Huachichiles: los hijos del tiempo

Interesante relato de las tribus originarias que ocuparon parte de Coahuila y Zacatecas.

Por: Yolo Camotes

Los guachichiles o huachichiles, fueron una etnia nómada mexicana que ocupó gran extensión. La mayoría de su territorio quedaba dentro de los estados de lo que hoy son Zacatecas, San Luis Potosí y el sur de Coahuila.

Cuachíchitl es un vocablo náhuatl que significa gorrión; de cuáitl, cabeza y chichiltic, cosa colorada o bermeja. Se les llamó así, porque con frecuencia, se pintaban la cabeza de color rojo.

Este pueblo fue uno de los más difíciles, sino que el más difícil de conquistar por parte de los españoles.

Hoy quiero hablarles de algunas de las leyendas y tradiciones de esta cultura que aunque extinta trasciende al paso de los siglos y que son una mezcla de antiguas tradiciones y mitos que se mezclaron con elementos cristianos.

LA MARIPOSA NEGRA

Los habitantes de muchos pueblos y comunidades del altiplano potosino, afirman que la mariposa negra a la que llaman “la rata viuda” no es buena, y no es que ésta sea venenosa, sino más bien por “presagiar” calamidades.

Por ejemplo, cuando ingresan las mariposas negras a las casas, la gente sabe que ya vienen las heladas, o que va a caer granizo o que incluso algo funesto está por ocurrir.

Incluso existe la creencia que la mariposa negra anuncia la muerte de algún conocido o ser querido, así como una serie de calamidades.

Los antiguos pueblos prehispánicos la consideraban un mensajero de la mala suerte, aunque le dicen “ave” y en realidad, se trata de una clase de mariposa y no propiamente un pájaro.

Sobre las mariposas negras existe un cuento muy antiguo de la tribu huachichil que nos habla de la creación del mundo.

La historia comienza antes del tiempo, cuando no existía ni la existencia misma. Repentinamente de esa nada se escuchó una explosión, esta explosión era la luz de Dios que había despertado de un gran sueño.

El primer día, lo primero que hizo Dios al despertar, fue recordar qué estaba soñando: “A sí ya sé lo que tengo que hacer”, al segundo día se dijo a sí mismo: “debo crear” y con su aliento creo el tiempo, miró el tiempo y dijo: “está bien”.

Al tercer día, con ese mismo aliento creó todas las estrellas del cielo; al cuarto día puso su atención a la tierra y pensó: “Aquí haré mi obra maestra” y entonces con ese mismo aliento de vida, hizo que aparecieran montañas, océanos, ríos y plantas.

Al quinto día creó a los animales, una de las primeras especies en crear fueron las ratas, un macho y una hembra, de ahí sucesivamente.

Finalmente se hizo de noche y Dios se retiró a descansar, al sexto día se levantó muy animado porque durante un sueño tuvo la idea de dar vida a los seres humanos.

Estas criaturas iban a ser su obra más perfecta, porque tendrían una parte de él mismo, así que puso manos a la obra.

En su taller comenzó a producirlos igual que a los demás animales, pero no le salían bien, primero tomó unas rocas y les dio la forma de dos criaturas humanas a las que le sopló la esencia de la vida y éstas hablaban y razonaban, pero por alguna razón no se movían.

Dijo Dios entonces: “Esto no debe ser”, enseguida tomó partes de varias plantas y con ellas formó otro par de seres humanos, pero éstos se quebraban con facilidad.

Entonces se puso a experimentar con otros materiales: lodo, adobe, agua, hierro, pero algo no estaba bien y Dios no se sentía satisfecho con su obra.

Unos se quebraban, otros no caminaban o no podían hablar, todos eran defectuosos. Dios se sintió muy preocupado: “Todo lo que hago y creo es divino y perfecto, pero por algo no puedo hacer seres humanos”.

Así que decidió tomarse un descanso y salir al patio de su taller para despejar su mente. En eso notó que una rata lleva en su boca un pedacito de material con el que él había creado los seres humanos.

Siguió sigilosamente a la rata y descubrió que en su madriguera tenía una muestra de todos los ingredientes que él había empleado para crear a los humanos.

La rata había estado robándole a Dios, además echando a perder sus obras. Dios es bueno y misericordioso, pero también a veces se enoja y en esta ocasión se enojó bastante.

Tomó a la rata y sus crías y como castigo las convirtió en mariposas negras y les dijo con una voz seria: “Desde ahora vivirán con este castigo, anunciarán cosas malas y los humanos les tendrán miedo”.

El creador del universo, antes de concluir el día, regresó a su taller con nuevos materiales y nuevas ideas, fabricando finalmente a los humanos perfectos, un hombre y una mujer, a los cuales le soplaría su aliento divino, dando finalmente vida a los primeros huachichiles a quienes les concedió las tierras del altiplano y les dijo: “Estas son sus tierras, hagan con ellas lo que ustedes deseen, vivan felices para siempre”.

