ídolo en activo del América. Por eso tuvo una bienvenida de rockstar al llegar a la Ciudad de México. Ni el propio Memo se salvó de los empujones, pisotones y uno que otro golpe por parte de la turba enardecida que se conformaba con tocarlo, como si aterrizara de Marte.
Más de 400 personas desataron el caos en el aeropuerto capitalino a la llegada de Memo. La mayoría eran barristas de La Monumental y El Disturbio que la hicieron de guaruras para proteger al portero. Parecían los amigos del novio que en una boda lo cuidan de los maldosos que quieren tumbarlo en la víbora de la mar. Claro, sus métodos son más rudimentarios, así que repartieron codazos y patadas para abrirle paso a Ochoa rumbo a su camioneta.

Tardó cinco minutos en recorrer 100 metros, un trayecto que pareció kilométrico.
Porque ayer todo se reducía a adorar a Memo, el hombre que después de 8 años en el futbol europeo regresó al América de sus amores.
“Viene mi Memo Ochoa. ¡¿Cómo no voy a estar aquí!?”, dijo una empleada de limpieza del aeropuerto, mientras de reojo cuidaba que el supervisor no la descubriera. “A ver si Memo me da de comer, ja-ja-ja”.
A la fiesta nadie podía faltar, ni siquiera los que no estaban invitados, esos curiosos hipnotizados por el sonido de las trompetas, los trapos y banderas que hicieron de la terminal aeroportuaria una sucursal de la Cabecera Norte del Azteca.

“¿Memo Ochoa es el chinito?”, lanzó otra despistada. “¡Ah!, entonces sí me emociona porque sí sabe parar las pelotas”.
Algunos la pasaron peor que otros, como los desesperados padres que vieron cómo su hija pequeña estuvo a punto de ser aplastada, mientras Memo intentaba abrirse paso entre la multitud. Por fin arribó a su camioneta, tomó una bandera del América y la ondeó, como quien se sabe el nuevo héroe americanista.