Locura en el PRI Monclova

Por: Jacobo Pastor García Villarreal

El científico Albert Einstein, autor de la Teoría de la Relatividad, definía a la locura como “hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Eso es precisamente lo que le sucede al PRI Monclova, hace lo mismo cada elección esperando obtener resultados diferentes. Como es predecible, esos resultados no llegan y llevamos ya tres elecciones seguidas para la Alcaldía siendo vapuleados en las urnas. Una justificación simplona es que el PRI Monclova fue arrasado por el tsunami de MORENA. Seguramente esta explicación es esgrimida por los operadores que buscan externalizar la culpa a factores ajenos a ellos. Pero, si eso fuera cierto, no se podría explicar el por qué Manolo, por ejemplo, arrasó en Saltillo, siendo que el tsunami tuvo un alcance nacional. Además, como lo mencioné, llevamos ya tres elecciones y, en todo caso, el tsunami aplica solo a esta elección. ¿Qué es lo que hace la diferencia? Lo resumo en siete palabras que escuché hace algunos años en Medellín, Colombia: “Un buen gobierno hace una gran diferencia”.

Me explico. Siendo yo estudiante tuve la oportunidad de participar en una misión comercial a Colombia, donde visitamos, entre otros lugares, Medellín. Estamos hablando de 1997. Encontramos un panorama desolador. El miedo reinaba entre la población, la gente no salía en las noches, el turismo y otras actividades económicas deprimidas, con el consecuente impacto en el empleo. Además, era ampliamente reconocida la colusión entre el crimen organizado y las autoridades locales, con altos índices de corrupción. Regresé 18 años después, en el contexto del proceso de ingreso de Colombia a la OCDE, y encontré una ciudad totalmente diferente. Transporte público moderno, una nueva red de metro, un teleférico que conectaba a las áreas más pobres de la ciudad con la red de transporte (abriendo oportunidades de empleo y movilidad para la población en situación de desventaja), una actividad económica pujante, turismo e índices bastante aceptables de seguridad pública. En mis reuniones con la comunidad empresarial de la ciudad, la pregunta era obligada: ¿cómo le hicieron para un cambio tan dramático? Me explicaron que en fechas muy cercanas a mi primera visita la situación tocó fondo y la sociedad se organizó para reclamar un alto a la corrupción. Fue entonces cuando vino la frase: “Un buen gobierno hace una gran diferencia”.

Lo que el PRI dio a Monclova en las últimas 3-4 administraciones municipales que encabezó fueron malos gobiernos. Exalcaldes observados en sus gestiones (veánse los reportes de la Auditoría Superior del Estado sobre sus administraciones), acusados de enriquecimiento inexplicable (http://www.zocalo.com.mx/new_site/articulo/podria-ir-a-prision-armando-castro-1437636898), abuso de poder, enajenación de propiedades y conflictos de interés. Hoy, esos exalcaldes fueron quienes encabezaron las campañas del PRI en Monclova y los monclovenses no se callaron su repudio.

La apuesta para la Alcaldía, de hecho, era buena. Postular a una persona joven, con preparación, alejada de esos exalcaldes tóxicos. Se esperaba entonces que pudiera atraer el voto de la sociedad civil y romper la barrera de los 30,000 votos. Pero por más que Lulú era una muy buena candidata, se cometió el error de subirle a estos personajes impresentables a las campañas. Algo similar le sucedió a Meade, cuando se le subía a los estrados con líderes sindicales, políticos y funcionarios vinculados con actos de corrupción. Por más que todos sabíamos que Meade era un excelente candidato, con las mejores cartas credenciales, le pesó enormemente el descrédito de personajes tóxicos que lo acompañaron en la campaña.

Ante esto, el PRI Monclova tiene dos opciones. La primera es seguir con la locura, intentando lo mismo, confiándole a estos recientes exalcaldes su destino y creyendo en un capital político que, ha quedado plenamente acreditado, no tienen. Ya no hablemos de la vergüenza. La segunda es oxigenar al partido y abrirlo a la sociedad, preparando cuadros jóvenes, de sociedad civil, atrayendo nuevos militantes y, ahora sí, intentando algo diferente para esperar resultados diferentes. Y yo les pregunto a los líderes del partido: ¿qué se puede perder intentando algo diferente? El partido está ya bien abajo en Monclova, con tres derrotas al hilo, entonces, ¿qué es lo peor que puede pasar? Lo pregunto porque he escuchado argumentos en el sentido de que entonces estos personajes tóxicos pueden sentarse y ya no trabajar para el partido. Pues por eso señores, eso es precisamente lo que se necesita, desvincularlos del partido. De cualquier forma, cuando no son ellos los candidatos, no hay compromiso y solo jalan agua para su molino.

El optar por la segunda opción no solo oxigenaría al partido, sino que también le daría la autoridad moral para cuestionar en momentos en que es oposición. La actual administración municipal tiene frentes abiertos en la gestión de sus compras y la obra pública pero, ¿con qué cara puede el PRI Monclova cuestionar esto cuando sus más recientes exalcaldes fueron un fiasco?

Ojalá que los militantes del PRI Monclova se animen a reclamar su partido, a exigir su reestructura y depuración, con miras a ser competitivos en tres años pero, sobre todo, a hacer un buen gobierno. Esto no quiere decir que todo lo pasado es malo, hay exalcaldes príistas que son reconocidos y cuya integridad no está en duda. No oxigenar el partido en Monclova implica seguir mermando su competitividad y, sin temor a equivocarme, condenarlo a ya no solo no ser la primera fuerza política, sino ya ni siquiera la segunda.

 

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