Por Miguel Kury

Si crees que el emprendimiento es algo innovador y propio de los millennials, te equivocas. El ser humano ha buscado el cambio, la innovación y ha explotado sus oportunidades desde el origen de los tiempos. Desde los comienzos de la historia el ser humano ha trabajado para procurarse un sustento, siempre buscando mejores formas de hacer sus tareas y cubrir sus necesidades, mejorando así su calidad de vida: esta característica nos distingue de los otros seres vivos y nos coloca como la especie dominante, al menos en este planeta.

Emprender significa iniciar, explorar, promover, organizar, tomar riesgo y crear nuevas formas de cubrir las necesidades propias o de nuestra comunidad; y a la vez estas nuevas formas, generan nuevas necesidades que también buscamos cubrir, convirtiéndose así en un circulo virtuoso que es la base de la evolución de la especie humana.

Un repaso a la historia nos aglutina nombres de muchos emprendedores que en sus respectivas épocas buscaron nuevas formas de hacer las cosas logrando avances importantes en muy diversas áreas del quehacer humano. Sócrates, Platón y Aristóteles los grandes pensadores de la antigüedad que le dieron contexto y sentido al ser humano. Alejandro Magno (discípulo de Aristóteles) el primer gran conquistador que traspaso fronteras logrando la primer “globalización” registrada en la historia, conquistando y creando ciudades algunas de ellas sin el uso de las armas, su figura y legado han estado presentes en la historia y la cultura a lo largo de más de dos milenios.

Los mercaderes fenicios fueron pioneros en eso de hacer negocios. Recorrían todas las regiones posibles del Mediterráneo comercializando sus originales productos y poniéndolos “de moda” en muchas regiones. A la vez, los fenicios fueron la primera civilización en utilizar un alfabeto y lo hicieron principalmente para dejar constancia y comunicar los acuerdos de sus reuniones sobre estrategias comerciales.

El desarrollo humano se aceleró alrededor del siglo XV, plagado de descubrimientos e inventos: la imprenta de Gutenberg, los inventos y obras de Leonardo Da Vinci, las leyes de Newton, los descubrimientos de Galileo Galilei, entre muchos otros emprendedores de ese tiempo que exploraron, buscaron alternativas, entendieron buena parte de la ciencia, tomaron riesgos y crearon nuevas alternativas de productos, servicios y hasta de pensamiento.

El siguiente gran cambio en la historia se da con la revolución industrial, la cual se gesta a partir de la innovación que realizara James Watt a la tradicional y rudimentaria máquina de vapor de Newcomen. Convirtiéndola así en la piedra angular de la generación de energía mecánica y por ende de la industrialización de muchas actividades, sustituyendo para siempre el empleo de las personas en un sinfín de actividades. Durante la revolución industrial se vivió la mayor transformación tecnológica, económica y social que el ser humano había experimentado en la historia; en esta época se pasó de una economía rural basada en la agricultura y el comercio a una economía de polos urbanos, industrializada y mecanizada. Donde las personas pasaron de los campos a ser operadores de grandes engranajes de procesos tanto industriales como administrativos. Los grandes emprendedores de esta época fueron personajes que vieron en el cambio una oportunidad y decidieron apoderarse de ella: el petróleo de Rockefeller, el acero de Andrew Carnegie, la energía eléctrica de Thomas Edison y Nikola Tesla, el genio empresarial y financiero de JP Morgan, la industria masiva de Henry Ford.

Así llegamos a nuestra época, plagada de avances tecnológicos que trastocan todos y cada uno de los sectores y actividades del quehacer humano. Desde los años de la revolución industrial no se había vivido una revolución tecnológica y social tan acelerada como la estamos viviendo a inicios del siglo XXI: el internet y los microprocesadores llegaron para desplazar y evolucionar para siempre muchas de las actividades tradicionales del ser humano, tal y como en su momento lo hizo la máquina de vapor de James Watt.

En los últimos años han desaparecido muchas profesiones, otras simplemente se han transformado, provocando que muchas personas perdieran su forma de vida. En esta época todo el conocimiento sistémico (aquellas situaciones que tienen una respuesta única y las puedes calcular) se programa en softwares cada vez más potentes y fáciles de operar remplazando para siempre el uso de tiempo y personas.

Para ilustrar lo anterior, pensemos en aquellos ingenieros y arquitectos que usaban grandes mesas de dibujo, y utilizaban reglas de diferentes escalas para ir generando sus trazos, que convertían en formas y estos en dibujos de casas, edificios e instalaciones de todo tipo; ahora con los softwares actuales de diseño el mismo trabajo se realiza en una fracción del tiempo. Lo que ha llevado a reducir considerablemente la mano de obra requerida para realizar dicha tarea; por otro lado, ha hecho que los profesionistas se enfoquen en la interpretación y aplicación del conocimiento, más que en la mera realización del trabajo. Cuando existen herramientas que te ayudan y facilitan los cálculos y tareas, ahora el reto consiste en saber aplicar ese conocimiento en el mundo real, para lograr un objetivo puntual, o mejor aún, para resolver una necesidad.

Aquí es donde se vuelve vital redescubrir nuestros instintos emprendedores, que la era industrial ha suprimido por modelos de empleo preestablecidos basados en el dominio de herramientas y la repetición de la mismas. Es de suma importancia promover el espíritu emprendedor dentro y fuera de las organizaciones y con mayor énfasis en las nuevas generaciones, donde tenemos el reto de prepararlos para un futuro que se desconoce, pero donde seguramente podrán desarrollarse y subsistir si tienen un espíritu emprendedor fuerte que los ayude a pensar de manera crítica y objetiva, construir soluciones viables, hacer y mantener relaciones sanas, resolver necesidades y tener la capacidad de materializas sus ideas y proyectos.

Hace un par de años en una conferencia que tuve la oportunidad de asistir de Vivek Wadhwa (emprendedor tecnológico y autor de varios libros sobre innovación) se le preguntaba como deberíamos educar a nuestros hijos ante un futuro que desconocemos, a lo que el respondió de manera categórica: “Love to Learn and Learn to Love”. (Que amen aprender y aprendan a amar).
Definitivamente la más importante habilidad que tendremos que procurar en las nuevas generaciones, y en nosotros mismos, es la CAPACIDAD DE APRENDER Y DE ADAPTARNOS, asumiendo los cambios tecnológicos y sociales como una oportunidad y no como una amenaza. Esa ha sido la base de todos los grandes emprendedores en las diferentes épocas de la historia humana y seguirá siendo fundamental para la evolución de las próximas generaciones.

Todos los que colaboramos en la misión de Workspot Mx, estamos convencidos que el emprendimiento es fundamental para la mejora de las sociedades, no solo económica sino también culturalmente; por lo que estamos comprometidos para provocar el resurgimiento de este espíritu emprendedor.
El éxito solo acompaña a quien se atreve. #atrevete.