La Virgen de Guadalupe, patrona del México

La peregrinación en honor a la virgen de Guadalupe inició pasadas las 13:00 horas en prolongación Juárez para tomar el bulevar Pape al norte

Como cada año, el fervor y la fe a la Virgen de Guadalupe, se mostró por parte de miles de católicos que se dieron cita a la peregrinación en donde las calles de la ciudad se convirtieron en ríos humanos que parecían interminables y en donde todos como uno solo mostraron su amor infinito a la morenita del Tepeyac.
Tal como estaba previsto, la peregrinación en honor a la virgen de Guadalupe se inició pasadas las 13:00 horas en prolongación Juárez para tomar el bulevar Pape al norte y posteriormente entrar a la Zona Centro por la calle Hidalgo.
El recorrido prosiguió por calle Carranza nuevamente hasta Pape para tomar al norte y llegar hasta la avenida Monterrey de donde enfilaron con dirección al santuario de Guadalupe para ofrecer la misma con la presencia de los miles de fieles que este año fueron partícipes de tan emotivo evento.
Durante el recorrido, los cantos en honor a nuestra señora de Guadalupe se dejaron sentir en todo momento, dejando en claro que los mexicanos tenemos la fe en la morenita a quien muchos pedían por su salud, por sus familias, por su trabajo.
De igual manera, la peregrinación tal como sucede cada año, fue más lucida aun con los atuendos elegantes de cada una de las danzas que acompañaron a la virgencita, para ofrecerle todo su respeto y sobre todo su fe por completo.
Niños, niñas, jóvenes, mujeres, hombres, adultos mayores, en fin personas de todas las edades y todas clases sociales se sumaron en uno solo para mostrar ese amor inmenso a la virgen, amor que año con año los monclovenses han mostrado como agradecimiento a todo el amor que la morenita siempre nos ha entregado.
Como en todo México, los fieles guadalupanos salieron a las calles y algunos recordaron que la Virgen ha sido unos de los iconos religiosos mas importantes del país y hay testimonios importantes acerca de sus milagros.

LA APARICIóN
DE LA VIRGEN
Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la Ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre.
Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: «Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo».
De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oir a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.
De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal.
Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.
El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.
Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.
Pio X la proclamó como “Patrona de toda la América Latina”, Pio XI de todas las “Américas”, Pio XII la llamó “Emperatriz de las Américas” y Juan XXIII “La Misionera Celeste del Nuevo Mundo” y “la Madre de las Américas”.
La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.