Esta semana se dio otra lesión de una de las grandes estrellas de la liga: El quarterback de los Green Bay Packers, Aaron Rodgers. Se fracturó la clavícula derecha y necesita cirugía. Lo más probable es que no regrese esta temporada. Es la baja más sensible hasta el momento por todo lo que significa Rodgers para su equipo.

Su lesión cambia el panorama del Norte de la Nacional. Green Bay era claro favorito para quedar como campeón divisional. Ahora, las aspiraciones de los cabeza de queso se complican. No tenerlo implica una baja del desempeño total del equipo. La productividad del ataque aéreo disminuirá. Rodgers es de los mejores pasadores de la liga y por lo que vimos este fin de semana, su sustituto, Brett Hundley, esa muy lejos de poder llenar sus zapatos. Esto tiene varias implicaciones. Primero, las defensivas pueden presionar con menos hombres porque Hundley no tiene la visión de juego, inteligencia, brazo, temple, experiencia de Rodgers, lo que lleva a que necesite más tiempo para ejecutar jugadas. Ejercer presión con menos hombres implica que puedes tener a más gente en cobertura lo que a su vez le da un poco más de tiempo a los frontales defensivos para presionar al quarterback; es decir entras un círculo virtuoso defensivo. No hay nada que haga más feliz a un coordinador defensivo que ser efectivo en presionar al quarterback con sólo los miembros de línea. Sin Rodgers, esto es más fácil para los rivales de Green Bay. Segundo, se volverán más predecibles. Tendrán que recurrir más al ataque terrestre, que sea dicho de paso está lejos de ser de lo mejor de la liga, se ubica como el 26 por yardas ganadas, lo que también facilita el trabajo a las defensivas. Además, podemos esperar que la ofensiva de Green Bay esté menos tiempo en el campo, lo que conlleva un mayor desgaste defensivo y con ello, posiblemente, más anotaciones rivales. Rodgers es simplemente demasiado importante para su equipo.

Sin Rodgers en los controles de Green Bay, el Norte de la Nacional se pone bien interesante. No sería descabellado que algún equipo con 9-7 sea el campeón divisional. Los Minnesota Vikings alzan la mano. Hoy tienen un record de 4-2, lo que los ubica en la punta del grupo, empatados con los Packers. Minnesota no es un mal equipo y su calendario se ve accesible como para que puedan aspirar a playoff. Es un equipo bien entrenado y balanceado. Esto se nota cuando su quarterback es Case Keenum, quien es el suplente de Sam Bradford, y siguen siendo competitivos. En el juego terrestre sigue funcionando bien, a pesar de la lesión de su novato sensación Dalvin Cook. La defensa es lo más destacado. Los Detroit Lions también tienen posibilidades, van 3-3. En todos sus juegos compiten, incluso en el de la semana pasada contra New Orleans que parecía una paliza asegurada, pues al medio tiempo iban perdiendo 31-10, hacia el final del juego pusieron las cosas interesantes para que terminara 52-38, lo que muestra que por lo menos no se dan por vencidos. Chicago es el que tiene menos posibilidades. Es un equipo en reconstrucción. Están apostando al futuro con el quarterback novato Mitchell Trubisky, quien fue su primera selección de draft este año y la segunda global. Para poder seleccionarlo tuvieron que negociar con los San Francisco 49ers y dejaron pasar otros buenos prospectos como Deshaun Watson, quien ahora sorprende a propios y extraños con Houston. El proyecto de Chicago no está pensado en que dé resultados esta temporada, pero han dado buenos juegos llevándose un par de inesperadas victorias.

El Norte de la Nacional está abierto por la lesión de Aaron Rodgers. Vikings, Packers, Lions y hasta los Bears podrían llevarse la División. Todavía falta mucho.