El futbol, aunque tiene las mismas reglas en todos los países, se juega distinto en cada parte del mundo. Todo esto gracias a los dueños de los equipos, los presidentes de las ligas y de la pelota. Unos cuantos decidieron adueñarse de las pasiones, lo hicieron al percatarse que era un gran negocio y que algo con tal vehemencia nunca iba a pasar de moda, por ende tampoco a dejar de generar dinero.

Pero aunque en todas las ligas el motor que hace que un balón ruede es el dinero, en algunas se respeta más el deporte y a los que lo practican. A principios del siglo pasado patear una pelota no era considerado como un empleo, los jugadores tenían que tener un oficio y alternar sus tiempos para darse el lujo de jugar futbol.

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Después se percataron que aquello generaba dinero y que podían vivir de ello. En algunos países de América Latina hicieron huelgas, pararon las ligas y todo para exigir que se les tratara como empleados y tuvieran derechos como cualquier otro. Lo lograron, pero aquellos que lo consiguieron deben estar revolcándose en su tumba porque en pleno 2018 se sigue tratando a los futbolistas como monedas de cambio.

Y es que cada liga de futbol tiende a comportarse como se comporta el país en el que habita. Porque “donde fueres, haz lo que vieres”, y el futbol vino a México y se empapó de las peores prácticas y el claro ejemplo de esto es el Pacto de Caballeros que de caballeros no tiene nada. Dicen los diccionarios que un caballero es una persona distinguida poseedora de un código de conducta gentil, atento y solidario. Claramente, la regla de la Liga MX que no está escrita en ningún lugar, de gentileza no tiene nada.

¿Qué diablos es el Pacto de Caballeros?

Aquí vamos… Los dueños de los equipos, volcados por los signos de pesos, decidieron crear un tratado con el fin de no perder dinero en ninguna de sus transacciones. Es decir, yo compro un futbolista, el jugador como es una persona y siente, firma un contrato por tres años, cuando terminan esos tres años, dice la FIFA, el jugador puede irse libremente a cualquier institución que lo desee (como podría suceder contigo y conmigo, simples Godínez) pero en México no, aquí no termina la relación con la finalización del contrato.

Aquí, cuando el jugador termina el contrato y quiere irse a otro equipo, tiene que pedir permiso al anterior para que este se arregle con el nuevo y en el pase se lleve una lana. Por qué en México hay que ganarle a lo que sea. Ni modo que el dueño de un club quiera perder, ¿no?

Pacto de Caballeros Liga MX Futbol Mexicano

Oswaldo Alanís, la más reciente víctima del Pacto de Caballeros.

Así que si que, aún terminado el contrato, el anterior dueño de tu carta sigue siendo quien determina tu destino. “Capta wey, estamos en México”.

El caso más reciente de la Liga MX fue el de Oswaldo Alanís, jugador que terminó su contrato con Chivas y decidió no renovarlo. Grave error, ahí comenzó su viacrucis ya que no pudo negociar con ningún equipo y pasó partidos en la banca, hasta que su situación se arregló (y Chivas necesitaba un defensa). Ahora se habla de que el próximo verano podría salir del equipo, pero ya con el consentimiento de Vergara, todo esto para que el dueño de los rojiblancos pueda recuperar una lanita ahorita que la necesita.

Afortunadamente para los jugadores y desafortunadamente para los dueños, con la creación de la Asociación Mexicana de Futbolistas Profesionales (AMFpro) el mentado pacto está a punto de desaparecer e incluso la petición podría generar una huelga cuando se dispute la última jornada del Clausura 2018.

La batalla es entre jugadores y dueños. Pero cualquier persona con sentido común debe estar del lado de los futbolistas. Imaginen que al terminar su relación laborar con una empresa esta tenga la facultad de decidir su futuro porque les pagó por un tiempo determinado y no quiere perder. Es absurdo.