Tales indígenas vivirían muy bien, pero esto les fue dado con la condición de que nos hicieran pecadores, de lo contrario perderían sus tierras.

Los huachichiles comenzaron a multiplicarse, Dios vio esto con mucho agrado, entonces se retiró a descansar.

Es así como la tribu hizo suya la tierra que Dios les había concedido, conquistaron desiertos, bosques y se convirtieron en recolectores y cazadores, vivieron en paz y armonía con su entorno, no conocían la guerra, la avaricia, el odio o la venganza.

La única cosa que jamás pudieron cazar fue una pequeña ave con cresta y pecho rojos, la que cuando le disparaban siempre se les escapaba. Los sabios huachichiles se dieron cuenta que esta ave era el espíritu de ellos mismos, así como su símbolo, por lo que la llamaron ave huachichil.

Continuaron viviendo en paz con la naturaleza por muchas lunas, hasta que un día otros humanos barbados aparecieron e intentaron pelear con ellos.

No se sabe por qué fue así, se dice que Dios cuando se retiró a dormir, olvidó deshacerse de los demás humanos que había creado, aquellos que no eran perfectos, estos humanos se convirtieron en diferentes naciones que tenían distinta forma de ver la creación, éstos eran codiciosos, malos, inventaron la guerra y peleaban entre sí, tratando siempre de conquistarlos.

Los huachichiles conocían perfectamente la tierra por lo que nadie pudo esclavizarlos, al llegar los españoles conquistaron y arrasaron con todos los pueblos que se cruzaron en su camino, pero al llegar al desierto vieron que los huachichiles eran hábiles guerreros, lucharon contra ellos con grandes ejércitos, intentando conquistarlos, pero siempre encontraron la manera de resistir y derrotarlos.

El conquistador ante la frustración de no poder someterlos tuvo una idea terrible de como destruirlos, desde las ruinas de México-Tenochtitlan tomó a todas las personas enfermas, ya fuesen españoles o indígenas de cualquier nación.

Los enviaron al norte a morir y a esparcir enfermedades, siendo esto último para lo que los huachichiles no tenían defensa alguna.

Esto, mermó grandemente a la población huachichil, la cual eventualmente desapareció.

Toda historia en este planeta tiene un inicio, un desarrollo y un fin, el de los huachichiles no podía ser distinto.

Desaparecieron con la colonización ibérica al ser diezmados por las enfermedades y el resto, su esencia desapareció al ser forzados a mezclarse con otros pueblos considerados por los españoles “más civilizados”.

Hoy se estima que los descendientes de los huachichiles, aunque ya no puros en esencia, siguen con nosotros en la población de Arteaga Coahuila, donde se estima que los últimos de ellos se establecieron allí junto con españoles, tlaxcaltecas e incluso irlandeses creando un mestizaje único en la república mexicana.

Los huachichiles no tuvieron una ideología política, no conocieron los detalles de la ilustración que llegó de Europa, pero sus descendientes si encontraron eco en la lucha de Miguel Hidalgo y siguieron luchando aún después de que éste fuera ejecutado.

Aquellos huachichiles iniciaron su propia lucha, totalmente ajenos a lo que sucedía ya en el resto de la Nueva España. Su levantamiento fue sofocado por los ejércitos realistas, los cuales no pudieron aniquilar a los revoltosos que lograron huir para tiempo más tarde reagruparse y entrar de lleno en lo que se llamaría la guerra de Independencia.

En el valle de Narigua en el estado de Coahuila, aún podemos admirar el arte de los huachichiles que plasmaron en petroglifos: animales, figuras geométricas, humanas, soles y cometas, y las cuales guardan una gran similitud con las de los anasazi, mogollones, salados, culturas que se desarrollaron en el suroeste de los Estados Unidos.

El espíritu de lucha y unión huachichil, se puede sintetizar en la frase del novelista argentino Julio Cortazar y la cual está inscrita en el suelo de la plaza principal del poblado de Arteaga y dice: “Si te caes te levanto y si no, me acuesto contigo”.

Antes de cerrar esta cápsula les relato esta sencilla y poderosa anécdota que ocurrió en el siglo 17.

Estando un sabio anciano, el último huachichil de sangre pura en su lecho de muerte, siendo rodeado por todos los jefes de otros clanes y antes de que expirara, repentinamente del cielo, casi de la nada, surgió una gran parvada, cientos y miles de ellas que oscurecían el cielo.

Estas aves tenían una cresta y pecho rojos, las cuales comenzaron a volar alrededor del moribundo anciano que sólo sonreía de gran felicidad.

De entre todas las aves del cielo, una de ellas comenzó a descender muy lentamente para finalmente posarse sobre el hombro del anciano.

De una manera muy delicada, con su pico, le tocó su boca al sabio huachichil, robándole su último aliento para llevárselo de regreso al taller de su creador.

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