LAS CARTAS SOBRE LA MESA

El mejor ejercicio es caminar

El Papa Francisco nos invita a seguir el ejemplo de los magos de Oriente, sentirnos empujados por la fe a buscar a Dios en los lugares más escondidos, con la convicción de que allí nos espera el Señor. Una excelente propuesta del Papa; te invito a que el mejor ejercicio de este año sea el caminar. Aprendamos a caminar hacia Dios. Aprendamos a caminar hacia el prójimo. Aprendamos a caminar hacia nosotros mismos.

Caminemos hacia Dios. Tenemos que aprender a encontrar a Dios en los caminos polvorientos de nuestra vida. El vivir con una actitud de constante búsqueda de Dios nos llena de esperanza. Dios no solo es promesa, sino esperanza de cosas reales. Los discursos y las propuestas de Dios no son falacias humanas, son hechos y actos concretos de salvación hacia mí, hacia todos los hombres. La actitud de camino hacia Dios, de inquietud positiva por buscar la verdad, como los magos de Oriente, nos permite despejar dudas y encontrarnos con la verdad que llega a iluminar nuestra razón tan limitada. Dios conoce nuestros anhelos y las inquietudes más profundas de nuestra existencia, como la búsqueda de amor y felicidad, por eso constantemente nos está llamando como a los magos de Oriente, para darnos el regalo de la alegría, la alegría de sabernos amados y tomados en cuenta no por los hombres, sino por Dios nuestro creador.

Caminemos hacia los demás. Si contemplamos ahora en la Navidad y en este periodo cómo Dios se hace niño para estar más cerca de todos los hombres, no podemos nosotros hacer caso omiso a esta actitud de Dios. La actitud de buscar estar cerca de quienes nos necesitan, la actitud de encontrarnos de quienes están alejados y esperan una señal. La actitud de caminar a buscar al que está perdido y tratar de ayudarlo, de acompañarlo. Caminar en este 2018 es un reto para todos, un reto de encuentro con quien esté abierto a escuchar cosas buenas, a recibir afecto, a recibir cariño. Dios en Belén es fuente de cariño, de ternura para todos los hombres, para que los hombres aprendamos a sembrar esto entre nosotros.

Caminemos hacia nosotros mismos. Dios nos invita a caminar y entrar en nuestro interior. A analizar nuestras intenciones más profundas. Dios quiere que seamos promotores de paz y concordia, en un mundo tan lastimado por la discordia y la competencia. Dios quiere que seamos puentes, puentes en un mundo saturado de mentira, deshonestidad, corrupción, muros y división. Tenemos que caminar hacia los hombres, tratando de sembrar una visión de hermandad y bondad. Para eso, primero tenemos que vaciarnos de todo aquello que impida que seamos constructores, no puedo ser una persona que divida, sino una persona que construya. El Papa Francisco nos invitaba a ser cada cristiano “un taller de paz”, un taller donde broten iniciativas, ideas, y acciones concretas emanadas del corazón que lleven a los hombres a verse como hermanos.

Caminemos cuidando a las familias, cuidando la armonía matrimonial, cuidando el don de la vida, cuidando la apertura que tiene que existir entre todos. Que en las familias se aprenda a caminar hacia el perdón, hacia la comprensión, hacia la concordia. Que en las familias exista menos competencia, menos aparentar, menos vanidad. Que las familias se edifiquen en los valores de Belén, donde sobre todo se dé la oportunidad de que Dios viva en ellas. Caminemos como familia al encuentro de Dios, a la renovación de los valores, a tirar todo lo que exista de chatarra en nuestros hogares. Caminemos como familias a leer y meditar todos los días en la Palabra de Dios, que el empaparnos de la lectura, meditación y estudio de la Sagrada Escritura sea el mayor vicio de nuestros hogares, porque en ella encontraremos luz para reforzar los vínculos, afianzar el amor y recuperar el camino perdido. Que la Biblia sea el libro que nos acompañe en el ejercicio cotidiano de este caminar.

Nosotros que nos sentimos fuertes y seguros, necesitamos caminar constantemente como los magos de Oriente hacia Belén. Hacia el Belén de nuestro corazón y contemplar a ese Niño que nace humilde e indefenso, frágil y pobre, y desde esa cueva se realiza el cambio más honesto que ha existido en la historia del hombre. Dios que se hace uno como nosotros, renueva y restaura nuestras realidades con su amor, empapa con su ternura nuestra dureza, y nos traza una manera nueva de vivir, de convivir y de existir entre nosotros.

Camina lejos y aprende a huir de los caminos de discusión que te llevan al enojo. Aprende a huir de los caminos de gente que deliberadamente te minimiza y no te ayuda a ser mejor. Aprende a huir de los caminos de cualquier pensamiento que reduce tu valor como persona, te lleva a vivir deprimido y sin motivación alguna. Aprende a huir de los caminos de los fracasos y temores que paralizan tus sueños, por miedo a equivocarte sin la ilusión de seguir luchando. Aprende a huir de los caminos de la gente que no se interesa en ti y es oportunista, de la gente falsa y prepotente. Aprende a huir de los caminos de las cosas que envenenan tu alma, que te alejan de Dios, si aprendes, tu vida será más feliz. Camina hacia el amor, la paz, la amabilidad, y la benevolencia. Camina durante el año hacia la casa de Dios, acércate a adorarle en espíritu y en verdad. Que Dios nos ayude a todos a caminar diariamente en la dirección correcta, que caminemos, como los magos de oriente, hacia Él.

Santa  María  Inmaculada, de la Dulce Espera,  Ruega  por nosotros.

P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey
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