Especial: Convenio con Dios

Perdió la pierna en un accidente cuando practicaba montañismo; la tragedia cambió su vida pero también lo llevó a convertirse en un hombre dedicado a ayudar a la gente con discapacidad.

Con un dolor multiplicado por dolor, postrado sobre un acantilado a 2 mil metros de altura, con la cintura fracturada en tres pedazos, la pelvis también y la pierna destrozada, le pidió a Dios que le permitiera vivir, a cambio, prometió no desperdiciar más su tiempo.
A Emanuel de Hoyos García le estaba yendo muy bien en la empresa que laboraba. Ganaba una excelente cantidad, jugaba futbol para el equipo de tigres y tenía todo un futuro por delante.
Cada semana o 15 días junto con los amigos con los que vivía en Monterrey subían una montaña. Ese febrero del 2011 había un motivo que festejar. Le acababan de ofrecer otro trabajo, mejor remunerado que el que ya tenía y pensó que la mejor forma de celebrarlo sería escalando a las alturas.
Subió la montaña chipinque a capela, como ellos lo llamaban, es decir, sin arneses, sin casco ni zapatos de seguridad. Escaló, sin las mínimas medidas de seguridad.
Junto con sus amigos deseó explorar otros caminos. Se fue por otra brecha para lograr una foto extrema. Uno de sus amigos subió para que Emanuel le tomara la gráfica.
“El atrabancado me decía que iba a saltar hacia donde estaba yo. Le dije que se esperara, que era muy peligroso. Se baja agarrándose de la piedra y lo que hace fue soltarla, toda esa piedra se la trajo sobre mí”, recordó.
Tuvo menos de un segundo para reaccionar y solo tenía dos opciones: una que era saltar por el acantilado con una muerte segura o tratar de soportar el golpe.
Eligió lo segundo. La piedra cayó sobre él, lo prensó con otra, le quebró la cintura en tres pedazos, le fracturó también la pelvis y la pierna derecha se la destrozó por completo.
Ese accidente fue para Emanuel, licenciado en Relaciones Internacionales y quien hoy trabaja en Altos Hornos de México en el área de capacitación, un parteaguas en su vida.
“Qué era lo que queríamos realmente… únicamente una foto para decirle a los amigos: mira dónde anduve, mira la que me aventé. Te sientes el mero fregón y crees que no te puede pasar nada. Nuestra frase era arriésgate, el que no arriesga no gana”, señaló Emanuel de Hoyos en su charla con los alumnos de la FCA.

PENSÓ QUE MORIRÍA
¿Qué les puedo decir de ese momento?, pregunta Emanuel a los alumnos de la FCA, que lo escucharon atentos.
“Yo creo que fue el mayor de mis dolores multiplicado por dolor. Era algo impresionante. Es un dolor que te lleva a la locura, pensaba muchas cosas. No podía ni respirar, por mi pierna salía un chorro de sangre, como cuando abres una llave. No sabía ni qué me dolía”, señaló.
Emanuel les gritaba a sus amigos que lo ayudaran, sabía o pensaba que se iba a morir. Sus amigos al verlo se quedaron en shock. Luego reaccionaron y le pusieron un torniquete.
“Estábamos a casi 2 mil metros de altura en una montaña. Al llegar no nos registramos, por lo que nadie sabía que estábamos ahí. No había señal arriba, no llevábamos botiquín de primeros auxilios”, recordó.
Sus amigos empezaron a correr por las cimas para encontrar señal y pedir ayuda. Llamaron a Protección Civil y por una serie de situaciones no podían ir por él.
“Pensé que me iba a morir,-dijo- fue ahí cuando tuve un impacto en mi vida que me cambió totalmente.
¿Qué pensarías en este momento si sabes que te vas a morir?, ¿Qué pensarías si sabes que no volverás a ver a tu hermana con la que tanto peleas por una blusa, ¿Que no verás más a tu hermanito que es bien gorroso?, o a tu papá que nada más esta friegue y friegue”, les preguntó a los universitarios.
“De verdad que no nos damos cuenta de la bendición de estar vivos, de tener una familia, de tener brazos y pies. Es algo que a mí me impactó, yo sabía que me iba a morir. Me preguntaba qué iba a pasar si iba con Dios, me preguntaba qué había hecho hasta ese momento. Solo había estudiado, jugado futbol, salir con mis amigos, pero nada había hecho para ayudar al hermano, al amigo o a mi sociedad, señaló.
Estamos en un momento,-siguió- en que la gente por redes sociales es experto, es crítico, es especialista, somos políticos, empresarios, exigimos y juzgamos. Pero yo me pregunto qué haces tú para cambiar este mundo o ayudar”.
“Me daba mucho sufrimiento saber que no les había traído nada bueno a mis papás. Pensaba en mi mamá. Entendí que no la comprendía, que ya no la veía cuando venía de Monterrey por estar con mis amigos”.
Emanuel lloraba desconsoladamente y mientras lo hacía, más sangre brotaba de su pierna. El corazón le dolía al pensar en sus papás.
Llegó un momento en que volteó hacia el cielo y le pidió a Dios que lo dejara vivir… A cambio le prometió no perder más el tiempo, no malgastarlo. “El día que me muera voy a morir hasta el último minuto con ganas de vivir”.
“Cuando yo cerraba los ojos sentía que ya no me dolía, en lugar de sentir frío sentía calientito y sentía que me iba. Mis amigos me tenían que apretar el estómago para que sintiera dolor y me quedara aquí. En ese momento a mí el dolor me estaba ayudando a vivir”, recordó.
Pasaron dos horas para que un helicóptero fuera por él. Lanzaron un arnés, lo amarraron y se lo llevaron. Fue algo impresionante porque estando acostado Emanuel veía pedazos de su pierna en el suelo, hueso, sangre.

