La partida de un hombre bueno, despiden a Don Jacobo

Entre tristes rostros y lágrimas son contadas las anécdotas de Don Jacobo Esparza, una persona buena y directa que siempre dio lo mejor de sí

Sus amigos de cabalgatas lo despidieron.
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Un caballo con manchas blancas causó la mayor consternación entre los presentes en el funeral de Jacobo Esparza, ese caballo fue su fiel compañero, reflejaba en la mirada una profunda tristeza, juntos vivieron decenas de aventuras en cabalgatas, ambos eran acompañados de una bocina en la que sonaba la música norteña, uno de los principales gustos de quien perdiera la vida en el trágico accidente.
Don Jacobo Esparza Marrero tenía 61 años de edad, disfrutaba de su caballo, su bocina con música norteña a todo volumen y una pequeña hielera.
Solo Jacobo supo el nombre del caballo, tomó este gusto por su esposa Blanca Olvera San Miguel con quien procreó cuatro hijos, el mayor Joel, Gerardo, Néstor y el más pequeño Jorge.

En los ojos del caballo se reflejaba una profunda tristeza.

“Mi padre fue un hombre duro, pero correcto, no fue una mala persona, siempre inculcó todo lo bueno, gracias a él soy lo que soy”, señaló Gerardo Esparza.
Don Jacobo trabajó arduamente, tenía un taller y gracias a su labor sacó adelante a sus hijos, los dos primeros son médicos, después Gerardo quien es trailero y por último Jorge quien trabajaba con su padre en el taller.
En el taller, era soldador, ahí fabricaba plataformas e irónicamente reparaba todo tipo de tráileres, le trabajó a las empresas más grandes de Coahuila de la Industria del Transporte.

“Peor para mí que soy un operador” señaló su hijo Gerardo consternado en el velorio de su padre en donde estuvieron presentes sus amigos y familiares para darle el último adiós.
Gerardo iba saliendo de Nuevo Laredo hacía Indianápolis, a la altura de San Antonio se enteró de la muerte de su padre a través de una trasmisión en vivo, reconoció las llantas que él había comprado para la camioneta que manejaba su papá, de inmediato y sin pensarlo se regresó a Monclova, el viaje fue eterno.

Don Jacobo tenía nietos a los que quiso mucho, desde hace tres años después de comer en el restaurante “El Rudy” se llegaba la 1:00 de la tarde e iba por sus nieto a la escuela, el pequeño Daniel e Isis, pero el pasado miércoles cuando ocurrió el accidente, por asares del destino no fue por ellos y se tardó un poco más en el restaurante.
Había comido milanesa de pollo con su amigo “El Rudy”, se levantó y se despidió diciendo- Amigo ya me voy- salió del lugar y minutos después se escuchó un fuerte estruendo, era el tráiler doble remolque que se había impacto con su camioneta y ésta con otro tráiler, quedando prensado entre los dos, perdiendo la vida al instante.

Era un apasionado de las cabalgatas.

“La mejor escuela de la vida fue haber trabajado y empezado al lado de mi viejo, sus últimas palabras para mi fueron, te quiero mucho mijo, él fue mi enseñanza, mi motor, mi todo” señaló Gerardo mientras se preparaba todo para llevar el cuerpo de su padre a la misa, después al taller y por último al cementerio.
Rodolfo Mireles Avitia, propietario de tacos “El Rudy”, señaló que desde hace 5 años Don Jacobo Esparza almorzaba y comía a diario en su negocio, se cuidaba mucho, seguía una dieta y en muchas ocasiones llevaba la comida para que se la prepararan, milanesa, pescado al vapor y lo que quisiera.

“Muchos lo calificaban como una persona mala hablada, pero era de buen corazón, ayudaba a mucha gente, era directo, te decía las verdades en la cara, sin duda perdí a uno de mis amigos y uno de mis mejores clientes”, señaló Rodolfo Mireles “El Rudy”.
A diario platicaba que estaba enamorado de su trabajo, siempre tenía una actitud positiva, era alegre, la música nunca podía faltar en su negocio, en su camioneta, en su vida en general.
“Lo que nunca olvidaré era que llegaba y me saludaba diciéndome, mi pinche amigo, Dios lo tenga de su santa mano y aquí pues hay que seguir adelante”, señaló a punto de derramar las lágrimas.