Veía al “diablo” adicto golpeador

Le arrancó el labio a mordidas, además de golpearla salvajemente en la cabeza; Juan Carlos es un adicto bueno para nada

FRONTERA, COAH.- “Aquí está el diablo, aquí me espera”, decía constantemente Juan Carlos Contreras Blanco quien en días pasados golpeó a su madre Manuela Blanco y le arrancó el labio inferior; “Varias veces le dimos quejas a Manuela pero… ¿qué no hace uno por sus hijos?, señala una vecina.
Fue el pasado tres de septiembre cuando Juan Carlos Contreras Blanco golpeó brutalmente a su madre por no quererle abrir la puerta, pues ella presentía que algo malo iba a pasar.
Los vecinos señalan que nunca le había pegado, él es un drogadicto que constantemente estaba tirado en la calle, semidesnudo, bailando con la escoba o con la botella de resistol cinco mil, gritando tonterías.
Ese día, el mal hijo golpeó a su madre en la frente, en el cráneo al parecer con un palo, presentaba heridas en la cabeza y en rostro de 9, 8 , 6 y 4 centímetros, pocos fueron los vecinos que presenciaron esto.
La vivienda marcada con el número 316 ubicada en la calle Mina de la colonia Borja se encuentra abandonada, Margarita Contreras Blanco recogió a su madre y ahora vive con ella en la colonia Las Flores en Monclova.
Los vecinos señalan que Juan Carlos o “Carlitos” como lo llamaban tenía una familia, su esposa y una niña, pero su esposa llamada Hilda lo abandonó, él empezó a salir con una mujer de quien se desconoce su nombre, nunca vivieron juntos, ella vivía a unas cuantas calles ahí mismo en la colonia Borja y un día la mató.

Por el delito de homicidio Juan Carlos fue a dar a la cárcel en donde estuvo varios años hasta hace 8 años que salió, por buena conducta, pues dentro de la cárcel aprendió un oficio con el que se mantenía económicamente.
“Ahí andaba Manuela vendiendonos los cuadros que el hacía en el penal, después ella levantó firmas y salió de la cárcel por buena conducta y hasta se hizo cristiano”, comentan los vecinos.
Cuando salió del penal Juan Carlos acudía a la iglesia cristiana y predicaba la palabra de Dios, se dirigía a sus vecinos como “hermano”, “hermana” hasta que un día dejó de hacerlo.
“Le decíamos vamonos Carlitos a la iglesia, él contestaba que para que, que decía- aquí esta el diablo, aquí me esta esperando y se quedaba tirado en la banqueta”, señaló una de sus vecinas quien se negó a dar sus generales.
Manuela Blanco, su madre trabajaba al parecer como empleada domestica, mientras su hijo se la pasaba todo el día en la calle Mina con la botella de plástico con químicos en la mano, perdía la razón de ser, incluso los vecinos ya le tenían miedo.
dicen que preferían tomar sus precauciones como poner candados a sus puertas pues en varias ocasiones les asustó su presencia dentro de los porches de las viviendas.
“Estuvo muy feo lo que le pasó a Manuela, varias veces le dimos quejas de su hijo y ella se ponía a llorar, sus mismas hijas le pedían que cuando se pusiera loco le hablara a la policía para que se lo llevaran, pero pues… ¿qué no hace una madre por sus hijos?”, comentó.