Queda rogar a Dios por un milagro: Padres de los 43

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«Desde aquí, este día, le pedimos a Diosito que haga algo para que nuestros hijos vuelvan» Don Epifanío Álvarez.
Cuernavaca.- Hay ausencias que duelen hasta el alma, hacen pedir a Dios que el ser querido regrese, rogar por un milagro y más si no se sabe si vive o muere, si ya comió o si tiene sed o frío, si lo torturan o siquiera está bien, la ausencia y la incertidumbre es lo que mata de a poco.

Así pasa con los padres ser los 43 normalistas de Ayotzinapa, van tres nochebuenas, en los que no abrazan a sus hijos y eso indigna, son noches donde la rabia se vuelve llanto, pero también esperanza, por eso recorren el país entero para pedir al Gobierno que se los regrese.

«Nos han destruido, nos han desgraciado la vida» alcanza a decir Don Epifanio Álvarez, padre de Jorge Álvarez Nava, su retoño al que no ve desde hace más de dos años.

El mismo, así con los ojos rojos a punto de soltar una lágrima, le envía un mensaje a los compañeros de sus hijos: «Que sepan que los vamos a seguir buscando.»

Y así a la distancia con un árbol de Nochebuenas detrás de el, les dice: «Que sepan que los abrazamos con todo nuestro corazón.»

Hombre fuerte, moreno, así criado con golpes de la vida, reconoce que este día es para agradecer a Tata Dios por los favores recibidos por ello, ruega por un milagro:

«Desde aquí este día, le pedimos a Diosito que haga algo para que nuestros hijos vuelvan, y para que esa gente mala que los tiene o sabe donde están les ablande el corazón y nos lo regrese o que sean liberados de donde estén. Se lo pedimos con todo el corazón le pedimos ese milagro porque sabemos que el nos escucha y esta con nosotros»

Es en el en el que confía, sabe bien que a casa paso hay que encomendarse porque el da la energía necesaria: «En el pongo mi fe y sabemos que el nos da la fuerza, porque así es y así lo sentimos»

Sus días y los doña Hilda Legideño, mamá de Jorge Antonio Tizapa, estudiante desaparecido se han convertido en el peregrinar de María y José.

Ella sabe que primero Dios, podrá encontrar a su hijo así con un nudo en la garganta alcanza a decir:

«Estas fechas son difíciles, yo creo que una madre es la que más siente a sus hijos pero no por eso me voy a quedar en casa, lo amo y lo voy a seguro buscando, yo creo que si el esta en algún lugar esta esperando a que lo busquemos y lo encontremos»

Hilda, como las madres y los familiares de los casi 30 mil desaparecidos en 10 años solo tiene una petición al primerísimo:

«Le pido a Dios que proteja a mi hijo, que me lo cuide y que lo espero de regreso»

Hasta hoy han pasado 19 mil 680 horas, o 820 días y cada hora y cada día se vuelve una hora de dolor intenso y dejo inmenso en el alma.