LOS MILAGROS EXISTEN
Emanuel fue llevado a un hospital donde no lo atendieron porque pensaron que no tenía gastos médicos. Lo subieron a una ambulancia y lo llevaron al IMSS. Había sido mucho el tiempo perdido y llegó con menos de un litro de sangre.
“Se supone que era muy difícil por no decir otra palabra, que yo me salvara y gracias a Dios me pudieron salvar. Ahí tomaron la decisión de cortarme la pierna, primero hasta debajo de la rodilla, luego se me infectó y me fueron cortando más”, destacó.
Lo primero que vio al llegar al hospital y estar dos días inconsciente fue a su mamá. “Me dice mi mamá sabes lo qué te pasó, le digo sí, me cortaron las piernas y me dice no, nada más te cortaron una. De verdad ha sido una de las mejores noticias porque pensé que habían sido las dos. Ahí tomé la decisión de vivir con una sola pierna para estar con mi familia”, dijo.
Para Emanuel es lamentable cómo muchas veces no valoramos lo que tenemos. La vida, la familia, la salud.
“Lo más fácil fue lo que me pasó arriba de la montaña. Sobrevivir cualquiera lo hace, pero vivir con lo que sigue, no”.
Fueron seis meses que permaneció atado a una cama en una sola posición porque tenía un fijador pélvico. Le hicieron más de 23 operaciones.
“El mejor momento de mi vida era cuando me iban a operar porque me anestesiaban y podía descansar. Anhelaba dormir sin dolor. Recuerdo que mi papá siempre estuvo conmigo tirado en el suelo pidiendo que se me quitara el dolor. Es algo que no olvidas, ver a tu familia destrozada económicamente, sufriendo, sin comer y queriendo hacerse los fuertes es algo que te marca”.
Después de un año salió del hospital, pero debido a que mucho tiempo estuvo con morfina, esta causó daños a los riñones y lo tuvieron que operar. Se hizo adicto a esta droga y tenía que dejarla pese a la necesidad que tenía de tomarla.
Luego vino un problema nervioso en su pierna que le ocasionaba un dolor insoportable.
“Salí del hospital y lo primero que dije fue Señor gracias por este sol. Tenía un año sin sentirlo”, recordó.

ACTITUD Y FAMILIA
Emmanuel se repuso gracias al apoyo de su familia y a la actitud que mostró pudo superar todo lo que después vino.
Su testimonio de vida lo ha llevado a innumerables personas a través de las 400 pláticas nacionales y dos internacionales que ha dado.
Soñaba con ser jugador profesional de futbol, no lo logró, pero a cambio, Dios le dio la oportunidad de convertirse en atleta de deporte adaptado. Ha tenido la oportunidad en dos ocasiones, en el 2013 y 2015 en ser seleccionado nacional y tener el orgullo de ser el capitán de la Selección Nacional de Amputados.
Tiene en su cosecha dos copas América y el campeonato en Costa Rica con su equipo Tigres. Logaron vencer a selecciones.
Este año viajará a Toronto a participar con la selección y el próximo año a un mundial en Rusia.
Practica también crossfit, escalada deportiva y atletismo. Es papá de una niña de un año un mes y su esposa Alejandra Tovar e hija Paulina son su motivación para seguir avanzando.
Actualmente cuenta con la Asociación Manos de Acero que apoya a personas con alguna discapacidad, la cual fundó en cuanto salió del hospital tras sufrir su accidente.
A través de esta asociación se ofrecen prótesis y apoyo psicológico mediante la suma de ocho personas voluntarias.
Su frase es: “Disfruta tu día como si fuera el último de tu vida, pero prepárate como su fueras a vivir 100 años”.