LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Libertad y verdad, parte 1

La libertad y la verdad son dos nociones clave que resuenan profundamente en la vida de la Iglesia y del hombre de hoy. En la correlación entre estos dos conceptos estamos tocando la base de los principales problemas del mundo actual. La época moderna ha tenido una progresiva ruptura de la armonía entre verdad y libertad. Esta ruptura es muy clara en la contestación al Magisterio de la Iglesia durante la segunda mitad del siglo XX.

A lo largo de los últimos siglos el pensamiento humano, y el hombre en general, ha buscado “liberarse de la verdad”. Cosa imposible, sin embargo vemos que la mentalidad dominante desde el siglo XX no reconoce que la verdad sea absoluta, en cambio, sueña con una libertad absoluta. La libertad humana en realidad no es absoluta; la libertad humana es limitada y debe realizarse según la verdad del hombre, la verdad que le es dada. Pero se escucha la opinión generalizada de que “no hay verdad”, y a la vez nadie deja de querer ser libre.

La libertad, entendida ante todo como poder hacer lo que a uno le da la gana, es lo que pide y exige el hombre de hoy, y los charlatanes con poder le prometen las condiciones para vivirla. Sin embargo poco a poco el hombre postmoderno empieza a dudar de estas promesas de la libertad. Está desilusionado, porque desde la Ilustración ya muchos pensadores le prometían lograr la libertad por medio de una vida según sus recetas, y nada funcionó. Se intentaron implantar las grandes propuestas racionales de nuevos sistemas sociales y ninguna fructificó con la libertad esperada: ni el liberalismo, ni el comunismo… Parece que nadie tenía la razón. Ya se desconfía de la razón, se ve que no existe un sistema ideal. Por tanto surge la duda de si es posible lograr la libertad que se espera. Unos quieren ser como dioses creando su nuevo ser y su libertad, otros rebajan el gran significado de la libertad a algún sentimiento vago y buscan escape en pseudoreligiones sin fundamento racional. Y están también los que con la fe conocen la Verdad del cristianismo y están convencidos de la posibilidad de la verdadera libertad.

Ciertamente la sola razón humana no ha sido capaz de satisfacer con sus construcciones los altos deseos de la libertad que tiene el hombre. Aquí se abre el campo de las religiones, porque las grandes religiones suelen contener una promesa de libertad. Aunque no negamos que la razón humana sea capaz de la verdad, sí es menester insistir que nos abrimos a la verdad plena sólo gracias a la iluminación de la fe: fe que es adhesión libre a la verdad revelada. Hay solo una verdad, y aunque todas las grandes tradiciones religiosas guardan valiosos tesoros de la verdad, esa “verdad que nos hace libres”, es preciso buscarla en la religión que posee la plenitud de la Verdad: el cristianismo.

El problema de la libertad del hombre se ilumina con Cristo y con los misterios de la fe. Dios es la Verdad, es el Logos, Él ha creado al ser humano, y por tanto la verdad del ser humano y el orden de la comunión de libertades humanas vienen de Él. Ha creado al ser humano libre, y, el creador de la verdad del ser humano se hizo Hombre; se encarnó y quiso vivir con la libertad humana limitada. Nos dio ejemplo de cómo vivir libremente y construir la libertad en este mundo. Y Él, Jesucristo, es quien nos redimió con su muerte en la Cruz, y de esta manera nos libertó, nos abrió las puertas del Cielo donde esperamos gozar de la libertad que podemos llamar la libertad mayor, (opuesta a la libertad menor, que sería la que podemos vivir en la tierra, y que también es verdadera libertad humana). Tenemos la libertad de los hijos de Dios. La libertad cristiana es la libertad del pecado y del mal, y es una libertad para amar. Cristo es nuestro gran liberador.

En el evangelio de San Juan Jesús nos dice: “Si permanecéis en mi palabra, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Permanecer en la Palabra es permanecer en Cristo, en la Iglesia, fieles a su Magisterio. Conoceremos la verdad no con una razón humana independiente, sino con las dos alas con las que el hombre se eleva hacia la verdad: la razón y la fe. Cristo no quiere que vivamos de puras creencias culturales, sino que nos adhiramos libremente a la Verdad que nos revela. Fuera de esa Verdad no hay la libertad que anhelemos.

La fe indica la verdad y la libertad se subordina a la verdad. Por eso el pensamiento secularizado y relativista de hoy es necesariamente reductivista. No puede alcanzar la plenitud de la libertad del ser humano. Y esa mentalidad empobrecedora es la que impregnó la cultura y también parte de la teología, filosofía y manera de pensar contemporánea.

Santa  María  Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega  por nosotros.

P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey
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