‘Yo sólo vengo de paso’

La realidad es que falta empatía con todos los inmigrantes, nos sentimos tan ajenos a los problemas, creemos que nunca estaremos en esa situación.

El lunes pasado un hombre cruzó Monclova a pie. Iba empujando un carrito con su equipaje, ondeando sobre él, una antena con 5 banderas que representan los países en los que ha estado, entre ellos: Estados Unidos, Canadá y México.
El hombre es de Polonia y viene peregrinando desde allá, como parte del ritual católico romano al que se le suman 22 peregrinos más. Su viaje finaliza en la basílica de Guadalupe, en la ciudad de México, este recorrido según el credo católico lleva por nombre, esperanza de la misericordia.
En semanas pasadas decenas de inmigrantes han pasado por Monclova a pie. Están buscando refugio y nuevas oportunidades, como cumplir el sueño americano. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el hombre de Polonia y los inmigrantes de sudamérica.
Aquí todavía creemos que la democracia, que es el sistema político aceptado por todos, y que la igualdad se establece desde el primer momento de la independencia de México. Creemos que mientras nosotros vivamos bien y con justicia, cada quien debe tener lo que se merece.

La gran diferencia entre el Polaco y los inmigrantes de sudamérica es que creemos que mientras el primer está haciendo “lo correcto” los demás están violando la ley al intentar cruzar una frontera y luego otra, todo en búsqueda de una vida mejor.
Se nos olvida que en realidad todos somos inmigrantes o descendientes de extranjeros y eso siempre ayuda para saltar fronteras y para llegar al límite de lo posible; alguna vez nuestros antepasados también emigraron aquí buscando nuevas oportunidades y fueron construyendo poco a poco lo que reconocemos como nuestro ahora.
Creo que todos tenemos el privilegio de compartir con millones de personas la maravillosa coincidencia de querer vivir en un país y de que ese país te acepte con los brazos abiertos.
La historia de México tiene registros de aceptación de inmigrantes pero también de épocas de rechazo y discriminación que es justo lo que vivimos ahora. Nos resistimos a compartir nuestra parte de territorio, tenemos miedo a que los inmigrantes roben, o cambien la vida como la conocemos hasta ahora.

No entendemos que también son viajeros, que vienen de paso, que buscan lo que muchos paisanos han buscado. Que merecen el mismo respeto que merece aquel polaco a quien todos recibieron con gusto en lunes por la tarde en el Boulevard Pape, con tantos comentarios buenos en las redes sociales e incluso con respeto y admiración por atreverse.
Actualmente hay partes del país que se resisten más a los inmigrantes casi siempre son las partes privilegiadas. Aquellas ciudades que se encuentran con una estabilidad económica y piensan que los inmigrantes vienen a invadir y destruir esa estabilidad.
Los culpan injustamente de los principales problemas que enfrentamos, desde la falta de trabajos bien remunerados hasta el crimen. Suena ilógico porque en realidad el crimen siempre ha estado, somos creadores de nuestra propia realidad por eso somos también responsables de lo que pasa, debemos exigir a los políticos paz y bienestar, con o sin inmigrantes. Hay políticos que se aprovechan de eso para dividir a la nación y ganar votaciones.

La realidad es que falta empatía con todos los inmigrantes, nos sentimos tan ajenos a los problemas, creemos que nunca estaremos en esa situación. Sería mucho màs fàcil si entendiéramos que en realidad lo que hacen ellos y que están tratando de escapar: de la violencia extrema, persecución y coerción a manos de pandillas y bandas criminales, abuso mental y físico, trabajo forzoso. Nada de esto suena ajeno a nosotros, muchos grupos sociales trabajan bajo estas condiciones y emigran en busca de nuevas oportunidades.
A los inmigrantes sudamericanos e incluso mexicanos, no es tanto el sueño americano en abstracto lo que los mueve, sino la más modesta pero urgente aspiración de despertarse de la pesadilla en la que muchos de ellos nacieron. Y de la que lamentablemente no pueden salir, porque en su viaje se encuentran con pesadillas peores.
La continua necesidad de buscar un mejor lugar para vivir o simplemente vivir una aventura basada en sus creencias religiosas no deberían estar condicionadas para aquellas personas que tienen la intención de ayudar a todos esos viajeros porque al final el propósito es el mismo, y son seres humanos, sean ciudadanos de Polonia o inmigrantes que vienen de Honduras. Al final todos nosotros también sólo “vamos de paso”.