Estamos iniciando un año. Muchos podemos pensar que Dios nace en Belén y viene a ser el motivo de adornos, escarchas, dulces, regalos y mil cosas buenas típicas de este periodo, por una parte es verdad, pero por otra hay un motivo mucho más profundo y real de este nacimiento.  La realidad es que Dios nació, nace y seguirá naciendo no sólo en Belén, sino en mi propio establo, ¿cuál establo? Mi interior. Y nace porque quiere transformar, reformar, renovar y dejar limpio ese establo que todos llevamos dentro. Sí, establo, no palacio ni salón con alfombra roja, todos llevamos un auténtico establo en nuestro interior.

¿Qué  hay en un establo? Normalmente en un establo no hay rosas, hay lo típico: animales, moscas, pasturas, suciedad propia de éstos lugares. Así, en mi corazón no siempre hay rosas ni olor a nuevo. En mi corazón ha existido o hay desafortunadamente: pecado, rencor, rivalidades, vanidad, lujuria, pereza, gula, ira, avaricia, envidia, soberbia, bullying, mentira, calumnia, difamación, cadenas de watsapp llenas de basura y de comentarios desafortunados sobre conocidos y desconocidos, etc. Y es por esto que Jesús viene a mi establo. A Jesús le preocupa el mal, el desorden, el pecado. Por eso Jesús nace en este auténtico establo, en mi establo, nace porque con su presencia quiere ser frescura, limpieza y darle un nuevo aire a mi interior. Jesús viene a mi establo, reclama mi atención y cuidado con su presencia, para iniciar una renovación interior. Cada año es una nueva oportunidad. Cada año me vuelve a recordar que puedo iniciar de nuevo y ser diferente.

Los finales y los inicios son excelentes momentos para examinarnos. Qué hermosa coincidencia es el fin e inicio de año contemplando el nacimiento de Jesús. Hermosa coincidencia porque me da la oportunidad de terminar e iniciar con la presencia cercana de Jesús. Qué dura es la vida de los hombres sin Dios y qué llevadera es la vida humana cuando se deja que Dios ilumine nuestro interior. La vida sin Dios es una vida llena de acidez, indiferencia, egocéntrica, luchando meramente por lo profesional y el éxito sin sentido. La vida con Dios es una vida llena de normalidad, de aceptación pacífica de las cosas como van llegando, una vida llena de luz y siempre de motivación e ilusión hacia delante.

Te invito a reflexionar en tres puntos:
1. Dios viene a mi establo y quiere que examine cómo está mi relación con Él. Que examine hasta qué punto me interesa. Si soy de los que se dicen no creyentes por comodidad pero ante un problema sí me acuerdo que existe. Jesús quiere que examine qué lugar ocupa en mi interior, qué lugar ocupa frente a otros dioses en minúscula a los que me postro muchas veces a adorar y alabar, dioses como el dinero, lo material, otras personas, títulos o puestos que simplemente pasan… recuerda, todo pasa menos Dios.
2. Dios viene a mi establo y quiere que examine cómo está mi relación con los demás. Jesús quiere que piense si he tratado a los demás como a mí mismo. Esto supone que yo me he tratado como hijo de Dios y por consecuencia trato a los demás de la misma manera. Pensemos en el tema de la lealtad: ¿he traicionado la confianza de alguien?, ¿he hablado a las espaldas de los que digo que son mis amigos?, ¿he quemado a otros y escalado puestos a costa de lo que sea?, ¿he usado con responsabilidad los medios electrónicos y aplicaciones del momento, aprendiendo a respetar la persona de los demás especialmente de los más cercanos a mí?, ¿he salido en defensa del honor de alguna persona y he sido capaz de reconocer que me equivoqué sobre apreciaciones de alguien?, ¿he sido presa de noticias baratas e intrascendentes, cuando de personas se trata? Jesús viene a mi establo para ayudarme a madurar, para ayudarme a superar una mentalidad muchas veces adolescente que puede estar llenando mi interior de basura y chisme sin sentido… Jesús viene a iluminar mi corazón, a ayudarme a superar comentarios y vivir realmente desenganchado de todo y de todos; Jesús viene a ayudarme a relativizar las cosas y ver todo con ojos de comprensión, de amor.
3. Dios viene a mi establo a ayudar a analizarme a mí mismo. ¿Qué hay en mi interior? ¿Cuáles son mis ilusiones y motivaciones diarias? ¿Cuál es mi visión de la vida y hacia dónde voy? ¿De qué alimento mi corazón, de pesimismo, egoísmo, ambición o amor? Que importante es que dejemos entrar a Jesús a limpiar nuestro establo, muchas veces lleno de chatarra, de argumentos superficiales, de ambiciones desmedidas, de falta de sensibilidad hacia los demás, de falta de consideración de otros puntos de vista, de cerrazón y afincamiento en ideas de la era paleolítica… no puedo tener un corazón lleno de cosas grises, sino lleno de luz y armonía. Jesús es el único que me ayudará a poner en orden mi jerarquía de valores, mis expectativas de vida y mi estabilidad personal. Jesús es el único que me garantiza la auténtica paz y la verdadera conversión de corazón. La conversión no es de un momento es una actitud cristiana de todos los días.  La conversión es el vivir en pie, buscando cada día ser mejor, diferente respecto al día de ayer. La conversión es aprender a dejarme de ver a mí, comenzando a ver a Dios y a los demás como verdaderamente importantes y necesarios en mi vida.

Jesús quiere iluminar tu corazón, ese lugar interior que puede ser un auténtico establo, con diez candiles que te ayudarán a mejorar tu relación con Él, con los demás y contigo mismo, diez aspectos que no te da ni el mundo, ni el whatsapp, ni el snapchat, ni nadie, sólo él: crecimiento en tu vida espiritual, estabilidad en tu vida emocional, seguridad en la toma de decisiones, sentido de humanidad con los demás, buenos modales, ética, respeto, sentido común, integridad y amor.

Dios viene a mi establo. Jesús irrumpe en mi establo para convertirlo en el cielo. Nunca había estado tan cerca el cielo de la tierra como aquél día nada lejano del nacimiento del Señor. Nunca ha estado tan lejos el cielo de mi establo como hoy que Jesús se presenta a la puertas de mi corazón, tocando y pidiendo entrar respetuosamente a ayudarme, a renovarme, a restaurarme. Necesitamos urgentemente de Jesús. La visión que Jesús nos proporciona de la vida es una visión equilibrada y serena, alejada de derroches y excesos; una visión de amor y comprensión, alejada de competencias y comparaciones desgastantes e inútiles; una visión real y de ubicación, alejada surrealismos y falsedades. Dejemos entrar a Jesús en nuestro establo, seamos lo suficientemente humildes para aceptar que lo necesitamos y que no podemos seguir hinchando nuestro egoísmo de realidades alejadas de lo verdaderamente humano. No dejes que tu interior sea un establo lleno de animales y suciedad, deja que Jesús lo transforme en un lugar hermoso, lleno de luz, de limpieza, de armonía, de orden, de amor y de paz.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.