A pesar de las adversidades, Julián Escobedo continúa su rutina diaria esperando la solidaridad de los transeúntes.
Por: Carolina Salomón
Ni el frío, ni la lluvia, ni el viento detienen a quienes no tienen otra opción más que salir a la calle para sobrevivir. Aunque el termómetro pudiera marcar hasta -2 grados centígrados este domingo y las condiciones climáticas incluyan lluvias, rachas de viento y heladas, la necesidad pesa más que el clima para las personas con discapacidad y dificultades de movilidad que dependen de la caridad para llevar algo de sustento a casa.
Tal es el caso de don Julián Escobedo González, quien desde hace más de una década se instala diariamente con su andadera a las afueras del banco Bancomer, ubicado en el cruce de las calles Venustiano Carranza e Ignacio Zaragoza, en plena Zona Centro.
Ahí, con un vaso de plástico en la mano, espera la solidaridad de quienes entran y salen de la institución bancaria. "Don Julián relata que, aunque en temporadas de frío recibe apoyo en forma de comida, ropa y algunos otros insumos, su principal medio de subsistencia sigue siendo la moneda que la gente decide compartir.
A sus 63 años, ha intentado en diversas ocasiones tramitar la pensión del Bienestar, sin embargo, asegura que le han informado que no es posible acceder a este apoyo.
Aun con las bajas temperaturas, su rutina no cambia. Cada día sale de su vivienda en la colonia José de las Fuentes alrededor de las cinco de la mañana y permanece afuera del banco hasta cerca de las dos de la tarde, con la esperanza de reunir lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas.
Su condición de salud comenzó con dolores en las manos que, con el tiempo, se extendieron por todo su cuerpo. La artritis reumatoide terminó por limitar severamente su movilidad, obligándolo a depender de una andadera para desplazarse. A pesar de contar con servicio médico del ISSSTE, señala que la atención no siempre es adecuada y que incluso medicamentos básicos, como la metformina, no siempre están disponibles.
Don Julián asegura que no pasa desapercibido. "La gente ya me conoce, saben que llevo años aquí", comenta. Sin embargo, también enfrenta el juicio de algunos transeúntes que desconocen su historia. Relata que en ocasiones le entregan dinero acompañado de comentarios ofensivos, insinuando que lo gastará en cerveza. Ante ello, ha optado por devolver la ayuda, aclarando que ningún vicio lo llevó a esa condición, sino una enfermedad que cambió su vida.