Tras sólo dos semanas de la presente temporada, las cosas se veían por demás complicadas para los New Orleans Saints. Dos perdidos no era un inicio halagüeño. Parecía que se dirigían a su cuarta campaña perdedora al hilo. En ese momento se veía imposible que ese equipo pudiera tener el record de 8-2 que tienen hoy. 8 juegos ganados de forma consecutiva no es cosa fácil. En retrospectiva sus derrotas fueron contra Minnesota y New England, dos de los mejores equipos de la NFL. Hoy los Saints están en plan grande.

Que la ofensiva de los New Orleans funcione no es novedad. Desde la llegada de Drew Bress en 2006 se volvieron de las mejores ofensivas. Año con año están dentro de los ataques con más yardas por juego. Brees es de los mejores quarterbacks de la liga, está al nivel de Tom Brady y de Aaron Rodgers, que, en general, reciben el reconocimiento de ser la crema y nata de la posición. Brees es de lo mejor que se ha visto en la posición. Sus números lo avalan. Siempre es espectáculo. Ha cargado con el equipo. Canton lo espera.

Brees es la constante. Lo que parece que cambió este año es que New Orleans ya no sólo depende de lo que pueda hacer su ataque aéreo. Este año se ven como un equipo equilibrado. Están como el mejor ataque de toda la liga por yardas por juego con 415.7. La novedad es que el ataque terrestre está sacando la cara. Mark Ingram está demostrando por qué ganó el Heisman y el novato Alvin Kamara ha sido una grata incorporación. Entre los dos conforman un backfield de respeto. Son el tercer mejor ataque por tierra, lo que hasta en años anteriores parecía inimaginable. Tal vez el mayor cambio está en la defensa. Aparece como la 13 que más yardas permite. No suena como algo impresionante, pero en 2016 fue la sexta, en 2015 y en 2014 la segunda. Simplemente las ofensivas les pasaban por encima. Ya no es así. Es el gran cambio del equipo, y por el que están como líderes del Sur de la Nacional.

New Orleans está para ser tomado en serio. Lo que hicieron la semana pasada contra los Redskins merece reconocimiento.

Terminando el tercer cuarto perdían 31-13. En el cuarto cuarto anotaron 18 puntos sin respuesta para ganar en tiempo extra 34-31. Reponerse de una desventaja así tiene mucho valor. Es muestra de la mentalidad del equipo. Y ahora es cuando más la necesitan porque entran a la parte más difícil de su calendario.

Esta semana visitan a los Rams. Promete ser un juego explosivo entre dos de las mejores ofensivas de la NFL. Los Rams vienen de perder y no se pueden dar el lujo de otro descalabro, pues Seattle les pisa los talones. Luego tienen par de duelos divisionales: reciban a Carolina y visitan Atlanta. Están a uno y dos juegos de distancia, respectivamente. Ganar uno de estos juegos es fundamental.

Después reciben a los Jets en un juego que en papel no debería ser complicado, y a la siguiente semana reciben a Atlanta en un juego que en este momento de vislumbra con sabor de playoffs. Cierran contra Tampa Bay.

New Orleans está a gran nivel. No llama tanto la atención como Philadelphia, pero, al igual que los las Eagles, llevan una racha de ocho ganados. No hay que perderlos de vista.