Este 2018, es un año decisivo para México y se requerirá de la participación de todas y todos. Debido a ello, hoy hablaré de la importancia de la sociedad civil en la toma de decisiones.

Sin duda alguna, el poder de transformación que encierra la sociedad civil, a través de la política deliberativa, como un proceso democrático entre el estado y la opinión pública, de manera que los mecanismos parlamentarios, la concurrencia de partidos y las elecciones, deben ser plataformas abiertas a la crítica de la sociedad, pues esta, será siempre la encargada de vigilar el resto del discurso de aquellos que asumen puestos de representación.

Carl Smith, nos dice que todas las expresiones y los términos políticos poseen un sentido polémico; es decir, tienen presente un conflicto concreto y están ligados a una situación determinada cuya consecuencia extrema es el agrupamiento de la polaridad amigo-enemigo. Por lo tanto, el ejercicio de la coerción dentro de una democracia no está prohibida, y debe ser vista como “un mal menor” que debe utilizarse, tanto en tiempos normales, como en épocas de emergencia. Sin embargo, al ser utilizados dentro de un sistema democrático, necesariamente el gobierno tiene que justificar públicamente las medidas que tomará y estas deben ser aceptadas, además de tener que someterse al escrutinio judicial (Idea de The Lesser Evil).

Así, la democracia se convierte en el valor que debemos cuidar, como un gobierno ciudadano que decide a partir de la discusión pública de los asuntos comunes, en donde el poder es la capacidad de hacer algo con otros, de razonamiento público y ventilación de las diferencias que pueden conciliarse en la esfera de lo común. Esta idea deliberativa de Habermas, que efectivamente es sobre la defensa de la democracia por medio de la toma de decisiones y discusiones. Una democracia que aspire a la igualdad y sea receptora del mérito y del talento, que, al igual, pueda también estimular el conocimiento de los ciudadanos, y se resguarde enfrente del peligro de la mediocridad. Pues, no podemos ser libres si el gobierno que tenemos es derrotado por los intereses parciales, porque precisamente la ética de lo público es la ética de la responsabilidad y la alternativa que tiene el mundo hacia el futuro, es la política con liderazgo, por eso mismo, se buscan liderazgos muy fuertes, pero que sobre todo apuesten por la libertad democrática.

Si bien, la democracia nos enemiga de las elites, entre una minoría gobernante y una sociedad gobernada, es significativo pensar simbólicamente en la democracia como un espacio vacío, donde el poder se presenta como ese espacio en la esfera de lo público y la ciudadanía sea el corazón del proyecto democrático, pues si se entiende a la democracia como una unidad de ciudadanos, quiere decir que cada persona es un portador de derechos y es un partícipe de la toma de decisiones. Saber que mis opiniones son respetadas, y que tengo tranquilidad en la calle y que no voy a ser víctima de abusos y de agravios, es asegurarle la plenitud de derechos al ciudadano.

En fin, la democracia no nos garantiza un buen gobierno, sin embargo, lo que si puede darnos la democracia es ser un instrumento para sacudir los malos gobiernos sin tener que matar a nadie.

Así que veamos ahora, cual será nuestro papel activo dentro del proceso de democratización.