Ciudad de México.- Pamela “N”, de 17 años, estaba harta del llanto de su hija de un año cuatro meses, por lo que le colocó una almohada en la cara para no escucharla. No se la quitó hasta que el silencio regresó a la habitación.

Aquella tarde del 28 de diciembre la adolescente asfixió a su hija en la vivienda que habitaban en la colonia Covadonga, en el municipio de Chalco.

 

Cuando se dio cuenta de que la niña no respiraba buscó ayuda. Primero fue a un consultorio cercano a su casa, pero no la atendieron. Después llegó a un hospital del Sector Salud, donde le informaron que la niña ya había muerto. Debido a ello se dio aviso al Ministerio Público, que inició una carpeta de investigación para esclarecer la muerte de la menor.

El caso se turnó a la Fiscalía Especializada en Adolescentes, donde la joven incurrió en contradicciones al tratar de explicar cómo su hija se había asfixiado. Finalmente confesó que ella la privó de la vida porque no dejaba de llorar.

Con su confesión y los dictámenes periciales confirmaron que la menor fue asesinada. El agente del Ministerio Público solicitó a un juez librar una orden de aprehensión en contra de la probable homicida, la cual fue otorgada y cumplimentada por policías de investigación en el municipio de Chalco. La menor fue presentada ante un juez especializado en Justicia para Adolescentes, quien la vinculó a proceso y le fijó un plazo de un mes para el cierre de investigación.

Debate