El centro Fe, Esperanza y Amor recaudaba más de 800 mil pesos mensuales a costa de familias desesperadas.
Por: Adriana Cruz
Bajo el cobijo de una fachada religiosa y la promesa de rehabilitación, el centro Fe, Esperanza y Amor en la colonia Óscar Flores Tapia escondía una maquinaria financiera de proporciones alarmantes.
Con una población declarada de más de 136 internos, el establecimiento generaba ingresos mensuales que superaban el medio millón de pesos, operando en una opacidad que hoy queda al descubierto.
El cálculo es gélido y contundente. Mediante una cuota semanal de 1,500 pesos por interno, la administración del pastor Valentín Bustos lograba recaudar aproximadamente 204,000 pesos por semana. Al mes, la cifra escalaba por encima de los 816,000 pesos; una fortuna amasada a costa de la desesperación de familias que, buscando salvar a sus hijos de las adicciones, se convertían en los principales financistas de un negocio sin fiscalización aparente.
Pese a la millonaria recaudación en efectivo, el centro no absorbía los gastos operativos básicos. Documentos en poder de este medio revelan una estricta lista de artículos que las familias eran obligadas a surtir cada quincena. Desde cloro, pino, jabón Axión y suavizante, hasta platos desechables y bolsas de basura; el centro transfería la totalidad de sus costos de mantenimiento y limpieza a los familiares. Este esquema permitía que el ingreso por concepto de cuotas permaneciera prácticamente íntegro en las arcas de la administración, mientras las familias enfrentaban un gasto adicional constante para garantizar la subsistencia mínima de sus allegados.
El contraste es punzante. Mientras los martes, jueves y fines de semana el recinto se llenaba con ecos de himnos y discursos de transformación espiritual, en la práctica el lugar funcionaba con el rigor de un depósito humano de alta rentabilidad. La presencia de cintas de precaución y el despliegue de las autoridades en el inmueble de la calle Viesca #2409 no solo marcan el fin de una operación irregular, sino que abren la interrogante sobre el destino final de esos millones de pesos que, supuestamente, eran para "sanar" el tejido social de Monclova. Lo que se presentaba como un refugio de esperanza, hoy se perfila ante la opinión pública como uno de los negocios de explotación más lucrativos de la región centro del estado.