El concepto de género deviene de aspectos socioculturales y no biológicos y este puede variar en entornos diferentes.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta las diferencias conceptuales entre sexo y género, considerando que ambas son correlativas y que no pueden entenderse la una sin la otra. Hombres y mujeres son distintos a nivel biológico, pero nos enfrentamos a la construcción cultural del género si partimos de la consideración de una diferenciación de actividades, de roles, de identidades, de posibles espacios de acción, de asignación de oportunidades, de prohibiciones, de habilidades, etcétera.

Por ello, me ha motivado escribir el interés de exponer lo que se entiende por género: el género es una identidad social, una manera de ser y de responder a los estímulos; una forma de actuar, prácticas que distinguen a los individuos en masculino y femenino.

Es así como el género se utiliza para señalar que las diferencias y la asignación de roles entre hombres y mujeres son básicamente construcciones sociales y se convierte en un argumento útil para explicar estas características sociales e incluso se transforma en una herramienta necesaria para la interpretación de la realidad.

En cambio, el “sexo” se refiere a las características biológicas y fisiológicas que definen al hombre y a la mujer. No obstante, hay que recalcar que el diccionario contemporáneo de hoy en día contempla dentro del estudio de género dos concepciones más, las cuales ayudan a incluir otro tipo de identidades. Términos como cisexuales o cisgénero, se refieren a personas cuya identidad de género corresponde con el sexo que han nacido, y transexuales o transgénero para las personas que nacen con una identidad de género distinta a su sexo.

A pesar de que en nuestra actualidad son ya concebidos estos conceptos, la población en general presenta cierta resistencia por entenderlos, pues habría que señalar que dentro del marco heteronormativo no se incluían como tal, tanto como el lenguaje sexista en un sistema patriarcal.

Garantizar la equidad y eliminar las desigualdades no implica simplemente un crecimiento del nivel educativo o la cobertura, sino erradicar todas las formas de manifestación de la violencia en los procesos cotidianos. Seguramente falta mucho para convertir estas ideas en una práctica común en el ejercicio de cada persona. Pero es necesaria una nueva formación basada en el conocimiento y manejo de estas palabras en nuestro vocablo. Esto significa proveer las herramientas necesarias para que, desde un enfoque de equidad y perspectiva de género, se propongan formas alternativas creativas para eliminar el sexismo y los estereotipos.