Embellecer a la muerte

Óscar Corral, prepara cadáveres para presentarlos con la mejor imagen posible a sus familiares

Sin temor a la muerte pero con respeto a ella es como trabajan los embalsamadores de cuerpos día a día al estar de frente a los cuerpos sin vida, evitando mezclar sus sentimientos con el servicio que brindan.
Con apenas 27 años de edad, Óscar Corral tiene toda una vida tratando cadáveres, reconstruyéndolos corporal y facialmente para hacer de ellos la mejor imagen y así presentarlos ante sus familiares.
El vivir desde pequeño cerca de muertos, ataúdes y en la misma plancha donde se prepara a los difuntos, hizo que el interés por convertirse en un embalsamador creciera al grado de dedicar su vida completa a este oficio.
“La gente podrá decir que mentimos, pero cuando vamos a recibir un cuerpo, siempre se presenta una sombra o fenómenos paranormales alrededor de nosotros, a lo mucho cinco minutos después están pidiendo el servicio personalmente o llaman a la funeraria” comenta el joven que siguió los pasos de su padre, Óscar Corral, propietario de Funerarias La Paz.
La acción que realiza en los difuntos, es el lavado arterial, en ese proceso intercambia toda la sangre por un químico especial que hace que se conserve más el cuerpo.
También hace la extracción de líquidos, gases y materia fecal que pueda tener en su interior el difunto, aplica también un conservador por medio de la vía abdominal.
Finalmente se presenta uno de los pasos que algunas veces es lo más complicado de la preparación, es el desarrollo estético.
Y es que hay situaciones en donde los difuntos están completamente irreconocibles y ahí es cuando inician su trabajo más complicado, el restaurarlos a manera que quede como cuando estaban en vida.
“Tuvimos el caso de Celemania, los 28 cuerpos llegaron aquí y aquí los tratamos, los reconstruimos, algunos venían completamente despedazados, incompletos”.
Narró cómo en una ocasión, no pudieron hacer nada por un cuerpo, fue un joven que dentro de una empresa fue succionado por una máquina y quedó hecho trizas.
“Esa vez el ataúd estuvo completamente sellado, prácticamente nunca se pudo hacer nada, el muchacho haz de cuenta como si lo hubieran metido en una licuadora, no pudimos hacer nada por el”.
“Normalmente se le pide una fotografía a la familia, ya con el material que tenemos, vaselina y maquillaje se trata de dar la forma que tenía la persona”.
Óscar se unió a la profesión de la familia, él junto a su hermano siguieron los pasos de su padre, el propietario del negocio, por lo que crecer junto a los cuerpos sin vida, fue algo completamente normal.
“Ya cuando trabajas en esto, aprender a no mezclar tus sentimientos con el dolor ajeno, lo vez como un cuerpo más solamente, no debes mezclar sentimientos, pues imagínate si lo haces con cada cuerpo que llegue”.
Aseguró que el tema de la muerte es un tabú para mucha gente, porque es un tema que a muchos les asusta, por el contrario, aseguró que el ser embalsamador no es un trabajo difícil, si no como cualquier otro.
“Lo que hacemos es cambiar la presentación, para cambiar de como lo vieron en el hospital a como lo ven en el ataúd, todo totalmente diferente, nos tardamos alrededor de 2 horas, depende de cómo se comporte el cuerpo en el proceso”.
Algo reconfortante que tienen los preparadores de cuerpos son los agradecimientos que reciben de la familia por el cambio que hacen en los difuntos, en donde se tienen que reconstruir los rostros, la forma de la cabeza y el cuerpo.