Joyas hechas con leche materna: un boom que llegó a la Argentina

Esta moda llegó para revolucionar los recuerdos que madres y padres suelen atesorar durante el embarazo y la primera infancia de los niños.

Las tendencias impulsadas por los millennial en el último tiempo llegaron para quedarse. Y objetos curiosos y cargados de emocionalidad son sus favoritos. Es en este contexto que en 2002 en Estados Unidos nacieron las joyas maternales realizadas con material genético -leche materna, pelo de bebé, cordón umbilical, placenta, cenizas y los clásicos dientes de leche-, que cuales cobraron rápidamente notoriedad extendiéndose a Europa y que arribaron a nuestro país hace poco más de un año.

Esta moda llegó para revolucionar los recuerdos que madres y padres suelen atesorar durante el embarazo y la primera infancia de los niños. Es así como los clásicos recuerdos -el cordón umbilical seco, un mechón de su primer corte de pelo y el primer diente de leche- se transformaron en accesorios modernos, personalizados y con una fuerte carga emocional.

Este tipo de joyería logró imponerse en el mundo y en las redes sociales, en donde rápidamente se convirtieron en un éxito y comenzaron a cobrar notoriedad de mano de algunos influencers. De hecho, una de sus mayores impulsoras fue la vlogger Estefanía Unzu del canal de Youtube Verdeliss, en donde defiende la lactancia respetuosa y muestra su día a día como madre de seis niños.

Actualmente, en la Argentina hay dos productoras de este tipo de joyas, una en Recoleta y otra en Córdoba. Si bien no son un producto de consumo masivo -se estima que cada productora realizada entre tres y cinco joyas por mes-, son cada vez más los hombres y mujeres que deciden adquirir una de estas piezas, que son elaboradas en diversas formas: anillos, pendientes, colgantes, péndulos, llaveros, dijes, pulseras, entre otras.

Cómo se hacen

“Cada mamá que me contacta con un pedido tiene una historia diferente, pero para todas es algo súper simbólico y especial, porque cada joya es única ya que no hay dos iguales. Tienen un valor emocional muy fuerte y esa es parte de la magia”, asegura la fundadora de Joyas para el Alma, Milena Smith.

Por su parte, la cordobesa creadora de joyas de leche materna Vida Lunar, Morena De Lisi, asegura que el procedimiento mediante el cual se le da forma a estas piezas “es un proceso muy cuidado, siempre elaborado con mucho amor, dedicación y respeto”. En ese sentido, explicó que “a partir de una muestra de leche, pelito, o lo que deseen atesorar, se prepara adecuadamente para su conservación, y luego el proceso de secado, pulido y finalización de la gema dura entre tres y siete días, dependiendo del modelo elegido; queda un producto sólido casi como una piedra, y bello. Pueden ser del color natural de la muestra o con colores agregados, brillos, entre otras opciones”.

Para producir una joya de leche materna se necesitan alrededor de 50 milímetros de ese fluido (indiferentemente si está fresca o congelada), que es esterilizada y encapsulada en resina, de manera que su aspecto queda similar al de una perla. Su color será único y variará en función de cómo sea la leche de cada madre.

“La demora en la realización de las joyas de leche depende del volumen de pedidos, pero para tener un margen pido mínimo un mes de espera una vez que se recibe la muestra”, subrayó Smith y aclaró que “para el resto de las joyas de ADN se tarda cerca de una semana a 15 días”.

Al tratarse de piezas delicadas, deben lavarse con agua y jabón y no los productos habituales para limpiar materiales, pues son muy abrasivos. También debe evitarse el contacto con el calor de estufas y secadores de pelo, y preferentemente no rociarlas con perfumes o químicos.

El precio

Son piezas relativamente económicas, cuyo costo puede oscilar entre los 650 y los 1500 pesos. El valor depende de si llevan el soporte (la pulsera, cadena, etc) en oro, plata o acero quirúrgico.

Si hay una característica que iguala a las productoras de nuestro país y a quienes las fabrican a lo ancho del globo, es que quienes comenzaron a elaborarlas lo hicieron luego de haber atravesado su propia experiencia en la maternidad.

En lo que respecta a sus inicios en la producción de estas joyas, Smith rememoró que fue hace poco más de un año. “Me atraía mucho la idea de una joya de leche, veía fotos de otros países y estaba encantada pero acá creo que había solo una persona que lo hacía”.

“Después fue llevarlo a la práctica, mucha investigación: usé mi leche, el cordón y pelito de mi bebé para practicar”, precisa. “En las redes hay mucha información que no es acertada, por lo que fue prueba y error, me asesoré con laboratorios y fui modificando y perfeccionando el método”, relata.

Mientras, De Lisi afirma que era una idea que tenía en mente desde hacía mucho tiempo, pero que no se había animado a concentrarlo hace poco más de un año. “Sabiendo que estaba cerca el momento de destete de mi segunda hija, quería tener mi propia joya de leche, así que empecé a poner en práctica todo lo investigado hasta ese momento”, indica. “Primero lo hice para mí, después creé la página y empecé a elaborarlas al público”, recuerda.

“Toda esa magia que la naturaleza nos brinda, de alimentar y nutrir a nuestras crías, es algo que nunca vamos a olvidar, pero a muchas nos gusta también recordarlo con una joya especial, única, y llevarla con nosotras, o regalársela a nuestros niños”, asegura De Lisi.