Para “El Demonio”, ni perdón, ni olvido, solo el reclamo de justicia, un reproche ahogado que se pierde en la impunidad.
Al cumplirse un año del asesinato de la pequeña Diana Lizeth, Periódico La Voz visitó el hogar de su madre la señora Blanca Delia Estrada, que tiene muy presente la terrible escena mientras su vida se consume entre el dolor y la impotencia.
“Yo solo recuerdo que al ver a mi hija tirada llena de sangre, una parte de mí también se murió, el dolor es parte de mí, el anhelo de que ella esté conmigo”, explicó.
“Mi gran apoyo es mi esposo y mi otra hija de 20 años, pero no he podido llevar una vida normal, aunque me mantengo trabajando esa es mi única distracción”.
Del “Demonio” el asesino de su hija Dianita no sabe nada, “lo único que quedó establecido por el juez fue el arresto domiciliario por tres años, pero no estoy enterada si lo está cumpliendo y si puede ir a la escuela y al centro de rehabilitación.
“Lo único que sé, es que de la justicia divina no se va a salvar”.

DIANITA ERA UNA NIÑA
NORMAL, INCLUSO MUY SERIA
“Dianita era muy seria, pero no conmigo ni menos con su hermana que era su confidente, no tenía vicios y se enfocaba en estudiar, su única obligación”.
El crimen ocurrió en la Colonia Guerrero, propiedad de Blanca Delia y seis meses antes de que Dianita fuera asesinada la señora Blanca empezó a tener una relación con quien hoy es su esposo.
“Vivíamos dos o tres días a la semana en casa de mi esposo y otros tantos en el lugar del crimen”, recordó que siempre ha tenido trabajos con turnos de primera y por la tarde pasaba las horas con su hija, sin percatarse de alguna situación rara.
Hacía una semana que a Dianita se le había descompuesto su celular, “siempre le marcaba para preguntarle cómo estaba, si había comido, si había llegado ya de la escuela, no había momento en que no estuviera al pendiente de ella, pero en esos días no había cómo comunicarnos y lamentablemente fue cuando la mataron”.

QUERÍA SENTIRSE
PROTEGIDA, POR ESO ERA
NOVIA DEL “DEMONIO”
La relación de Dianita y Javier no era sabida por todos, se enteró tiempo después por su otra hija Paloma, confidente de Dianita, ella le contaba que tenía muchos problemas con él muchacho.
“Siempre le dije a Dianita que no era momento de que ella tuviera novio, tampoco me gustaba como vestía “El Demonio”, menos su apodo, no generaba confianza.

HACE UN AÑO
DE LA TRAGEDIA
Ese 21 de abril del 2016, Blanca llegó a las 5 de la tarde a su casa, trató de abrir la puerta para ingresar y a un lado se topó con el cuerpo de Dianita ya inerte, bañado en sangre, bocabajo.
Se cree que “El Demonio” llegó después de la una y media de la tarde, hora en que Dianita llegaba de la escuela, la puerta en ese entonces no tenía candado, solo la empujó y entró; quería un vaso de agua, pero adentro empezó un pleito con Dianita y bajo los influjos de drogas y alcohol arremetió contra ella dándole 30 puñaladas.
Ese mismo día se hizo su detención, el proceso judicial en torno al asesinato pasó silencioso, lento, lleno de impunidad social porque ante los ojos de la gente la condena para “El Demonio” no fue justa.
Hoy Javier O. purga una condena en el interior de su domicilio, no puede salir, solamente para la escuela y para el centro de rehabilitación al que acude.
A un año de los hechos, el tiempo se quedó congelado, fue una historia que conmovió e impacto a la sociedad entera, quien hasta ahora no puede concebir la muerte de una niña de once años en manos de su novio de trece años.
De estos hechos doña Blanca sólo repite: ni perdón, ni olvido, sólo justicia.

Yo solo recuerdo que al ver a mi hija tirada llena de sangre, una parte de mí también se murió, el dolor es parte de mí, el anhelo de que ella esté conmigo”