Exobreros de AHMSA regresan a Monclova, pero con la mirada puesta en la Ciudad de México

Los exobreros de AHMSA regresan a sus hogares tras una larga marcha.

Por: Adriana Cruz

La madrugada cayó fría sobre la Región Centro cuando, exhaustos y con el cuerpo marcado por días de camino, los exobreros de AHMSA regresaron finalmente a sus hogares. Habían partido desde Castaños el lunes 24 de noviembre rumbo a Saltillo, decididos a que su voz —una voz nacida del cansancio, la incertidumbre y la dignidad— dejara de perderse en el silencio institucional que han enfrentado por más de un año.

Llegaron a Monclova cuando todavía no amanecía. Algunos se recostaron apenas tocaron su cama; otros entraron en silencio para no despertar a sus hijos. Había mezcla de alivio, dolor en los pies, frío y un nudo en la garganta que solo entiende quien ha caminado kilómetros con la esperanza cargada en la espalda.

Aun así, nadie habló de derrota.


¿Qué apoyo recibieron durante la marcha?

Julián recuerda con emoción lo que vivieron en la carretera: manos que se extendían para ofrecer agua, personas que se detenían solo para desearles fuerza, mensajes que llegaban de lugares donde ni imaginaban que su caso fuera conocido.

"Fue un apoyo muy grande, muy bonito, en todas partes", cuenta con la voz quebrada por el agradecimiento.

Ese respaldo —más que cualquier discurso— fue lo que los mantuvo avanzando cuando los pies ya no querían seguir.

El regreso no es el final.

Hoy, ya bajo el techo de sus casas, los exobreros comienzan a acomodar las cosas que quedaron atrás durante la marcha: la ropa, los tenis gastados, las vendas. Pero en ellos no hay descanso completo. Apenas están respirando hondo para volver a intentarlo.

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