Dacca, 30 ene (EFE).- Abul Bajandar se hizo mundialmente conocido como el “hombre árbol” por las grandes verrugas que cubrían su cuerpo y que le llevaron a ingresar hace hoy dos años en un hospital de Dacca, someterse a diecinueve operaciones, no poder llevar una vida normal y vivir sin esperanzas sobre una cura a su mal.

Abul Bajandar, el “hombre árbol” juega con su hija Jannatul Ferdous en una habitación de la unidad de quemados en el hospital. Foto: EFE 

Bajandar vive en una habitación de dos camas. En una duerme él y en la otra su mujer con su hija, que tiene 5 años y lleva dos sin poder ir a la escuela porque no hay ningún colegio público y no pueden pagar uno privado.

De acuerdo con los médicos del Hospital Universitario de Dacca, la epidermodisplasia verruciforme que sufre Bajandar -una enfermedad de carácter hereditario, pero no contagiosa- no tiene cura y las operaciones solo consiguen proporcionar alivio temporal a los pacientes.

El coordinador de la unidad de quemados y cirugía plástica del centro, el doctor Samanta Lal Sen, dijo a Efe: “Puede que necesite una o dos operaciones más, pero no lo vamos a dejar salir dentro de poco. Estamos incluso planeando darle un trabajo adecuado en nuestra nueva unidad para que pueda ser monitorizado”.

El “hombre árbol” muestra las palmas de sus manos. Foto: AFP

“Realizamos una operación a Bajandar la semana pasada. Habíamos quitado todas las verrugas anteriormente, pero después descubrimos que había desarrollado nuevas verrugas”, añadió.

El sueño de Bajandar, de 27 años, de volver a una vida normal junto a su mujer y su hija se ha ido convirtiendo en una pesadilla, al ver cómo crecían de nuevo verrugas en forma de corteza de árbol en manos y pies, después de un rosario de operaciones.

“Estaba bien después de la que creí que era mi última operación hace seis meses. Al menos, podía utilizar una cuchara para comer por mí mismo”, declaró a Efe desde la cama del hospital.

Aquí posa con su familia, en el Hospital Universitario de Dacca en Bangladesh. Foto: EFE

“Pero ahora vuelvo a sentir dolor. No puedo doblar los dedos así que necesito la ayuda de mi mujer o a veces de mi madre, que me visita ocasionalmente, para comer. No sé si alguna vez estaré curado y volveré a casa o a trabajar”, se lamentó.

Cuando aún no había recibido atención médica, Bajandar requería asistencia en su vida diaria, no podía usar las manos debido a las protuberancias y se vio obligado a dejar su trabajo como conductor, pero su situación ahora es similar a la de hace dos años.

El hombre sufre de epidermodisplasia verruciforme. Foto: EFE

El prolongado tratamiento y la decisión de los doctores de mantener a Bajandar internado también está pasando factura a su familia.

“No tenemos que pagar por nada aquí, pero aún así estamos sufriendo por la larga estancia”, aseguró la mujer de Bajandar, Halima Akter.

Akter pasa los días cuidando a su marido y viendo la televisión en la habitación de dos camas de la unidad de quemados donde se alojan, y come junto a su hija en la cantina del hospital.