Poco antes de finalizar la segunda guerra mundial, los países más poderosos liderados por Estados Unidos e Inglaterra, se reunieron en territorio norteamericano para definir el nuevo orden económico mundial de la postguerra. En dicha reunión, se crearon dos instituciones:

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, cuyos objetivos eran: la prosperidad económica del mundo, el aumento de la producción y la generación de empleos. Sin embargo 50 años más tarde la mayoría de los países latinoamericanos que aplicaron las políticas del FMI, atraviesan diversas crisis económicas y sociales, y deben de soportar la injerencia del organismo económico internacional para que paguen sus deudas.

Cuestionándonos sobre: ¿Por qué las naciones de América latina ricas en recursos han llegado a esta situación?, ¿acaso solo han sido víctimas de gobiernos corruptos y administraciones ineficientes?, o ¿Existe un plan diseñado desde los centros de poder para someter a todo un Continente, utilizando al FMI como la herramienta ideal para llevar a cabo este objetivo? En otras palabras “un sistema financiero que busca el equilibrio de sus variables macroeconómicas y la inestabilidad financiera persistente del desarrollo capitalista” tal cual lo menciona el artículo publicado por Alicia Girón sobre el Fondo Monetario Internacional: De la estabilidad a la Inestabilidad, del consenso de Washington y las reformas estructurales en América Latina. Un sistema monetario al cual se le acusaba de ser el depredador de los países del tercer mundo y/o países en desarrollo. Pues si bien, la naturaleza del Fondo Monetario Internacional en sí debe operar para evitar el endeudamiento de un crecimiento desmesurado de fuga de capitales, el FMI debe entonces asegurar la adecuación de las recursos financieros, ya que a pesar de las reformas puestas en marcha desde la crisis financiera mundial, la escala de las crisis financieras y la necesidad de apoyo internacional no eran suficientes para el interés de la economía mundial y el sistema financiero en conjunto.

Su misión ahora, será crucial para las economías de bajo ingreso, en cuanto al apoyo para trabajar con ellos y lograr las metas por el desarrollo de los mismos, en temas como disminuir la brecha de desigualdad por medio de sistemas de crecimiento sostenible en países con mayor inestabilidad política, abrir la inclusión financiera para que el suministro de acceso de servicios financieros no altere los precios de las materias primas o aumente los niveles de deuda, y que el efecto climático que vulnera a los países pequeños impulse a generar una mejor estrategia de respuesta ante los desastres naturales y reducir su riesgo, alineándose con ello a la agenda 2030 propuesta por la ONU dentro de los objetivos de desarrollo sostenible de las naciones unidas.