‘Por celos mataron a mi hija’

Un arranque de celos enfermizos destruyó a una familia de Múzquiz; hoy siguen luchando por salir adelante; aquí el recuento de los daños

Muy atento Cristian a lo que su abuelita platicaba, en ratos expresaban atención pero de un momento a otro, se entretenían jugando, ellos viven una infancia muy feliz a pesar de la adversidad.
PUBLICIDAD

Tres niños menores de 10 años se quedaron en la orfandad hace cinco años, su padre mató a su madre por celos, los hechos ocurrieron en el municipio de Múzquiz en el 2013; hoy, los tres infortunados hijos tratan de salir adelante, viven con sus abuelos maternos en la Colonia Las Moritas, y a pesar del trauma y que tienen muchas necesidades, son felices.
Alex hoy tiene 15 años, cuando su madre apuñalada por su padre daba los últimos suspiros de vida, él recargó su cabeza en su regazo, en ese entonces solo tenía 9 años; Cristian hoy tiene 10 años, en aquel entonces tenía 5, ese día el niño estaba sin ropa y estaba el clima fresco, se presume que él estuvo en la escena del crimen y se manchó la ropa de sangre.
Ivana, hoy tiene 7 años, en ese entonces tenía un año y ocho meses, ella estaba completamente ajena a la tragedia que les cambió la vida a ella y sus dos hermanos.

Semanas antes de la muerte de su hija y sabiendo de los celos de su yerno, para Doña Raquel la vida ya no fue fácil, pues algo presentía.

A cinco años de los hechos, y tratando de sobrevivir, los niños emigraron un mes después de los hechos a Monclova, hoy viven con sus abuelos, Raquel Sucedo Hernández y Juan Raymundo Maldonado Vázquez quienes como pueden sacan a los niños adelante.
Los hechos fatídicos sucedieron el 10 de Septiembre del 2013, era una pareja ejemplar que acababan de cumplir 11 años de vida juntos, solo semanas antes la familia de ella se dio cuenta de los celos de Antonio.
Antonio Piña Gutiérrez y Mayra Maldonado Saucedo vieron terminada la historia de su amor con la tragedia, ella muchas veces apuñalada por su esposo, nadie sabe lo que en realidad detonó la furia cargada de celos de él hacia ella, pues los testigos solo presenciaron en el exterior del domicilio los últimos momentos de vida de Mayra que salió pidiendo ayuda a la calle.

Relatos que aún son enmarcados con un gran sentimiento que para una madre es difícil de recordar.

Un día, Doña Raquel platicaba en casa con sus hijas Elisa y Mayra, “yo les decía nunca he recibido un golpe de su padre, mucho menos celos, ella (Mayra) me dice: “Piña es celoso” y de pronto le digo a él: “¿Qué pasó Piña? ¡esa no te la conocía!” Voltea, me mira muy triste y me dice: “no sé qué tengo suegra, no sé qué me pasa, la veo hablar con la gente y me da mucho coraje”, y le digo: “¿Por qué Piña? ¡Tú sabes lo que tienes!”, Y me mira muy triste y me dice: “Sí suegra, no sé qué me pasa”, “Busca ayuda Piña, búscala, a mí no me parece que seas mal hombre, busca ayuda, déjamela un tiempo y cuando tantees que ya estás listo regresa por ellos, yo nunca me voy a oponer porque tú no eres mal hombre, busca ayuda, un psicólogo, ahí hay uno en el Caif”, le dije, y solo insistía “no sé qué me pasa”.

Ivana hoy tiene 7 años, es una niña muy inquieta y expresiva, irradia felicidad.

