Arteaga Coah.-Mis pies se hunden en un blanco perfecto, que refleja miles de destellos cuando el haz de luz de la linterna lo toca. El frío dejó de ser insoportable hace horas.

Ahora lo imagino como un compañero más, un viejo conocido que me acompaña.

Vamos dos, reportero y fotógrafo, caminando por un sendero desierto. No hay huéspedes en las cabañas que nos flanquean. Nadie vino a jugar con la nieve. Los caminos se volvieron peligrosos en el instante que el hielo tocó el asfalto. Volteo al cielo despejado lleno de estrellas. Apenas la noche anterior una tormenta de nieve no nos permitía ver más allá de un par de metros.

Cuando el tripié con la cámara está al centro del camino, ajusto el encuadre, pienso en la luz que usaré para “pintar” los arboles. Oprimo el disparador y cuento en mi cabeza hasta el 30. Camino contra el viento helado que golpea mi cara, aventando flashazos a mis lados. Regreso a la cámara y veo la foto: Hemos sido afortunados en poder ver este espectáculo natural, y más afortunado soy en poder compartirlo.

Estas fotografías se han vuelto para mí el testimonio de mi convivencia con la naturaleza, hacerle frente, y seguir cumpliendo con mi labor de compartir, desde una perspectiva diferente, lo que gracias a mi profesión puedo atestiguar.