Hay rituales que hay qué vivir en torno a la muerte, así el pueblo mexicano se prepara por medio de relatos de aparecidos y la exhibición de ofrendas para sus santos difuntos el dos de noviembre. Una tradición milenaria que se ha convertido en una de las más grandes festividades de nuestra cultura.

La fiesta de los muertos es resultado del sincretismo de largos procesos culturales. Sin embargo, es primordial conocer que sostiene los rituales asociados con esta celebración. Pues fue hasta la presidencia de Lázaro Cardenas, que se le atribuye al grupo prehispánico más desarrollado “los mexicas” dicha ceremonia y sus ritos, los cuales habían sido ignorados por más de 300 años de colonización española, un siglo de independencia y diez años más de revolución.

¿A qué viene todo esto?, a entender entonces que la fiesta de todos los santos y fieles difuntos fue rescatada y recreada por medio de costumbres populares coloniales, católicas y/ o romanas paganas, con el propósito de asignarles un nuevo sentido, sin perder el reconocimiento a sus raíces prehispánicas y nacionales.

En nuestro País, antes de la llegada de los españoles cada grupo nativo tuvo sus calendarios festivos dedicados a celebrar la vida y la muerte de todo lo que los rodeaba mientras que los dioses de la naturaleza negociaban sus temores; sin embargo, son pocos grupos los que nos dejaron memoria de su acontecer, más bien fueron los grupos que sobrevivieron a la conquista quienes al ser sometidos por la cultura occidental recogieron algunos de sus cultos pasados, con el fin de que los católicos justificaran los designios de su Dios al conquistarlos. Sobre todo, los mayas y mexicas quienes por medio de los frailes y conquistadores plasmaron sus ritos en anales y códices.

Desde entonces, imaginar la vida eterna en el infierno, y sus tormentos, fue algo que verdaderamente atemorizó por siglos a los católicos, miedo que impregnaron en sus feligreses. Así, el 1 y 2 de noviembre de alguna manera sirvieron tanto para recordar a los ancestros lejanos y cercanos, como para pedir perdón por los pecados, haciendo una reflexión sobre la fragilidad de la vida y la esperanza de resucitar, sin olvidar que “polvo eres y en polvo te convertirás”.

De esta manera, lo que no podemos negar los mexicanos, hoy en día, es que la muerte para nosotros sigue siendo algo muy cercano, familiar y doméstico.