El matrimonio trabajaban juntos en una maquiladora en Múzquiz, de pronto él consiguió un trabajo mejor y dejó la empresa, ella se quedó 15 días más para que le pagaran horas extras y su terminación.
El día que Mayra iba a cobrar su terminación llegó a la casa de su madre, Doña Raquel, ella le preguntó, “¿y Piña hija?”, -esa bicicleta que ven ahí yo se la había vendido a él-, y le dije “¿no me mandó el resto de la bicicleta?” y ella primero me dijo “voy a hacer de almorzar amá porque no les di a los niños” y le dije ándale sí dales de almorzar, de rato voltea y me dice “amá vale más que tú le cobres porque no me dio nada y yo a la casa no regreso”.
“Me asustó y al mismo tiempo me acordé de aquella plática, y le pregunto ¿siguió Piña con sus celos?” Y me dice “sí mami, ya no puedo respirar porqué dice que por quién estoy suspirando”, y le dije lo siento mucho por Piña pero tú a tu casa ya no regresas, rico es el que tiene padres, fregada yo que no los tengo”.
“Se fue al mediodía a cobrar su finiquito y en eso de que ella andaba allá, llegó él, y no era hora de que anduviera fuera de su trabajo, llegó y carga a la niña, la niña tenía en ese tiempo un año y ocho meses”, me dice, “¿qué le dijo Mayra suegra? Le dije “no nada, ¿tenía qué decirme algo?” Y me dijo “no”, cargó a la niña y andaba fuera.

Entre viento y marea, los abuelos se hacen cargo de los tres hijos de su hija Mayra, el otro pequeño también es su nieto, él vive con ellos junto a su mamá, otra de las hijas de Doña Raquel.

“En eso le hablo por teléfono a Mayra y le digo: aquí está Piña” y me dice “ya voy amá estoy haciendo fila para cobrar mi cheque, me dieron poquito, pero ¿qué llevo para la comida?” Y le digo: “pollo hija”.
“Mayra andaba en su bicicleta así que cobró y fue por el pollo, de rato me dice Piña” “me voy a llevar a los niños suegra, le dice a Mayra que ahí voy a estar en la casa”, yo le dije: “Sí está bien”, a mí no me gustaba discutir con él para nada, y pronto le hablo a Mayra y le digo: “Mayra, Piña se va a llevar a los niños y me dice ahí voy ya amá aquí voy en la esquina”.
“Yo no sé qué hablaron atrás de la casa, no sé qué se dijeron, el caso es que de rato ella entró y agarró el chupón de la niña y dice ya nos vamos amá”, le dije: ¡Mayra! ¿Te vas a ir?” Y me dice: “Sí amá, dice que va a cambiar que le de otra oportunidad”, yo le digo: “¡Mayra! ¡Los celos no es una gripa que se quita un día hija! ¡No te vayas!, en ese instante yo sentí algo que suprimía mi pecho pero no lo supe definir”.
Le decía: “¡Mayra no te vayas hija!, tengo miedo, si te llega a pasar algo nadie te va a llorar cómo yo hija!”, “¡Hay amá! ¿Qué me puede hacer Piña?” Le dije “¡No te vayas!, pasó una noche le hablo ¿cómo van las cosas?” y me dice: “bien amá, dice que va a cambiar que le de otra oportunidad, y yo le digo: “¡Mayra! Vente hija, ¿mando por ti? ¿Voy yo?”, “¡No amá! dice que va a cambiar”, le digo “¡Mayra!, no vivo, no duermo, no estoy bien, vente hija”, -le grité-, “¡Ay no amá! Así déjelo”.

La señora Raquel Saucedo relató la pérdida de su hija, y lo que han padecido desde entonces.

El sábado le hablé “Mayra ¡vente hija!”, “No amá”, “era sábado, el domingo me dice: “véngase usted traigáse una olla, sabe que yo no tengo, dígale a Elisa que se venga con el niño, ahí vamos cargando la olla vivíamos relativamente cerca, llegó y le digo: “¿Y Piña hija” “se fue al cuartel amá, estaba haciendo su servicio militar”, “aún a su edad aún lo estaba haciendo”.
“Hicimos el caldo, llegó él yo no noté nada, pensé que en verdad estaba tratando de cambiar”, “¿cómo está suegra?, me dijo él, me saluda de mano, de beso igual a Elisa; yo no noté nada, llegó Perla la única amiga que tenía Mayra, bromeamos y nos fuimos mi otra hija y yo.

