“Yayo” Mendoza, un rayado de corazón

Mendoza tiene 13 años de trayectoria como entrenador.
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Un día faltó el portero y su entrenador “Joe” Ibarra (+) lo puso bajo los tres postes. En ese momento, Jair comenzó su carrera, que lo llevó a las Fuerzas Básicas del Cruz Azul y rechazar una oferta del Tec del Monterrey. Hoy forja a niños y jóvenes dentro y fuera de la cancha.

Jair Mendoza es uno de los entrenadores más capacitados de Monclova.

Loren Jair Mendoza López, nació el 5 de Octubre de 1990, es hijo de Laura López y Lorenzo Mendoza, quien es una leyenda del futbol llanero. Tiene 2 hermanas; Laura y Paola.
Cuenta que su primer contacto con el futbol fue de recién nacido. Su padre jugó una final y lo llevó a escondidas de su madre. En el campo, lo dejó encargado con la porra y se convirtió en el amuleto del equipo.
Su padre, Lorenzo, anotó el único gol del partido y se lo dedicó, pero el festejo terminó cuando llegaron a casa.

“Yayo”, como se le conoce, a Jair, creció en la colonia Sierrita de Ciudad Frontera. A los tres años inició a jugar futbol con el equipo Fladin, que dirigía José Manuel “Joe” Ibarra Chacón (+). Se formó como delantero, quería ser como su padre y ganó varios campeonatos de goleo.
Al poco tiempo, su entrenador lo puso bajo el marco, mostró su talento y se convirtió en el portero oficial.

“Me cuenta mi papá que en un principio yo lloraba porque me ponían en la portería. Después jugaba medio tiempo como delantero y el otro como portero. Así jugué una Final en la categoría Biberón hasta que me quedé como portero”, expresó.
Con el Fladin terminó su ciclo hasta la categoría Infantil, luego pasó al equipo Primero de Mayo en la Juvenil y dio el salto a sus once años a la categoría libre del futbol municipal de Frontera. Su equipo fue Real Occidental, de Gilberto “Zurdo” Almanza.

“FUE MI SUEÑO ESTAR EN CRUZ AZUL”
Su estatura de 1.88 metros, agilidad y fuerza captó la atención de “Pin” Morales, visor de la Región, y con apenas 12 años lo incluyó en un Selectivo Juvenil para realizar una gira por Múzquiz, Barroterán y Sabinas.
Tras su gira, participó en una visoría en Fuerzas Básicas del Cruz Azul en la Ciudad de México, se registraron 500 jugadores, superó filtros y sólo quedaron once.
“Es la ilusión de todo niño, jugar en Fuerzas Básicas. Fue mi sueño, estuve en la Noria por 2 años y medio. Me fue súper bien, jugué contra Toluca, Pumas, y equipos de Segunda y Tercera División”, comentó.

Su vida era de su casa a la Noria y viceversa. Diariamente tomaba el tren ligero y el metro para llegar a los entrenamientos, y en muchas ocasiones se encontró con sus jugadores preferidos como el “Conejo” Pérez, Joaquín Beltrán y su gran ídolo “Chelito” Delgado.
Por su talento, recibió la invitación de unirse al Club Atlante, pero era tanto su amor por la Máquina Cementera, que decidió quedarse.
Cuando tenía 14 años, agarró sus maletas, sacó sus ahorros y se compró un boleto de camión a Monclova. Sin decir nada, cerró su ciclo como celeste.

“No tenía la madurez suficiente, extrañaba a mis papás, tenía 2 años sin verlos. En ocasiones pienso, y digo ‘Chingao’, me hubiera quedado, quizás yo todavía estuviera allá y hubiera llegado lejos. Realmente, no me arrepiento, por algo pasan las cosas”, indicó.
Al regresar a su casa, sorprendió a sus padres, quienes lo recibieron con los brazos abiertos y lo apoyaron en su decisión.

Su vida es el futbol y Rayados.

DEBUT EN SEGUNDA DIVISIÓN
Por un momento, hizo una pausa en el futbol y optó por retomar sus estudios, esta vez en el CETis 46. Durante ese lapso, un amigo lo invitó a una visoría de las Panteras Soccer de Saltillo, que participaban en la Segunda División.
No muy convencido, asistió y captó la atención de los visores. De inmediato recibió la invitación y se convirtió en el tercer portero.

Durante un año, se mantuvo al pie del cañón y escaló a pesar que sus compañeros eran 2 años mayores. Y uno de sus mejores resultados, fue vencer al América en la fiesta grande, pero lo mejor fue recibir una beca al cien por ciento de los Borregos de Tecnológico de Monterrey.
Tal oportunidad, lo hizo tambalear, sin embargo, no aceptó para mantenerse con Panteras.
Al finalizar el contrato, regresó a Monclova y terminó su carrera como Ingeniero Mecánico Eléctrico, egresado de FIME.

“NADIE HACEMOS A NADIE”
Su carrera como entrenador inició en unos cursos de verano en el Club Rayados Monclova por invitación de su ex entrenador “Zurdo” Almanza.
El gusto despertó al convivir con los niños más pequeños, fue entonces que se preparó con cursos de talla internacional y nacional como “Futbol a la medida del niño” y Licencia “D” de CONCACAF, incluso se encuentra en trámite la tipo “C”.

“Muchos entrenadores dicen que ellos hicieron tal jugador. Considero que nadie hace a nadie, esto es un proceso y hemos apoyado a jugadores. Debemos de tener los pies bien puestos sobre la tierra”, indicó.

Algunos de los jugadores que tuvo oportunidad de entrenar fueron “Güerito” Ibarra, Edgar Gaytán, David Borrego, José Montes, Fernando Navarro, Sebastián Rodríguez, Nicolás García, Marco Androws y José Castillo, quienes figuraron en Fuerzas Básicas y otros debutaron de manera profesional.
Por si fuera poco, también dirigió a otros equipos como el María Montessori y recientemente el Monclova Country Club.

Cuenta con cursos de CONCACAF.

ESPERO UN SALUDO
Su objetivo a mediano plazo es ganar un campeonato con Rayados Monclova en el Torneo Nacional de la Federación Mexicana, en particular con la categoría 2007.
Hace dos años estuvo cerca, al lograr el cuarto lugar, en el 2019 se colocó en el tercero, y espera cumplirlo en este 2020.
Otra de las metas es graduarse de la carrera de Director Técnico Profesional, no descuidar su vida personal y profesional, pero sobre todo forjar no solo a futbolistas sino hombres de bien.
“Cuando me retire, me gustaría que recordarán bien. No quiero que me agradezcan o reconozcan, solo que me saluden bien, eso significará que les dejé una enseñanza dentro y fuera de la cancha”, finalizó.