El domingo pasado, el Frente Ciudadano por México, encabezado por los dirigentes nacionales de los Partidos de Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano dieron a conocer la principal propuesta de esta coalición en materia de política social: El ingreso básico universal o popularmente conocido por sus siglas IBU.

El IBU es una de las propuestas del Foro Social Mundial, el cual ha ido poco a poco penetrando dentro de la gobernanza global y poniendo en la agenda de muchos otros países el debate sobre el ingreso básico único que pretende ser una cantidad de dinero pagada mensualmente y garantizada por el Estado a todos los ciudadanos. En otras palabras, para que todos los mexicanxs, independientemente de su nivel de ingresos, reciban una transferencia por parte del Estado que les permita satisfacer sus necesidades más básicas.

Sin embargo, ¿Qué tan viable es llevar a cabo esta propuesta?

Si bien, el Dr. Nicolas Foucrass, profesor – investigador del dpto. de relaciones internacionales del Tec de Monterrey, comenta que para que el IBU funcione de manera que se plantea hay que tener en cuenta estas dos consideraciones:

1. Que el IBU no genere un incremento de la deuda nacional.

2. Y lograr desarrollar una cultura financiera para que no se haga mal uso del mismo.

¿Qué significa esto? Significa encontrar una manera de resolver tres principales críticas, las cuales son: (a) que el IBU desmotiva a la gente a trabajar, (b) que desmantela al Estado, y (c) que es incosteable.

La primera crítica la podemos desacreditar, ya que existe amplia evidencia (véase Banerjee, et al, 2015 ) de que cuando las personas reciben transferencias monetarias incondicionales, éstas no dejan de trabajar. Por el contrario, la gente tiene la posibilidad de emprender (creando negocios propios, y por tanto más empleos)

La segunda crítica es cierta solo si y con la condición sine qua non que el IBU se convierta en una política extrema que sustituye todas las demás labores del Estado.

No obstante, la tercera crítica es la más peligrosa pues dadas las finanzas públicas actuales, en las que se exentan millones de impuestos a los más ricos, se permite el robo descarado de recursos públicos y se tiene a menos de la mitad de la población pagando impuestos, por lo que es claro que no alcanza para un IBU. De esta manera, y observando los datos anteriores, lo primero que debe mejorarse

antes de hablar de un IBU debería ser el sistema de recaudación de impuestos, creando uno en el que todos paguemos y por ello, paguemos menos.

El principal enemigo del IBU es la falta de una base tributaria amplia. Si eliminamos la informalidad se lograría un IBU.