El niño que dieron por muerto; a 1 año

Sus seres queridos lloraron la pérdida de un bebé que nunca se fue

“¿Y mi hijo, donde está mi hijo?”: Tras 10 años de evadir cualquier método anticonceptivo con la finalidad de volver a dar vida, la señora Vianey Armendáriz Mesías por fin sintió crecer en su vientre a un nuevo ser, todo apuntaba que sería durante el mes de diciembre del año 2015 se convertirían ella y su pareja en padres nuevamente.
El embarazo que presentó una serie de complicaciones marchaba de maravilla, según relata la mujer fue hasta el séptimo mes que presentó una serie de complicaciones que la obligaron a ser hospitalizada, sin imaginar que el parto estaba por adelantarse.
Fue al interior del hospital general, Amparo Pape de esta ciudad que en el mes de octubre del año 2015 Vianey se mantenía a la espera de resultados que le ofrecieran un panorama alentador y así poder esperar los meses restantes para la llegada de su segundo hijo.
Pero el destino es incierto, la joven mujer presentaba un cuadro de salud severo que la llevaba a ser inducida a un parto prematuro.
“Estando allí en la plancha de aquel frio quirófano, solo me restaba rogarle a dios que mi hijo naciera bien, 7 meses en algunas ocasiones suelen ser suficientes para que los bebés se fortalezcan en el vientre, quería que este fuera mi caso”.
Fue entonces que a través de un parto natural dio a luz a un hermoso varón que aunque de bajo peso, mantenía signos vitales de excelencia, según el diagnóstico del pediatra que lo recibió a este mundo.
Pocos minutos después de haber dado vida, Vianey quedo inconsciente y fue trasladada a piso para poder estar a la espera de aquel pequeño que de momento se mantenía en una incubadora para recuperar el calor que le hacía falta debido a su adelanto.
La madre cuando reaccionó preguntó por su pequeño en más de una ocasión, el pediatra se limitaba a decir que estaba recuperándose de manera satisfactoria que todo estaba bien.
Cuando se presentó el cambio de turno de personal médico, el nuevo pediatra de nombre Alejandro Blanco se acerca con la mujer y al ser cuestionado sobre el estado de salud del menor, este fríamente le dice, “el bebé murió desde ayer, apoco no sabía”.
En ese momento se derrumbó el mundo para Vianey y junto con ella decayeron todas aquellas ilusiones de llegar a casa con un nuevo miembro de la familia, sin cuestionar nada aceptó la voluntad de dios, aunque le parecía irónico que apenas un cambio de turno antes el bebé se mantenía estable, como era posible que de la noche a la mañana ya no estaba en el mundo.

INICIA EL CALVARIO

Fue así como de manera inmediata se movilizan para dar inicio a los trámites funerarios correspondientes, acuden a realizar los pagos pertinentes de todos los servicios los cuales se contabilizan en aproximadamente 9 mil pesos en total.
Cuando llegó el momento de ir por el cuerpo del infante, entro el papá del menor al lado del encargado de los servicios funerarios y al llegar les entregan el cuerpo de una niña.
Ante el asombro del padre de familia empieza la disputa de donde está el cuerpo del infante sin que nadie pueda dar certeza de lo ocurrido, con el fin de calmar el ambiente tan tenso que se dejó sentir, una de las enfermeras de turno se acerca con Vianey y le dice “Entiende te estas volviendo loca, tu nunca tuviste un varón ella es tu hija fallecida, recuérdalo”.
Los padres del menor aparentemente fallecido dan inicio a cuestionamientos, averiguaciones de manera inmediata todo en busca del cuerpo de su hijo para darle cristiana sepultura, pero nadie puede dar con exactitud una respuesta a lo que pasó.
Al paso de aproximadamente 3 horas de discusión una enfermera sube a los padres del infante a la sala de neonatos y les cuestiona si ven allí a su hijo, de manera inmediata respondieron que sí.
El menor estaba allí vivo y sano.
A un año de tan complicada situación Vianey se mantiene firme bajo un proceso legal en el que asegura no busca fines monetarios, sino más bien espera que se haga justicia por todas aquellas madres que pasan momentos de angustia al interior de los nosocomios ante la ineptitud de muchos médicos, especialistas y enfermeros.
Hoy Sergio Alexander Armendáriz Macías es un niño sano, goza de excelente salud pero sobre todo de amor que su familia le ha brindado tras el trago amargo de creerlo muerto.
Su madre Vianey asegura que es un proceso que no logra superar, por lo que acude a terapias aún para entender que su hijo está en este mundo vivo y feliz, pero detalla que es sin duda uno de los tragos más amargos que ha pasado en su vida.

“Estando allí en la plancha de aquel frío quirófano, solo me restaba rogarle a dios que mi hijo naciera bien, 7 meses en algunas ocasiones suelen ser suficientes para que los bebes se fortalezcan en el vientre, quería que este fuera mi caso”

Vianey Armendáriz Mesías
Madre de Sergio Alexander