La partera de Castaños

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Mi esposo me abandonó por otra y me dejó con nueve hijos y embarazada, eso me llevó a ser partera o facultativa

CASTAÑOS, COAH.-Toda una vida, ayudando a traer vidas a este mundo, a cambio de un poco de comida y dinero, para darles de comer a sus diez hijos, que quedaron a su cargo al ser víctima de abandono de su esposo, del que no quiso dar su nombre.
Originaria del ejido San Lorenzo, sin niñez qué disfrutar, como tampoco adolescencia, Ricarda Quintero Medellín se vio obligada a entrar al mundo de las parteras, más que por gusto, por necesidad de darles de comer a sus hijos.
A sus 93 años, Ricarda tiene una mente lúcida y se acuerda de todo lo que vivió cuando se desempeñó como partera, de las penurias que pasó para sacarlos adelante, pues dice que pese a las circunstancias, nunca le quitó un marido a nadie, nunca cometió adulterio y mucho menos robó. Todo eso se lo agradece a Jehová, que para ella es su Dios, porque la ha fortalecido siempre.
Mi esposo me abandonó por otra y me dejó con nueve hijos y embarazada, eso me llevó a ser partera o facultativa, oficio en el que agarré valor, y fue en el sexenio del presidente de la República Luis Echeverría Álvarez, quien me extendió y firmó la constancia de facultativa, válida por muchos años y que supe aprovechar.
Pero todo tiene un principio y fue un día hace más de sesenta años, cuando acudió a casa de su mamá allá en el ejido para ver a dos de sus hijos, cuando a una de sus sobrinas se le presentó el trabajo de parto y estando tan lejos del auxilio médico, Ricarda se armó de valor y la atendió, fue su primer trabajo como partera, recibir a dos cuatitas, una de ellas, ya murió a la edad de 42 años.
Para entonces, ella tenía 30 años de edad y con doce hijos qué mantener, sin embargo, su trabajo fue reconocido en toda la región, motivo por el cual la buscaban.
Fue el hambre y la necesidad de comer, que me llevó a este oficio sagrado que dejó de ejercer hace apenas seis años, cuando las fuerzas se le acabaron, aún así, los médicos y farmacéuticos la buscaban.
Ricarda, cuenta que recibió muchos cursos para ejercer este oficio, incluso cuando se desmepeñó en el Hospital Regional, el Gobierno perdonaba las deudas de las parturientas, cuando estas eran por cesárea, pero eso era antes, hoy es muy distinto
Incluso las parteras que recibían niños y estos nacían enfermos, ellas se encargaban de atenderlos, incluso de llevarlos al médico aún en los traslados fuera de la ciudad los acompañaba, al igual que a los familiares.
Trabajo divino y duro, a la vez pues le tocaron casos traumáticos, como fue el nacimiento de un niño con los dos sexos y que fue sometido a varias cirugías que afectaron a la familia, al grado de que el padre del pequeño pedía a Dios que se lo llevara.
Su móvil fue su familia, pues esta le dio valor para ser partera y atender en todo tipo de situaciones, por muy complicadas que fueran.
Recuerda que cobraba por un parto desde un kilo de maíz hasta cinco pesos, diez y hasta veinte pesos, pero el caso era que no faltara el alimento para sus hijos.
Los servicios de partera subieron, cuando le entregaron la constancia de facultativa que tuvo en sus manos por muchos años, hasta que en el sexenio de Vicente Fox se la cancelaron, como a muchas, debido a las reformas que implementaron en el área de Salud.
Fue necesario que viajara a distintas partes de la república, para que se especializara y eso le sirvió para perfeccionar la técnica de partera.
“Mi acercamiento con los niños, me hace sentir segura, por eso el día que me muera me los llevaré en el corazón”, al igual que a sus padres, que fueron los que pagaron para darle de comer a sus hijos.
Al decirlo, comenta que tuvo una niña, que se le murió a los siete meses de edad por hambre, pues no tenía para darle de comer y eso fue un duro golpe a su corazón.
Cuenta la anécdota que un día, frente a los jurados médicos, les preguntó que si sabían lo que hacen los niños cuando los expulsa la mamá, y nadie de los presentes supo qué responder, a lo que ella les contestó: el niño desde que nace, comienza a aprender, eso le valió el premio de mil pesos, que le dieron tras reconocer la respuesta como la mas acertada.
Pese a los años vividos, Ricarda no olvida que no tuvo infancia qué disfrutar, que a muy temprana edad fue violada, que su marido era una persona mala, porque la regañaba por todo, nunca le tuvo confianza y solo estaba contento cuando estaba embarazada, pero después, hasta la encerraba con candado para que no saliera, eso era el resultado de la desconfianza que le tenía.
Yo me defendía, diciéndole que no lo quería, por eso lloro mucho, porque no conocí niñez ni juventud, fueron catorce años de matrimonio en los que tuve diez hijos para después quedar sola.
Tuvo una oportunidad de casarse, pero los hijos no se lo permitieron, algo que después entendió sus razones y los comprendió.
Fueron los doctores Aguirre y Daniel, que laboraban en el hospital Regional ya en calidad de facultativa, también se desempeñó en el IMSS, donde la hizo de practicante.
Además, fueron los doctores Guerra, De Lira, De León, Sepúlveda, Leija, por citar algunos, con los que trabajó y de quienes guarda bonitos recuerdos.
A Ricarda le sobreviven nueve hijos, a la fecha vive en casa de su nuera, Santos Rosales Cázares, quien junto con sus hijos la cuidan diariamente, y si bien es cierto, que en su persona es autosuficiente, pues se vale por sí misma, requiere de atención para colocarle el oxigeno, ya que en ocasiones se le dificulta respirar.
Cabe mencionar, que Ricarda Quintero Medellín se ganó el premio a la Mujer de Valor, de manos del Gobernador del Estado, Rubén Moreira Valdez que consistió en diez mil pesos en efectivo y un reconocimiento.