Las cartas sobre la mesa

Charlie Gard, muere por decreto y no vive por amor

Siempre será un peligro legislar a favor de lo peligroso. Nadie aprueba el poder cometer un delito o un asesinato en la calle. Nadie aprueba el poder golpear y robar en la calle. Nadie aprueba el poder hacer algo absurdo en público que lastime a los demás. ¿Por qué en el campo ético y bioético sí se aprueba lo antinatural, lo inhumano? Se abre nuevamente un fuerte debate ético y una fuerte confusión pública sobre el derecho a decidir sobre la vida de los demás. La ley, sobre la decisión de los padres o familiares. El hombre no puede morir por decreto, tiene que vivir por amor.

La prensa internacional, en estos días, ha hecho eco del trágico suceso de Charlie Gard, donde se ha evidenciado la valentía de unos padres que han sabido decir: “No a la ley y sí al amor” y de una ley que ha dicho: “No a los padres y sí a la muerte”. El bebé británico que muere desconectado de 11 meses a causa del síndrome de depleción de ADN mitocondrial, enfermedad que no le permitía estar generando suficiente energía para el mínimo funcionamiento de sus órganos. Hemos visto cómo la opinión de sus padres dispuestos a luchar hasta el final fue truncada; el llamado a ser éticos, humanos y la ayuda ofrecida tanto por el Papa Francisco, el presidente estadounidense y miles de instituciones médicas fueron totalmente vanas. Asistimos con dolor a un asesinato público, un escenario vergonzoso, una situación dolorosa no para una familia, sino para todos los seres humanos. Nuevamente la esperanza fue pisoteada.

Se me vienen al corazón algunos casos del pasado reciente, como el de Gosling de 70 años que asfixia a un enfermo por evitarle el seguir sufriendo duramente, en su momento fue detenido en Inglaterra y después puesto en libertad por considerar ético aquel acto. Otro caso muy debatido en España fue el de Ramón Sampedro, el tetrapléjico que, ayudado por su amiga Ramona Maneiro, ingirió una dosis letal de cianuro mediante la cual ciertamente quedó truncado el sufrimiento pero quedó evidenciado que no existe una “muerte digna”. Y cómo no recordar el caso de Terri Schiavo, en Estados Unidos, la mujer que estuvo en estado de mínima conciencia y terminó muriendo después de 14 días de agonía y sin alimentos, tras una orden judicial de un magistrado de Florida que, a instancias de su marido, autorizó la desconexión de la sonda que la alimentaba e hidrataba. Podríamos seguir con una lista de casos que nos han llevado a reflexionar y nos han asustado, parece que no han sido suficientes para legislar a favor de la dignidad y de los derechos naturales de cualquier persona.

Muchos sectores antivida y proeutanasia se siguen aferrando a la terminología confusa en la opinión pública como ‘muerte digna’, ‘eutanasia activa o pasiva’, ‘sedación terminal’, ‘suicidio asistido’, para salir victoriosos legalmente y seguir empujando una serie de aprobaciones antinaturales, antihumanas… ¿Porqué tanto ensañamiento, tanta cobardía por luchar a favor de la vida y de la dignidad?, ¿será que la vida no es negocio, no es rentable? Cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuántos sueños, cuántas esperanzas truncadas en tantas familias por falta de ayuda, por falta de ética, por falta de sentido de humanidad. Esto no solo pasa en los campos de concentración, en las guerras, en los campos de refugiados, pasa en los hospitales, en las casas del anciano mayor de muchos países occidentales que se consideran “desarrollados”… Estamos peor que en la época de las cavernas, por lo menos el hombre de las cavernas tenía un sentido del respeto, de la defensa del dolor, del respeto a la vida y a la muerte de los que estaban a su lado.

Te comparto algunos puntos de reflexión sobre este debate ético:

La aprobación de la eutanasia abre una posibilidad y un abanico peligroso contrario al derecho a la vida. La aprobación de la misma es un fracaso de la humanidad en no tener una respuesta digna y adecuada respecto a los moribundos.

La eutanasia, está constatado, además de crear mucha confusión, empeora las relaciones médico-paciente, familiares-paciente. Creando una nube confusa de decisiones inciertas. Que nunca se nos olvide, al menos a aquellos que nos decimos cristianos, que la eutanasia será casi siempre responsabilidad del que la aplica y no del que la recibe.

La eutanasia lleva a dejar de lado los cuidados paliativos y los tratamientos necesarios para el dolor. Se truncan con facilidad muchas oportunidades.

La eutanasia lastima, fractura y corrompe la ética médica, que consiste en eliminar el dolor y no en eliminar a los pacientes. La eutanasia no cura nada… no es un tratamiento. No se puede decidir sobre si una vida es valiosa o no, el hombre no es una cosa… es una persona.

La eutanasia no es normalmente solicitada por personas plenamente libres, sino atrapadas por depresiones, síndromes o enfermedades muy duras. Muchas veces los familiares deciden y no el enfermo. Muchos pacientes quedan atrapados por su situación y esta “decisión tomada en extremo” sin advertir los demás una muerte de el terror para los pacientes.

La eutanasia no es un derecho humano. Los derechos humanos están enfocados al bien, no a procurarse la propia muerte. El suicidio “asistido” no existe, lo que existe es una “ejecución” de muerte, hay que ser precisos en llamar las cosas como son.

La eutanasia puede llegar a ser contagiosa. Pues una vez que se aprueba y se comienza a realizar, se anestesia el corazón de las personas y comienza verse como normal.

La eutanasia trunca las labores altruistas. Impide el trabajo y la labor de tantas personas que cuidan con cariño y amor a minusválidos, sin necesidad de buscar salidas fáciles a incomodidades.

Como todo, la eutanasia buscará eliminar a los más pobres y los más débiles. Muchas veces se hace por motivos de “necesidad”, se necesitan camas y espacios para atender a otros enfermos…

La eutanasia lleva al hombre a vivir en una laxitud ética… una vez aprobada, es grande el margen para aprobar con facilidad cualquier petición.

Vemos este domingo en las lecturas un fragmento del libro de los Reyes, donde Salomón le pide a Dios: “sabiduría”. Tenemos qué pedirle a Dios sabiduría como Salomón. Sabiduría para de corazón saber gobernar, legislar y discernir entre el bien y el mal. Dios le da ese regalo, un corazón sabio y prudente, antes de riquezas y bienestar, de beneficios personales y prosperidad. Tenemos qué suplicar siempre esto, más cuando esta de por medio la vida de los demás.

La “eutanasia” para muchos es la muerte “digna” para los que ya no son “dignos” de vivir, para los que pensamos que no tienen calidad de vida, parámetros éticos y morales muy cuestionables y subjetivos desde donde se vean. Qué contradicción todo este tema… es un debate que requiere reflexión, madurez y no simplemente una argumentación gratuita. Nos queda mucho por avanzar en defensa de derechos, diría de principios y de valores humanos. El hombre no puede morir por decreto, tiene que vivir por amor.

Santa  María  Inmaculada, de la Dulce Espera,  Ruega  por nosotros.
P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey
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