Por muchas generaciones los niños han fantaseado con la idea que su escuela era antes un panteón. Este mito urbano se vuelve realidad en el Jardín de Niños Club de Leones, donde efectivamente existió antes un panteón incluso aún se conserva el histórico arco de entrada al camposanto.
Durante las excavaciones para la construcción de los salones, era común encontrar restos óseos de los primeros pobladores de la ciudad, pero los relatos van más allá a la afirmar que la gente ha escuchado gritos de dolor y hasta el llanto de una niña.

Este panteón fue construido junto con el Hospital Real de los Ejércitos que actualmente es el Museo Coahuila y Texas y en donde la gente asegura haber escuchado infinidad de gritos de dolor además de la extraña sensación cuando caminan por esta área a altas horas de la noche.

De acuerdo a declaraciones de vecinos de este sitio, las historias van desde aparecidos, llantos y quejido.

El Hospital Real de los Ejércitos (Museo Coahuila y Texas) se construyó  en 1804 por órdenes del entonces gobernador de Coahuila, Antonio Cordero y Bustamante, al hacer el hospital se vieron en la necesidad de hacer un panteón cercano que se encontraba precisamente a espaldas del hospital, panteón que en aquel entonces tuvo un costo de mil pesos.

Juan Blackaller cronista de la ciudad, explica que en este panteón de donde visiblemente queda solo la puerta de acceso justamente sobre la calle Aldama fueron sepultados muchos insurgentes y otros hombres, incluso Ignacio Aldama que participó en la guerra de la Independencia de México.

Señala que en la plaza que está situada frente al hospital, se llamaba plaza del hospital, ahora es la plaza Aldama y fue en contra esquina del Museo en donde fusilaron a Ignacio Aldama.

El cementerio se llenó de cadáveres en 1836 cuando se presentó la primera epidemia del cólera, cientos de cuerpos fueron sepultados, incluso hubo una ampliación para acomodar a más gente, hasta que se llenó y se construyó otro panteón en donde actualmente está la escuela El Socorro.

Fue hasta 1948 cuando fue inaugurada la primera escuela del Club de Leones que se realizó con el producto de las ganancias de la Feria de la Nuez y que se construyó en este terreno, en donde antes era el panteón.

Han pasado 69 años desde la construcción de este plantel educativo y a la fecha hay partes que se sumen, incluso Juan Blackaller señala que sigue habiendo cuerpos de bajo de la escuela, pues asegura que ni siquiera se compactó el terreno cuando se construyó el plantel.

Juan Ovidio Rodríguez quien tiene trabajando como conserje del plantel desde hace 28 años, mencionó que hace 13 años o más se construyó la cisterna para abastecer de agua al plantel, se tuvieron que hacer excavaciones y quedaron asombrados cuando entre la tierra aparecieron restos humanos, huesos que durante algún tiempo estuvieron en exposición en el Museo Coahuila y Texas.

En el museo que anteriormente fue un hospital han sido muchas las personas que han escuchado los gritos de dolor, personas enfermas y heridas que se quejaban y esos gritos hoy en día se siguen presentando, pues esto es lo que la gente cuenta.

“Si asustan, incluso desde que uno va entrando al museo se siente una vibra extraña, sientes como que alguien te está viendo y se encierra una energía negativa en el lugar”, señala Alma Hernández quien habita en esta área.

Dijo que su madre le decía que si en el área se escuchaba o se veían cosas extrañas era por los cientos de personas que murieron y que sus almas siguen en pena, esto puede ser porque no descansan en paz, luego de que se construyera la escuela Club de Leones y los cuerpos quedaran ahí mismo.

Juan Blackaller señala que estos mitos son parte de la creencia general de la gente que en el hospital se escuchan lamentos o que han visto aparecidos, es parte de la historia de Monclova.

“Los niños dicen que se escucha una niña llorando en los baños, pero yo no la he escuchado y eso se dice en todas las escuelas, lo que si es que van varias veces que me cierran las puertas de los salones o los baños de manera inexplicable, solo trabajo de día, de noche nunca me he quedado ni me quedaría”, señala Juan Ovidio Rodríguez el conserje del plantel. Menciona que uno de los antiguos veladores que trabaja en el turno de tercera si vio algo, pero nunca quiso decir que, de un día a otro se la pasaba en uno de los salones de la planta alta, incluso se aguantaba para ir al baño por el temor a ver o escuchar algo extranormal.

Estas son versiones de la gente que no se pueden comprobar pero tampoco desmentir, solamente quien ha visto o escuchado algo puede hablar de esto.

Los hundimientos en el plantel son constantes, precisamente por las decenas de tumbas que se hicieron en el panteón, los salones también están en desnivel, el arco de acceso al panteón es muy antiguo, es peligroso, los niños no pueden jugar en esta área porque poco a poco la historia de este lugar se está desmoronando.

Los niños dicen que se escucha una niña llorando en los baños, pero yo no la he escuchado y eso se dice en todas las escuelas, lo que si es que van varias veces que me cierran las puertas de los salones o los baños de manera inexplicable”

Juan Ovidio Rodríguez
Conserje del plantel.