-“El martes le hablo, ¿cómo van las cosas? –“bien amá ya no se apure tanto amá, estamos bien”- “le dije bueno”, “en la tarde llega mi esposo y le dije vamos a ver a Maya (así le decía él) y me dice “no, voy a cortar el zacate del patio”, llega una amiga de Elisa con su carrito.
El niño de Elisa estaba muy orinado se mete Elisa a cambiarlo cuando de repente se asoma por la ventana, y comienza a gritar: “¡Mamá! ¡Mamá!” -“Yo pensé que el niño se le había caído, ojalá y hubiera sido eso, le digo: “¿qué tienes? ¿Porqué estás así?” Y me dice: “¡Má! Me hablaron que Piña apuñaló a Mayra” “y le digo ¡no digas eso! Yo sentí algo todos esos días, ¡no digas eso!, me abraza la amiga de Elisa, Enedelia se llama, y me dice vamos Raquel súbete al carro, y le dice a mi esposo súbase Mundo, fuimos ya no la tenían ahí que ya se la habían llevado, y me dice una tía de ellos “hay Raquel y dicen que Mayra ya no tenía vida”, “yo no entiendo hasta el día de hoy, porqué Cristian (el segundo niño de ellos) yo no entiendo por qué no traía ropa y estaba lloviendo, era el 10 de Septiembre del 2013 estaba encuerado, hasta el día de hoy no me ha querido decir quién le quitó la ropa pienso que estaba llena de sangre porque él vio todo, cuando llegamos al seguro, mi hija ya no tenía vida”.

Lo que más le llamaba la atención a Ivanna era ver cuántos minutos llevaba la entrevista de su abuelita.

Con el paso del tiempo, Alex el hijo mayor de Mayra le platica que él iba llegando de la escuela, había mucha gente en su casa iba llegando en su bicicleta, -“era mami la que estaba tirada” y le digo “’¿y luego hijo?”, me dice “Me hinqué y levanté su cabeza guela, Me la puse en el regazo”, le dije “¿y te vio hijo? ¿Te dijo algo?”-“No guela, ya nomás hacía suspiros de aire”, -le digo pues mijo tenga la seguridad que mami se fue dejándole su bendición”, y me dice “¿Sí guela?”, “Sí, y se fue tranquila, sabiendo que se iban a quedar conmigo”, Mayra murió en el regazo de Alex, él apenas tenía 10 años.
Ahora Alex tiene 15 años, está en la preparatoria, y es muy buen estudiante, tiene un promedio de 9.8 está en espera de tener alguna beca que le ayude a continuar sus estudios, de niño admiraba al Chef Oropeza, siempre quiso ser chef, pero hoy, a su aún corta edad, Alex ya cambió de opinión porque asegura el ser chef no tendrá una buena opción laboral, así que ahora quiere ser Ingeniero, podría ser Ingeniero en Sistemas.
El mayor sueño de Alex, es tener una carrera, un buen trabajo y llevar a su familia a una casa más grande y más cómoda, velar porque sus hermanos tengan lo suficiente para estudiar también.

Ivana, la pequeña tenía menos de dos años el día que perdió a su mamá.

Tres meses después de la muerte de Mayra, su esposo, Antonio se entregó a la justicia, le dieron 35 años de cárcel, y le determinaron el pago de reparación del daño por 380 mil pesos, pago que no ha realizado hasta ahora, “El dinero es de los niños, cuando él o su familia paguen quiero que lo depositen en un fideicomiso, mientras tanto yo sacaré a los niños adelante”, dijo su abuela.
La vida no ha sido fácil para la familia Saucedo, pero aun así se mantienen unidos tratando de sacar a los niños de Mayra adelante, para ellos, lo más importante es que puedan tener alimento y educación.
Son una familia con muchas carencias, y a pesar de que han contado con ayuda de personas que llegan a la Colonia Las Moritas a apoyar a las familias del lugar, aún tienen algunas carencias, necesitan todo lo que la gente les pueda donar, viven en la Calle Principal en la casa marcada con el número 136.
Si la gente decide llevarles ropa, Ivana es talla 8, Cristian es talla 12 y Alex es talla 16, ropa, alimentos, artículos diversos, todo lo que sea es bienvenido para esta familia que lo que busca es salir adelante.