CIUDAD DE MÉXICO.

El repentino cambio de conducta agresiva o antisocial de un niño o un adolescente está relacionado a múltiples factores que pueden basarse en la búsqueda de identidad en ambientes violentos, golpes que generan lesiones cerebrales, adicciones o predisposición genética, así lo advierten especialistas.

Casos como el de Fede, quien atacó con un arma a sus compañeros y luego se disparó en la cabeza en Monterrey, o el de Marco Antonio Sánchez, quien presuntamente fue desaparecido por policías de la Ciudad de México y después fue hallado con un cambio súbito de personalidad, han sido objeto de estudio por su conducta.

De acuerdo con la neurosicóloga e investigadora de la UNAM, Feggy Ostrosky, las lesiones en la cabeza pueden ocasionar síntomas de pérdida de la memoria y noción de tiempo y espacio, como se presentaron en el caso de Marco Antonio, quien fue atendido en el Hospital Psiquiátrico Infantil Doctor Juan N. Navarro.

La especialista señaló que en este caso era importante realizar un estudio neurológico y un estudio de imagen cerebral al menor para determinar si hubo daño a nivel cerebral.

Ostrosky rechazó que el estrés postraumático genere actitudes delictivas en un infante, por el contrario, los síntomas que pueden presentar son ansiedad o repetición de los acontecimientos traumáticos.

“El estrés postraumático no te da esos síntomas. Te da ansiedad, lo que se llama flashback, de repente ves estas imágenes de lo que pasó y te angustias, y comienzas a revivir el momento, eso es producto del estrés postraumático que se puede manejar desde el punto de vista sicológico”, indicó.

La sicológa Nancy Amador Buenabad, investigadora en temas de conducta infantil por el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRF), sostuvo que la conducta de un niño o un adolescente tiene que ver en conjunto con la relación familiar, la búsqueda de identidad y el ambiente en el que se desenvuelva.

“Hay muchas razones en cuanto el origen, pero finalmente al ser multifactorial, hay cuestiones que tienen que ver con los padres, con cuestiones de la búsqueda de identidad, del ambiente donde viven”, consideró.

La especialista enfatizó que la violencia en el entorno se ha normalizado, incluso es un factor que ha generado grupos de pertenencia a los que muchos menores buscan entrar.

“Esta cuestión de pertenencia a grupos es otro de los factores”, lamentó.

Sumado a la baja supervisión, falta de involucramiento con los padres, están documentados como factores de riesgo asociados a prácticas de riesgo antisociales.

Por ello, es necesario en las comunidades y familias la prevención de adicciones y reforzar habilidades sociales positivas de trabajo en sociedad, honestidad, convivencia, buenos hábitos, esfuerzo, respeto y disciplina, como indispensables para los chicos.

PREDISPOSICIÓN GENÉTICA

El 60% de los casos de menores con trastornos está relacionado con predisposición genética de sus familiares; sin embargo, estos padecimientos no se desarrollarían si son atendidos a tiempo o se cambia el ambiente que se desarrollaron en sus padres, advirtió Amador.

“El hecho de que tengas esa predisposición genética no quiere decir que necesariamente vas a tener esa condición, tiene que jugar la situación del contexto para que ese gen se exprese”, informó.

La especialista en conducta infantil indicó que un diagnóstico debe ser integral desde una perspectiva de modelo biosicosocial que comprenda lo biológico, sicológico y social de un paciente.

Algunos casos que han sido atribuidos al aspecto biológico son los de niños que sufren una desconexión del lóbulo frontal con la amígdala, áreas del cerebro encargadas de la conducta y los límites.

En México, cuatro de cada 10 adolescentes que solicitan atención médica mental por primera vez presentan un problema crónico que pone en riesgo su vida o bien, la estabilidad de su entorno familiar y escolar, debido a que padecen desde depresiones severas hasta conductas desafiantes, de acuerdo con estadísticas del Instituto Nacional de Psiquiatría.