Además del poco apoyo que reciben de la Secretaría de Educación, los maestros se tienen que enfrentar al ‘machismo’ de los jefes de familia

Saltillo Coah.- “La vida como maestro rural, es muy difícil… pero para alguien que de verdad tuvo alguna vez el sueño de ser docente y quiso estar allá, es una satisfacción plena”, expresa con una gran sonrisa en el rostro Karla Gallegos, de 24 años de edad.
Ella es profesora en el ejido “El Vallejo”, quien pasa por lluvia, sol y cualquier inclemencia del tiempo en su recorrido de más de tres horas para llegar a la escuela primaria, su “hogar”, donde pasa más de 120 horas.
Recién egresada, decidió afrontar el reto de ser maestra rural, dejando a un lado su familia como hija para convertiste en maestra “multiusos”, pues hace el papel de directora, profesora de multigrado, educación especial, educación física, administradora, cocinera y hasta de mamá de 15 pequeños.
“Nosotros tenemos que prepararnos muchísimo más que un profesor urbano, ya que nos encargamos de toda la comunidad, pero con muchas satisfacciones y aprendizaje con uno mismo”, explica resignada.
Muchas son los sacrificios por los que tiene que pasar la profe Karla, desde el aprender a vivir en una zona rural con cultura machista, sin los servicios básicos como agua y electricidad, hasta el tener que pasar la zona de tránsito por carreta a altas horas, sin ninguna protección.

KARLA GALLEGOS,  MAESTRA RURAL
“Tengo que pasar por terracería, tengo que entrar entre la tierra, es mucha inseguridad y estando yo sola”. No cuenta con red móvil, mucho menos internet, por lo que tiene que caminar por un cerro por casi 30 minutos para poder recibir el manual de trabajo de sus directivos.
“Si necesito ir por algún papel tengo que pedir ‘raid’; me ha tocado viajar con dos hombresdesconocidos”, narra preocupada.
Comenta que uno de los mayores problemas es que no salen preparados para atender a grupos multigrados, mucho menos a realizar tantos cargos y la Secretaria de Educación pública no los apoya con el material necesario, “tenemos que ser autónomos y prepararnos para poder atender a todos (niños)”, dice.
No todo es satisfacción en la vida de Karla, pues lo niños del ejido no continúan con los estudios, “me da mucha tristeza ver cómo todo el trabajo que hago con niños para superarse se va perdiendo, ya que no hay secundaria y lo niños al terminar la primaria ya no hacen nada, se regresan a trabajar al rancho”, narra con un dejo de decepción.
A pesar de que el sueldo es mayor, los gastos y las necesidades lo superan, pues de su bolsillo sale muchas veces el alimento de los niños.
Un caso similar es el de la maestra Selena López de 22 años, del ejido “Benito Juárez”, quien tiene la tarea de enseñar y educar a niños que viven en un seno “machista”, que ocasiona que la profesora no sea vista como autoridad por parte de los padres de familia.
“No nos toman como lo que somos y a veces tenemos que batallar con ellos (padres de familia), para poder enseñarles a los niños y concientizar sobre el apoyo que deben presentar en casa para las labores domésticas”, lamenta.