Crónica de una reinfección Covid

Por: Lluvia Estrada

“Devastador”: María Martha de la Rosa Morales, 30 años, Paramédico, Conductor de Unidades de Emergencia, Enfermera y Técnico en Urgencias Médicas, así definió su etapa de reinfección de Covid-19.

Pasó 9 días en el tercer piso de la clínica 7 del IMSS y 7 más en el hospital de recuperación, hace un par de meses salió positiva a Covid, fueron días tranquilos en aislamiento domiciliario, pero en esta ocasión, las cosas fueron diferentes en apenas tres días su saturación bajó a 85 y su estado de salud empeoró gravemente.

Después de unas placas de rayos x de sus pulmones y un TAC, los médicos vieron un avanzado daño en sus pulmones, en uno de más del 60 por ciento, aunque ella nunca supo el estado de gravedad por el que pasaba, se aferró en oración a Dios y todos los Santos para que pudiera salir con vida.

“Tuve mucho miedo cuando me ingresaron a la clínica 7, porque desde que llegaron los primeros casos de Covid, como paramédico y estar en la primera línea de batalla supe que era algo letal, le aseguro a la gente que no es un complot del gobierno, que no es mentira, esto es tan real y hay que tener cuidado”.

Expresó que ingresó el domingo 22 de noviembre, “el lunes por la noche empecé a sentirme muy mal, debo confesar que aunque no sabía que estaba muy grave, de lo mal que me sentía si creí que iba a morir, hubo un momento en que sentía que no había esperanza, y cuando justo estaba peor, mi compañera de sala que estaba intubada, falleció”.

Señaló que al ver tan cerca la muerte, la hizo caer en una profunda depresión, aunado al dolor de espalda y que saturaba 90 de oxigenación, con 20 litros por minuto de oxígeno y 16 horas al día en posición boca abajo, para darle más libertad a sus pulmones.

“En ese momento me sentía tan sola y perdida y escuche una voz muy suave que me dijo, María tranquila, no una voz conocida, no un enfermero o médico, fue una voz dulce, y en ese momento supe que era la Virgencita de Guadalupe a quien tanto le había pedido minutos antes para que me ayudara”, platicó llorando.

Señaló que después de eso, llegó una profunda tranquilidad que la hizo sentirse mucho mejor, “al día siguiente llego una Doctora, a quien agradezco infinitamente por su atención, Covarruvias, ella me acompañó lo más que pudo, me hizo un examen de sangre en la arteria para ver la saturación del oxígeno, salió de la sala y entró aplaudiéndome, “muy bien María ya estas saturando mejor, sigue así para que pronto te demos de alta”.

Platicó y agradeció sobre el apoyo que le brindaron sus amigos y compañeros de Cruz Roja, su segunda familia, como ella los llama, quienes a través de una cooperación le compraron las inyecciones necesarias, anticoagulantes, que no las tenía el IMSS, y con las cuales salió adelante, con un costo de 2 mil pesos cada una, dos veces por día.

“Es necesario, también agradecer a la Nutrióloga Marcela Ibarra, quien en cuanto supo que ahí estaba, fue a verme todos los días, me ayudaba a probar bocado, le pedí que me pusiera una dieta de todo licuado porque ni siquiera podía masticar, me agitaba demasiado, pero quería comer para tomar fuerzas y aferrarme a la vida”.

Dijo recordar, que a un lado de su sala estaba un Sacerdote, ahora sabe que fue el Padre Jesús quien falleció de apenas 35 años.

Reconoció el esfuerzo de los médicos y enfermeros que trabajan en el grupo Covid, de la clínica 7, “el hecho de que no pueda haber familiar cuidando al paciente, les hace la carga más pesada, pero no bajan la guardia y con mucho ánimo ponen todo de su parte para sacar a los pacientes adelante”.

En su paso por el hospital móvil 2 de recuperación, dijo sentirse mucho mejor, “la verdad la atención ahí es más personalizada, hay menos pacientes, pero de verdad que te ayudan a recuperar fuerza tanto en pulmones como en piernas, porque haces una serie de ejercicios para después salir al mundo real”.

Su familia, su madre, papá, hermana y su pareja, fueron quienes ansiosamente la esperaban en casa, tanto para ellos como para ella, esto se trata de una segunda oportunidad, de un milagro de vida, “no estoy dispuesta a desaprovechar esta oportunidad porque aunque siempre he trabajo en el ámbito de salud, uno no valora tanto la vida, hasta que casi la ve perdida”.

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