El hombre que mueve a Trump

CIUDAD DE MÉXICO.

Xenófobo y defensor acérrimo de la raza aria. Misógino, provocador como pocos y muy cercano a su espejo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Stephen Bannon es el jefe de estrategia y alto consejero de la Casa Blanca. Es la sombra del poder responsable de las decisiones más controvertidas que ha tomado el mandamás de la potencia norteamericana.

Su fama no le llegó sola. Bannon fue el director de la campaña electoral que llevó a su padrino a sentarse en el Despacho Oval. Pero, antes de tejer lo hilos de la victoria, el estratega, licenciado en Negocios por la Universidad de Harvard, se hizo de oro como banquero de la compañía financiera Goldman Sachs.

Después, montado en el dólar, se dedicó a producir documentales en los que plasmó sus ideales conservadores. Por el pedestal de Bannon pasó Sarah Palin, excandidata republicana a la vicepresidencia, quien eclipsó a la mano derecha de Trump, tanto que produjo un documental sobre ella titulado La invencible. Pero la diosa, también exgobernadora de Alaska, bajó de los cielos porque John McCain perdió la batalla frente a Barack Obama.

No obstante, ése sólo fue el inicio de otros tantos proyectos televisivos como la serie Seinfield, antes de que asumiera el rol de director ejecutivo del incendiario portal de noticias Breibart News, voz de la ultraderecha estadunidense conocida como alt-right (alternativa) y alérgica a lo políticamente correcto, a los inmigrantes, a los judíos, a las mujeres, a los gays y a los demócratas.

Ben Shapiro, exeditor de noticias de Breitbart, dijo, según el portal Vox: “Todo cambió cuando Bannon decidió apoyar a Trump. El portal se convirtió en la web de cabecera de la alt-right y la sección de comentarios es en un pozo para los supremacistas blancos que se dedican a lanzar ahí sus memes”.

“Bannon convirtió a Breitbart en el diario oficial de Trump”, añadió. Algunos de sus titulares estelares fueron: “La pastilla anticonceptiva las vuelve feas y locas” o “Preferiría que su hijo fuera feminista o padeciera cáncer”.

Bannon, al igual que su mesías, tiene una larga trayectoria de denuncias de acoso sexual. Su excompañera de vida, Mary Louise Piccard, lo denunció por violencia de género y aseguró además que era antisemita porque se negó a llevar a sus hijas a un colegio privado donde estudiaban niños judíos,
según The Daily Mail.

Con más de 21 millones de visitas mensuales, Breitbart nutrió al fichaje estrella del Ala Oeste de la Casa Blanca, quien en los pasillos de la Presidencia, hace eco de las posturas de la alt-right. La retórica populista y xenófoba de Trump lleva selladas las iniciales del estratega. Y en el discurso inaugural del Presidente, el 20 de enero, le susurró “América primero”.

“EL GRAN MANIPULADOR”

Al poco de asumir el cargo, Bannon extendió sus tentáculos de poder, ya que Trump le ofreció formar parte del comité directivo del Consejo de Seguridad Nacional, ente que coordina la política exterior y de seguridad de la Presidencia.

Este cubículo es la columna vertebral de las decisiones que mueven al mundo. El operativo en el que murió en Pakistán el exlíder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, se tejió entre las cuatro paredes de esa sala, bajo el mando del expresidente demócrata Barack Obama.

Estoy sumamente preocupado con la reorganización del Consejo Nacional de Seguridad. El nombramiento de Bannon es apartarse de lo que históricamente ha sido el consejo”, dijo el senador republicano John McCain a la cadena CBS.

El polémico Trump apartó las sillas del director de inteligencia nacional y del jefe del Estado Mayor Conjunto, quienes tendrán acceso sólo cuando el Presidente quiera. “Trump no sólo ha roto con la tradición, sino que ha asumido el riesgo de politizar la seguridad nacional o de dar la impresión de hacerlo”, señaló The New York Times.

El levantamiento del muro en la frontera con México y el polémico decreto migratorio que veta temporalmente la entrada de ciudadanos procedentes de siete países de mayoría musulmana también fueron consejos del Pepe Grillo de Trump, quien ensombrece la figura del otro “Rasputín” del Presidente, su yerno y asesor Jared Kushner.

La revista Time incluso plasmó a Bannon en su portada como “El gran manipulador” del hombre al mando del futuro del planeta.

GUERRERO
DE CORAZÓN

Bannon, un nutrido veterano de guerra que sirvió cuatro años al ejército estadunidense, es de los que piensa que el fin justifica los medios. Prefiere las armas al diálogo y aseguró, en declaraciones recogidas por The Guardian, que Estados Unidos irá a una guerra mucho mayor en Oriente Medio porque “el Islam es la religión más radical del mundo”.

China también está en el centro de la diana y “en unos diez años”, la potencia norteamericana entrará en guerra con el gigante asiático, según el periódico británico.

No hay duda de eso. Los chinos están tomando bancos de arena para construir islas artificiales, que no son otra cosa que portaaviones con misiles. Se nos están plantando en la cara, y ya saben lo importante que es esta cara”, manifestó el poderoso estratega, oriundo de Virginia.

El papa Francisco tampoco es santo de su devoción. El consejero principal de la administración Trump estrechó lazos con los enemigos acérrimos del líder de la Iglesia católica.

Según The New York Times, el consejero se reunió con el cardenal estadunidense Raymond Burke, abanderado de la lucha contra las ideas liberales del papa Francisco.

Bannon y Burke son islamófobos, homófobos y comparten la creencia de que el sumo pontífice “es un socialista y está peligrosamente equivocado”, apuntó el
diario.

Francisco ha revolucionado a la Iglesia católica por dejar a un lado los valores más tradicionales por apoyar a los migrantes, a los pobres, a los gays, a las mujeres, al cambio climático e incluso justificar el aborto. Patrones que, sin duda, no comulgan con el nuevo gobierno estadunidense.

Y con más enemigos que amigos, el gurú de la Avenida Pensilvania de Washington tiene un objetivo muy claro: “Arrasar con todo y destruir el establishment de hoy en día”, como confesó a The Daily Beast en 2014. Una batalla que Trump comenzó desde el minuto uno en el Despacho Oval.

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