Hace una semana, el congreso local anunció la aprobación arancelaria a la importación de acero, debido a la práctica desleal del acero chino. Sin duda alguna, haber logrado esta extensión arancelaria es un acierto para la competencia de nuestra industria acerera en Coahuila, sobre todo por el contexto de mercado global que a continuación explicaré.
Fue en el año de 1972, cuando China y México establecieron sus relaciones diplomáticas y desde entonces, los vínculos bilaterales se han desarrollado con gran rapidez. Desde este acuerdo de cooperación, China implementa tres medidas de suma importancia para el sector comercial; la primera fue sobre el sector agrícola, con precios duales asignados por el mercado internacional y otros a cargo del Estado, en el sector industrial se crea un sentido por la atracción de la inversión extranjera directa (IED), y políticas de urbanización; la segunda sobre la importancia de los insumos provenientes del extranjero, para un mayor aceleramiento industrial por medio de la aplicación de una política de puertas abiertas; y la tercera medida sobre la colocación de las zonas geográficas específicas divididas en económicas especiales.
Inclusive en los últimos años, ambos países han intercambiado visitas, como las suscitadas en 2013 y 2014, donde se formuló una alianza de asociación estratégica integral, lo que denota un alto nivel de confianza política entre los dos países. Para China, México representa un territorio regional con potencia mundial, un país en vía de desarrollo importante con una economía emergente representativa. Pues si bien es cierto, en temas de comercio, México se posiciona como el segundo socio comercial de China en América Latina, debido a la gran capacidad de inversión de las empresas chinas, se consolida un compromiso por parte del presidente de México para institucionalizar una oficina especial de relaciones económicas y comerciales México – China, en el departamento de Economía de China, la cual estaría encargada de la coordinación pragmática entre los dos países, su mecanismo de cooperación y una estrecha relación entre ambas embajadas y la reforma para el desarrollo. Sin embargo, hay que reconocer que estas dos economías no son complementarias en algunos aspectos, en cierta manera de representar una competencia. No obstante, esto ayudaría a fortalecer el nivel de competitividad en la exportación de productos y el desarrollo de la inversión de las empresas chinas en México. Como por ejemplo en la producción de computadoras, caso Lenovo que implementó su planta de trabajo en el norte de México y ha mostrado resultados satisfactorios en cuanto a ser una fuente nueva de trabajo, aumentando el fortalecimiento de la inversión.
A todo esto, es claro que México visualiza a China como una amenaza, en lugar de enfocarse en las ventajas competitivas que pueden surgir con base en el pronóstico de la economía China para el 2030, donde según la OCDE, la clase media emergente de China, será el factor principal que determinará el nuevo ciclo del cambio social que se producirá en este país.
Aunado a ello, debemos ser críticos en reconocer que México cuenta con otros pactos y alianzas en libre comercio con distintos países, con los que China no ha podido establecer condiciones para introducir su mercado. Por lo tanto, es necesario enfocarse en las nuevas estrategias políticas – comerciales que pueden surgir si China diversifica sus ventas, por medio de tratos empresariales, incrementando su tecnología para impactar de manera directa con México en tema de innovación social, y los lineamientos que México debe de implementar para la importación de productos chinos, por lo que es claro, que para ambos países esto representa una nueva etapa de revelación comercial.