La lucha armada revolucionaria (1910-1917) contó con la participación de hombres y mujeres en los distintos grupos, sectores y clases que trataban de dar forma a una nueva nación. Pero, ¿qué significa entonces hablar de la presencia de las mujeres en la Revolución Mexicana? Significa recuperarlas como sujetos históricos que lucharon y participaron en forma comprometida, desde los distintos frentes, en las diversas facciones y etapas del proceso revolucionario.

Con base en los datos proporcionados por Lorena Hernández Reyes, profesora- investigadora de la UNAM, te platicaré los nombres de numerosas mujeres que arriesgaron su vida por los ideales de tierra y libertad.

Las mujeres de la familia Serdán participaron activamente en complots, paso de armas, correspondencia y difusión de noticias: Carmen Serdán, Carmen Alatriste y Francisca del Valle (respectivamente, hermana, madre y esposa de Aquiles Serdán). Por otra parte, Guadalupe, Rosa y María Narváez coordinaron las operaciones en el estado de Puebla, imprimieron y repartieron proclamas, y distribuyeron armas para luchar contra el régimen de Díaz. Estamos ante las primeras colaboradoras del movimiento precursor.

En el caso de las que le entraban a los balazos, la lista es más pequeña, pero se conoce el caso de dos coronelas que, en efecto, tenían gente a su cargo:
Carmen Alanís se levantó en armas en Casas Grandes (Chihuahua) y participó en la toma de Ciudad Juárez con 300 hombres a su mando. Juana Gutiérrez de Mendoza y La China comandaron un batallón formado por las viudas, hijas y hermanas de los combatientes muertos.

En cuanto a las soldaderas: no soldadas sino soldaderas, porque su función estaba supeditada a los soldados. Julio Guerrero en su libro La Génesis del Crimen en México, las describe como tal: “Estas mujeres durante el día no tienen más hogar que la calle; y la cuadra del cuartel en la noche. Sentadas en la banqueta, con el perro a sus pies y el muchacho recostado contra el canasto, forman frente a los cuarteles, grupos que ocupan media calle”.

De esta manera, podemos afirmar que el papel de la mujer no solo estuvo acuñado a las labores del cuidado, protección y salvaguarda que tanto se ha feminizado, sino también tuvieron un rol preponderante dentro de la lucha revolucionaria como capataces y estrategas para la defensa del latifundio.